
Este lunes un perrito blanco de la raza poodle se negó a abandonar a su amo, incluso después de que murió sobre una acera en la alcaldía Venustiano Carranza, en la Ciudad de México.
Eran cerca de las 8:00 de la mañana cuando se reportó el hallazgo de una persona mayor de edad inconsciente y tirada sobre el pavimento de la calle Mártires de Chicago, casi esquina con Emiliano Zapata, en la colonia Primero de Mayo.
Cuando llegaron los policías capitalinos observaron el cuerpo del hombre y a un perrito que denotaba tristeza a su lado. Tras corroborar el hecho, los agentes de inmediato solicitaron ayuda de una ambulancia.
Paramédicos a bordo de la unidad 663 del Sistema de Atención Médica de Urgencias (SAMU) arribaron al sitio, donde diagnosticaron que el hombre ya había muerto presuntamente por paro cardíaco.
Poco tiempo después llegó el hijo del occiso, Abraham Manjarra, de 37 años, quien mencionó a los agentes que su padre, Juan Alba Romero, de 64 años de edad, había salido de casa para ir a la tienda a comprar leche, como casi todos los días.
El perrito fiel de Montemorelos

En abril de 2019, un hombre de 57 años murió atropellado en las vías del tren en el barrio La Estación, en Montemorelos, Nuevo León; sin embargo, su fiel perro no se separó de él en ningún momento.
De acuerdo con los primeros informes, la víctima habría ingerido bebidas alcohólicas cerca de la vía cuando fue arrollado por la máquina.
Personal de la Cruz Roja se sorprendió cuando llegaron al sitio y encontraron al perro que no se separaba del cuerpo, incluso tuvieron que retirarlo a la fuerza para levantar los restos del hombre. De manera extraoficial, la víctima fue identificada como Víctor Reyna Vázquez, de 57 años.
La fidelidad del perro quedó más que probada ya que, por más intentos que realizaban policías y rescatistas, no podían retirarlo del lugar. Inclusive estuvo a punto de morder a un elemento.
Vecinos señalaron que el perro acompañaba a su dueño desde hace varios años y que el hombre sufría de alcoholismo, sin embargo, el animal lo acompañó incondicionalmente.
Las redes sociales se inundaron de comentarios lamentando el hecho y señalando la orfandad del perro. Otros destacaron la admiración por su fidelidad a pesar de que el hombre tampoco pudiera darle de comer.

Dicen que el perro es el mejor amigo del ser humano. Es fiel, cariñoso y con su compañía nos alegra la vida, pero ¿por qué el vínculo entre ambas especies es tan fuerte?
Algunos entrenadores caninos, como Clive Wyne de la Universidad Estatal de Arizona y autor del libro “Dog is Love”, sostienen que la lealtad de los perros surge del comportamiento de la manada y de su necesidad de tener un vínculo con un grupo.
Antes de ser animales domesticados, los perros tenían alianzas con otros miembros de la manada para garantizar su supervivencia y relacionarse. Hoy en día, eso se ha trasladado a los seres humanos.
Los perros han sido capaces de desarrollar mejores formas de comunicación con los humanos e incluso hay expertos que sostienen que los perros tienen comportamientos más parecidos a los humanos que otros animales, incluidos los primates.
Se ha demostrado que los perros son capaces de mostrar empatía a los humanos y que pueden entender sus gestos, sus expresiones y hasta sus gestos verbales y físicos, mientras que los humanos podemos interpretar el significado de los ladridos.
Un estudio de cognición animal de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, encontró que los perros interactúan con los robots de forma similar a como lo hacen con los humanos. El experimento consistía en tener a un robot señalando comida escondida a un perro, de esa forma medían las reacciones del perro ante las direcciones del robot.
Los perros fueron capaces de encontrar mejor la comida escondida cuando los robots tenían un rostro humano en el monitor y actuaban de forma sociable.
Durante el experimento, los científicos hacían que el dueño del perro entrara a la habitación, estrechara la mano del robot y le hablara. Luego, con una voz programada, el robot llamaba al perro por su nombre y señalaba la comida escondida.
Mediante el experimento los investigadores encontraron que además de poder encontrar la comida escondida, los perros trataban a los robots sociables como si fueran humanos extraños, oliendo sus manos y mirando su rostro en el monitor.
Lo que llevó a la conclusión de que los perros se muestran leales a quienes perciben como sociables y les dan comida.
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