A 12 años: quién fue la amante del Chapo Guzmán que murió a manos de los Zetas

Su nombre salió a la luz pública después de que varias publicaciones periodísticas revelaron su relación con Guzmán Loera

La historia dice que Zulema amó a El Chapo, pero que él solamente la usó. (Foto: especial)
La historia dice que Zulema amó a El Chapo, pero que él solamente la usó. (Foto: especial)

En diciembre de 2008, hace casi 12 años, el cuerpo de una mujer fue encontrado semidesnuda y envuelto en cobijas con cinta canela en cabeza y pies, dentro de la cajuela de un automóvil abandonado en calles del municipio de Ecatepec, en el Estado de México.

Había huellas de que fue brutalmente torturada: tenía la letra “Z” marcada en la espalda, abdomen, glúteos y senos. Después fue identificada, se trataba de Zulema Yulia Hernández, quien había sido amante de Joaquín “El Chapo” Guzmán, cuando ambos estuvieron presos en el penal de máxima seguridad de Puente Grande, en Jalisco.

Aunque se sabe que el narcotraficante -quien ahora se encuentra encarcelado de por vida en una prisión de alta seguridad en Estados Unidos-, tuvo varias amantes en su estancia en ese penal, Zulema era la preferida. La relación duró hasta que “El Chapo”' se fugó de Puente Grande, el 19 de enero de 2001.

Después de la huida de Guzmán Loera, Zulema fue trasladada al Centro Femenil de Readaptación Social en Tepepan, en la Ciudad de México. Su nombre salió a la luz pública después de que varias publicaciones periodísticas revelaron su noviazgo con “El Chapo”.

El Chapo y el penal federal de Puente Grande (Fotoarte: Steve Allen/Infoabe)
El Chapo y el penal federal de Puente Grande (Fotoarte: Steve Allen/Infoabe)

En 2003 se le concedió la libertad anticipada bajo palabra. Aunque las autoridades indagaron si Zulema tenía información sobre el paradero de Guzmán Loera, nunca se le pudo comprobar algo al respecto. Un año más tarde fue detenida nuevamente por narcotráfico y en 2006, liberada otra vez.

Una vez que Zulema salió de prisión, fue blanco de uno de los enemigos del capo: Los Zetas, el cártel que en un inicio fue conformado con desertores de grupos élite del Ejército mexicano y que fueron conocidos por acabar de manera sanguinaria y brutal con sus víctimas; y que en aquel entonces, disputaba territorios a Guzmán Loera.

La historia de Zulema Yulia Hernández estuvo marcada por la pobreza y la delincuencia. Tuvo una infancia difícil: hija de una madre que se dedicaba a la prostitución, conoció desde muy joven la calle, la pobreza y los centros de rehabilitación. Nunca conoció a su padre y siempre careció de afecto y protección.

A los 13 años le ponía candado a la puerta de su casa para no dejar entrar a su mamá, Salomé Hernández, como una medida para protegerse ella y a su hermano de los hombres que llevaba.

Siendo adolescente, su mamá la entregó a la organización Drogadictos Anónimos, una institución de rehabilitación.

“En ese tiempo supe de la droga y de las armas, cómo se cocina la cocaína y cómo se manejan las pistolas. Vi de cerca la prostitución, que aborrecí. Jamás sería puta. Nadie me creía virgen y como a una virgen me trataban y virgen era. El Centro me dejó cosas buenas como ésas, así como mi casa me dejó cosas malas, todas, salvo mi hermanito, que es también mi hijo, como mi Brandon”, dijo Zulema al fallecido periodista Julio Scherer, en un testimonio que aparece en el libro “Máxima Seguridad. Almoloya y Puente Grande”, que habla sobre la vida en estas dos prisiones de alta seguridad.

Una de las pocas fotos de Zulema que se encuentran en la red.
Una de las pocas fotos de Zulema que se encuentran en la red.

Desde muy joven se involucró en pandillas dedicadas al robo y al consumo de drogas. Su anhelo de salir de la pobreza la llevó a desarrollar una personalidad manipuladora, demandante, extrovertida y exhibicionista, como señalan distintos estudios psicológicos que le fueron practicados.

Las distintas cicatrices halladas en su cuerpo daban constancia de lo dura que había sido su vida: presentaba huellas de quemaduras en la frente, en la muñeca y hombro izquierdos; en el brazo derecho tenía rastros de una mordida, en el cuello tenía una cicatriz en forma de cruz, así como otras en uno de sus muslos y rodillas.

Su primer ingreso a prisión fue en 1992, cuando tenía 19 años de edad. Fue a parar al Reclusorio Oriente de la Ciudad de México, acusada de los delitos de asalto e intento de secuestro por los que recibió una pena inicial de 35 años. Zulema se hizo del control de la venta de drogas, por lo que las autoridades la trasladaron al Reclusorio Norte.

En 2000, el gobierno de la CDMX la trasladó a una cárcel de mayor seguridad: el Cefereso 2 de Puente Grande, Jalisco, en donde conoció a “El Chapo”, quien controlaba a prisión.

El capo organizaba festejos, compraba custodios y conseguía en todo momento que le llevaran mujeres a su celda. En una ocasión quien llegó fue Zulema, a quien no le importó compartirlo con una cocinera que también lo visitaba en su celda.

(Foto: especial)
(Foto: especial)

“El Chapo” y Zulema compartían no sólo la cama, sino un miedo muy grande: la pobreza.

“El mismo pavor que él sintió lo siento yo. Ése era un hilo de comprensión entre nosotros. Yo también fui pobre, padecí mucho y padezco hasta la fecha una madre insoportable. Él padeció el yugo de un padre, el abandono del padre, el que lo corriera de su casa y lo mandara a trabajar con el abuelo, a las tierras, de día y de noche. Él lo vivió y cómo lo superó, cómo tuvo que superarse, cómo tuvo que llegar a ser un hombre como el que es y todo el imperio que hizo”, dijo Zulema al periodista Julio Scherer.

El capo la conquistó platicándole de su infancia, con cartas que él no escribía, pero a las que daba su aprobación antes de que se las enviaran. Los mensajes empezaban con un “Hola mi amor” o con un “Hola corazón”.

Sin embargo, algunas versiones periodísticas aseguran que en realidad, “El Chapo” no estaba enamorado de ella. La periodista Anabel Hernández, en su libro “Los Señores del Narco”, señala que cuando Guzmán Loera se enojaba con ella, la enviaba a acostarse con otros reos, lo que le causó trastornos mentales.

Su “relación” duró menos de un año, hasta que “El Chapo” escapó de Puente Grande y ella fue trasladada al Centro Femenil de Readaptación Social en Tepepan. Aunque recobró su libertad en 2006, dos años más tarde, el 17 de diciembre de 2008, su cuerpo fue encontrado en la cajuela de un auto en la carretera México-Pachuca. Tenía 35 años.

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