
Niños, adolescentes emergen de la extrema vulnerabilidad y violencia. Víctimas, siempre, on parte de una generación a la que se le cerraron todas las puertas menos una: la de la brutalidad. Este viernes, en Tangancícuaro, Michoacán, dos menores de 5 y 8 años fueron ultimadas a balazos por hombres armados.
Las menores, identificadas como María de Lourdes y María Fernanda, se encontraban acompañada de su madre, Marisol “Z” y su hermano de un años, quienes resultaron heridos.
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Los hechos ocurrieron alrededor de las 17:00 horas en la calle Vasco de Quiroga, en la colonia Gutiérrez.
Según los reportes, Lourdes, de 5, aún presentaba signos vitales cuando arribaron paramédicos a la escena del crimen, pero murió al ingresar a la sala de urgencias de un hospital en la ciudad de Zamora. Los demás sobrevivientes también se encuentran internados en dicha clínica.
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La madre de las víctimas tiene lesiones en la espalda y el bebé de un año una herida de esquirla en la mano, de acuerdo con lo reportes.
El área fue acordonada por elementos de la Policía de Michoacán y la Guardia Nacional. Asimismo, realizaron patrullajes en búsqueda de los presuntos agresores.
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Hasta el momento se desconoce el móvil del crimen.

En México decenas de miles de niños son reclutados por los cárteles de las drogas o trabajan en zonas rurales con sus familias en campos de amapola y marihuana, un fenómeno que ocurre también en otros países de América Latina.
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La organización civil Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) calculó en 2011 que había unos 30.000 menores al servicio de cárteles. Hace dos años, el designado ministro de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, habló de 460.000. No hay cifras ciertas. También grupos de autodefensa que combaten a los cárteles entrenan a niños y adolescentes.
En México la violencia se disparó en 2006 cuando el entonces presidente, Felipe Calderón, puso en marcha la llamada “guerra contra el narco”. Desde ese año hubo unos 300.000 homicidios.
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Recientemente los crímenes de Alan y Héctor sacudieron a la Ciudad de México. Ambos, amigos entre sí, vivían en casonas viejas y pobres del centro histórico, donde operan cárteles locales, como la Unión Tepito, que reclutan a niños como informantes, vendedores de droga, extorsionadores o sicarios.
Alan y Héctor fueron descuartizados en una azotea de la calle Cuba 86, muy cerca del Palacio Nacional, residencia del presidente, y de la Plaza Garibaldi, que es famosa por sus mariachis.
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“Son víctimas, son niños”, señaló la jefa de gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, en una disculpa pública después de decir que este caso involucraba a narcomenudistas. Todavía se investiga por qué los mataron.
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