(Foto: Cuartoscuro)
(Foto: Cuartoscuro)

A la manera de George Orwell, en 1984, el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, encontró la manera de resolver la violencia de género sufrida por las mujeres en México. Genial respuesta de un funcionario público de altísimo nivel, quien propone una solución fácil, barata y contundente: la retrolengua.

¡Vaya genialidad! La propuesta del fiscal resuelve de un plumazo un gravoso problema al anular la tipificación del feminicidio (asesinatos de mujeres por ser mujeres) -misma que por cierto es producto de la reflexión, investigación y trabajo de grupos de mujeres que buscaron darle un carácter propio a los asesinatos de mujeres-, y sustituirla por la de “asesinato con agravantes”. ¿Cuáles? Aún no se sabe, pero, con seguridad, completarán magistralmente la idea suprema del señor funcionario.

No cabe duda, que Gertz Manero tiene razón cuando dice: “Si el feminicidio estuviera planteado como un homicidio con agravantes las condiciones para judicializar y para consignar serían mucho más fáciles que ahora”.

Visto así, la propuesta de Gertz Manero no sólo es genial sino considerada, pues si él que tiene el máximo puesto en términos de diseño, planeación, ejecución y coordinación de políticas públicas relacionadas con la investigación criminal de los delitos, de orden federal, y la protección y asistencia a las víctimas de estos, no entiende lo qué es un feminicidio, que se puede esperar de funcionarios menores. Vaya, él piensa en todo.

Y no es para menos, a quiénes en su sano juicio se les pudo ocurrir que para determinar si el asesinato de una mujer cualquiera puede ser calificado como feminicidio hay que considerar:

La existencia de una relación entre la mujer víctima y su atacante (matrimonio, concubinato, noviazgo, amistad, trabajo, etc.).

  • Si el cuerpo de la víctima presenta signos de violencia sexual de cualquier tipo.
  • Si el cuerpo presenta lesiones infamantes, degradantes o mutilación.
  • Si con anterioridad la mujer recibió amenazas, fue lesionada, incomunicada o privada de su libertad.
  • Si la víctima estaba embarazada, a causa de lo cual fue agredida.
  • Si el cuerpo de la víctima fue dejado y expuesto en la vía pública.

Vaya estupidez, cuánto tiempo hubo que pensar para asumir que lo anterior supone un tipo de violencia ‘especial’, basta con decir que la mataron y se le pasó la mano al asesino y ya, de ahí ‘los agravantes’. Para qué tanto escándalo.

Se comprende ahora por qué el fiscal considera difícil determinar cuándo un asesinato es un feminicidio.

No quedan claras las intenciones de aquellas mujeres y diversos grupos que se han inconformado ante la racional propuesta del fiscal. Más aún, cuanta ingratitud de quien no entiende los buenos propósitos del funcionario, quien afirmó: “Les dije que había una situación que había que reformar, que ese delito manteniendo su autonomía debíamos de hacerlo mucho más sencillo para proteger a las víctimas, para proteger a las mujeres".

¿Qué más pueden pedir las mujeres que ser protegidas una vez que han sido asesinadas?

La incomprensión femenina y feminista ante la propuesta del fiscal es suprema. Me explico, al hablar de “asesinato con agravantes” y no de “feminicidio” aplica la máxima: “Si no tiene nombre no existe”.

Vaya sabiduría, con el cambio de tipificación la realidad que engloba la idea del feminicidio dejaría de existir. No habría más mujeres asesinadas por ser mujeres. No habría más crímenes de odio en contra de las mujeres por ser mujeres. No habría mujeres violadas, mutiladas, degradadas y luego asesinadas por el hecho de ser mujeres. No habría razones para suponer la existencia de una cultura machista y misógina donde el odio a las mujeres es la regla y no la excepción.

¿Qué habría en su lugar? Fácil, barato y contundente: mujeres asesinadas, nada más.

¿No es acaso que lo más deseable es que el Estado resuelva los problemas sociales de forma rápida, fácil, contundente y barata? Pues ahí está, Gertz Manero lo hace al crear la retrolengua y volver a una antigua tipificación que quita a los asesinatos de mujeres sus características inherentes y con ello la realidad que les da un sentido específico. Pero, sobre todo, higieniza, borra, anula, niega la existencia del extendido fenómeno de violencia en contra de las mujeres por ser mujeres y con ello décadas de luchas feministas por alcanzar una vida libre de violencia.

Pero ¿que no lo ven mujeres inconformes? Ya no habrá feminicidios, el fiscal general de la República ha resuelto el problema: si no lo nombra no existe.

Más aún, sacará de la discusión esa complicada idea de “las matan por ser mujeres” que tantos malentendidos suscita. Aquí, nuevamente, el fiscal busca proteger a los colegas cuyas luces son menores que las suyas, pues cómo entender que las matan por ser mujeres.

¡Cuánta complicación! Tan sencillo que sería decir: “las mataron y ya” y no “las mataron por ser mujeres” pues en la actual cultura masculina se sigue pensando que las mujeres “fueron creadas” de la costilla de Adán para satisfacer al hombre y hacer todas aquellas labores domésticas que le facilitan la vida; que las mujeres son inferiores y por tanto deben subordinarse a los hombres que son seres superiores a ellas; que son malas por naturaleza además de poco inteligentes y débiles; que provocan a los hombres con “sus encantos y malas artes” y por eso les pasa lo que les pasa, pues además los hombres poseen un irrefrenable instinto sexual que no pueden contener; que el mundo fue hecho por los hombres para los hombres y ellas ocupan un espacio que no les corresponde cuando salen de casa y por eso hay que castigarlas. Y un sinfín de etcéteras que complican las cosas al momento de explicar “las matan por ser mujeres”.

¿Se entiende ahora la genial idea del fiscal general de la República? Qué bueno que existe alguien como él para salvar a las mujeres, aunque ya estén muertas.

Pero no basta con mirar, ya que Gertz Manero tuvo una idea tan oportuna para resolver los casos de violencia ‘feminicida’ (¡ah, que ya no se dice así!) en México, habrá que sugerirle cambiar las tipificaciones de muchos otros delitos y crear un diccionario de retrolengua que especifique claramente ‘los agravantes’ en cada caso, vayan unos ejemplos, que bien pueden aplicarse a mujeres, hombres, jóvenes, ancianos, ancianas, niños y niñas:

Asesinato, agravantes: estar en el peor lugar en el peor momento; no agacharse a tiempo; sacar la cabeza en lugares prohibidos; creerse inmortal; no quedarse en casa o no salirse a tiempo; cruzar la calle cuando hay tiroteos en curso; no darle todo lo que trae a su asaltante; no comprarle la mota al vendedor de la esquina y conseguir otro; no vender la droga que amablemente le ofrece un narcomenudista; no pagar derecho de piso; no pagar por su seguridad a la banda organizada de la colonia; andar deprimido buscando la muerte.

Robo con violencia, agravantes: traer cosas de valor; andar presumiendo el coche; pintar la fachada de la casa para que parezca nueva; dejar el suéter roto en casa y ponerse el nuevo para salir; traer dinero para el pan y el transporte en lugar visible; hablar por celular en la calle en lugar de usar otro medio de comunicación, señales de humo, por ejemplo; contarle al vecino de sus vacaciones en Xochimilco, para presumir su nivel socioeconómico; pagar la micro con un billete de a cien; dejarse robar a lo pendejo.

Secuestro, agravantes: no traer guaruras; traer guaruras poco calificados; traer guaruras secuestradores; no andar armado y saber disparar para no darse un tiro en el pie en el peor momento; dejarse ver en lugares públicos pudiendo estar en su casa metidote; invitar a pasar a su casa a gente mala o no invitarla, ya no se sabe; subirse al coche de gente extraña, aunque sea a la fuerza; no correr lo suficientemente rápido; no saber boxeo, karate, judo, aikido, capoeira, kung fu, jiu-jitsu, muay thai, kendo, taekwondo o ya de perdida resortera uno; tener cara de secuestrable, o sea, parecer rico o medio rico o no tan jodido.

Violación, agravantes: bañarse diario; perfumarse; ir arreglada, peinarse, quitarse las chinguiñas y la pelusa del ombligo, ser demasiado guapa o parecerlo, traer la falda larga (la corta ya no excita a nadie); parecer mujer; ser sexi y atractiva o atractivo; andar en la calle sola a cualquier hora del día y en cualquier lugar; no escoger bien sus amistades; no voltear a cada rato para asegurar que nadie le siga; no cambiar de ruta, trabajo, escuela, tienda con frecuencia para que nadie se aprenda su rutina; no distinguir entre una gente de bien y una gandalla y ‘malosa’; no decir no, contundentemente; no gritar a todo pulmón aunque le tapen la boca; dejarse violar habiendo tantas opciones.

Queda abierta la edición del nuevo diccionario: Retrolengua, una aportación del fiscal general de la República, para que haga usted sus sugerencias.

*Académica del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México

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