Agustín de Iturbide y Maximiliano de Habsburgo: el trágico destino de los dos hombres que quisieron ser emperadores de México

Ambos vieron en su muerte el alivio para el país ante tantos conflictos armados

Maximiliano de Habsburgo y Agustín de Iturbide son recordados como traidores a la patria por la historia oficial (Foto: INAH).
Maximiliano de Habsburgo y Agustín de Iturbide son recordados como traidores a la patria por la historia oficial (Foto: INAH).

“Voy a morir por una causa justa, la de la Independencia y la libertad de México. Que mi sangre selle las desgracias de mi nueva patria. ¡Viva México!”, pronunció Maximiliano de Habsburgo segundos antes de ser fusilado en el Cerro de las Campanas, en el estado de Querétaro, por insurgentes que restauraron la República Mexicana bajo el gobierno de Benito Juárez.

Palabras muy parecidas, aunque mucho más cortas que las dichas por Agustín de Iturbide antes de ser fusilado al considerársele traidor a la patria: “¡Mexicanos! en el acto mismo de mi muerte, os recomiendo el amor a la patria y observancia de nuestra santa religión, ella es quien nos ha de conducir a la gloria. Muero por haber venido a ayudaros, y muero gustoso, porque muerto entre vosotros: muero con honor, no como traidor. No quedará a mis hijos y su posteridad esta mancha: no soy traidor, no. Guardad subordinación y prestad obediencia a vuestro jefes, que hacer lo que ellos os manden es cumplir con Dios. No digo esto lleno de vanidad porque estoy muy distante de tenerla”.

Ambos vieron en su muerte el alivio para el país ante tantos conflictos armados, ambos dejaron atrás el deseo de establecer un imperio para dar paso a lo que ellos consideraban los deseos de la población, ambos vieron en su muerte la posibilidad de limpiar su nombre en la historia; sin embargo, no sucedió.

Del Imperio al triunfo de la Reforma, editado por El Colegio de México, ayuda a observar desde una perspectiva diferente a estos dos personajes, quienes fueron políticos y humanos y quisieron fundar a México desde otro análisis que no era el sentir popular.

Agustín de Iturbide fue un militar sobresaliente durante la Guerra de Independencia (Foto: Casaimperial.org).
Agustín de Iturbide fue un militar sobresaliente durante la Guerra de Independencia (Foto: Casaimperial.org).

Agustín de Iturbide

El I Imperio Mexicano tuvo una duración de un año (de 1822-1823), en la cual la cabeza de la monarquía mexicana fue Agustín de Iturbide quien se destacó como militar al frente del ejército realista durante la Guerra de Independencia, quien apoyado por los conservadores decidieron crear un sistema político monárquico para la naciente patria.

Pese haber decretado el Tratado de Iguala, en el cual se proclamó la independencia del país, y firmar los Tratados de Córdoba, en donde España aceptó la independencia de México; Agustín de Iturbide ha sido señalado como un traidor a la patria, inclusive como uno de los villanos de la historia de la nación.

Fundar un imperio, ante tantas y variadas ideas sobre qué era lo que le convenía al México naciente, fue uno de sus mayores “errores”, pues el deseo popular y que se llevó acabo era el tener una república con independencia de los poderes.

De Iturbide decidió abdicar al trono, al observar que su idea de patria no trajo la estabilidad que se pensó, fue acusado de traición a la patria tras decretarse el Tratado de Casa Mata y tras un año en el exilio, volvió a México deseoso de ayudar, pero fue arrestado y fusilado el 19 de julio de 1824.

Maximiliano de Habsburgo renunció a sus títulos en Europa para ser Emperador de México (Foto: oleo de Carl Martin Edersberg).
Maximiliano de Habsburgo renunció a sus títulos en Europa para ser Emperador de México (Foto: oleo de Carl Martin Edersberg).

Maximiliano de Habsburgo

Después de la muerte de Iturbide, muchos pensaron que la idea de fundar una monarquía se fue con el primer emperador; sin embargo, los conservadores buscaron la forma de restaurar esta idea y tras la constante inestabilidad de México, fueron a Europa a buscar a algún miembro de familia real que quisiera convertirse en emperador del país.

Esa idea ya rondaba en la cabeza de Napoleón III, quien buscaba que México se convirtiera en un protectorado de Francia, para poder llevar acabo esta idea, postuló al archiduque de Austria, Maximiliano de Habsburgo.

Los conservadores llegaron hasta Maximiliano, lo convencieron de que en México lo querían y veían en él la salvación ante tantas disputas sociales, en especial ante la Guerra de Reforma. Debido a la insistencia, él renunció a sus títulos nobiliarios en Europa, para convertirse en el Emperador de México el 10 de abril de 1864.

Arribó junto con su esposa, la princesa Carlota de Bélgica, a territorio mexicano y tan pronto como comenzó a gobernar, los conservadores se dieron cuenta que sus ideas no concordaban con las que Maximiliano tenía para la nación, ideas muy parecidas a las que buscaban instaurar Juárez y los liberales, como las reformas agrarias, la libertad de religión, la extensión del derecho al voto, solo por mencionar algunas.

En los tres años que duró su mandato, los conservadores le retiraron poco a poco el apoyo que él necesitaba para llevar acabo sus ideas, los liberales lo buscaban para acabar con él y mostrar que México no necesitaba ayuda del exterior para formarse como país. Razón por la cual se quedó solo, siendo capturado, llevado a juicio para posteriormente ser fusilado el 19 de junio de 1867.

La sangre y apellidos de los dos emperadores siguen vigentes hasta el día de hoy (Foto: Wikipedia).
La sangre y apellidos de los dos emperadores siguen vigentes hasta el día de hoy (Foto: Wikipedia).

La descendencia de los emperadores mexicanos

Durante el pasar de los años, la imagen de los que quisieron ser emperadores del país no ha cambiado mucho, siguen hasta el día de hoy siendo señalados como traidores a la patria, incluso como enemigos. Esa mancha persigue incluso a sus descendientes, quienes no viven en el país, pero buscan limpiar la imagen de sus antecesores.

Aunque la Constitución de 1917 estableció que en México no existen los títulos nobiliarios, sobresalen los Von Götzen de Iturbide, descendientes directos de Agustín de Iturbide por sangre y de Maximiliano de Habsburgo por adopción.

La unión de estas familias se dio cuando Iturbide, después ser declarado traidor a la patria y fusilado, su viuda Ana María Huarte de Iturbide y sus hijos emigraron a los Estados Unidos.

El Castillo de Chapultepec fue la residencia oficial de Maximiliano y su esposa Carlota (Foto: Wiki Commons).
El Castillo de Chapultepec fue la residencia oficial de Maximiliano y su esposa Carlota (Foto: Wiki Commons).

Años más tarde, Maximiliano de Habsburgo, quien no pudo tener hijos con su esposa Carlota, adoptaron al hijo y sobrino de Iturbide: Agustín de Iturbide y Green y Salvador de Iturbide y Marzán. Es del este último, Salvador de Iturbide, de donde surge el linaje de los Von Götzen de Iturbide, los que muchos llaman la familia real mexicana.

La hija de Salvador, María Josefa de Iturbide y Marzán se casó con el barón Johann Nepomuk Tunkl, quienes murieron en un campo de concentración acusados de comunistas durante la Segunda Guerra Mundial, concediéndole el título a su hija María Ana Tunkl-Iturbide, misma que falleció en 1999.

Carlota y Maximiliano adoptaron al hijo y sobrino de Agustín de Iturbide, razón por la cual los apellidos de los dos emperadores siguen vigentes (Foto: Wikipedia).
Carlota y Maximiliano adoptaron al hijo y sobrino de Agustín de Iturbide, razón por la cual los apellidos de los dos emperadores siguen vigentes (Foto: Wikipedia).

Tras la muerte de María Ana, quien no tuvo hijos, todo recayó en el hijo de su hermana Gisela, quien se casó con el conde Gustavo von Götzen, teniendo como hijo a Maximiliano Götzen-Iturbide, millonario empresario australiano. Está casado con María Anna de Franceschi y tienen dos hijos: Ferdinand Leopoldo y Emanuela.

A pesar de que en México no existe monarquía alguna, en 2011 Maximiliano Götzen-Iturbide fue recibido en el Palacio Apostólico del Vaticano como el “legítimo heredero al trono de México” por el papa Benedicto XVI.

A la familia que hoy queda de Maximiliano e Iturbide no les interesa reclamar algún título nobiliario, así lo han afirmado en repetidas entrevistas, solo buscan revertir la imagen de sus ancestros en México, pues consideran que no merecen ser nombrados como traidores.

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