Una historia de crimen juvenil en Ciudad de México (Foto: Cuartoscuro)
Una historia de crimen juvenil en Ciudad de México (Foto: Cuartoscuro)

Un adolescente promedio de clase media a los 16 años batalla con el acné, se deprime porque la chica que le gusta no le hace caso y le hace rabietas a sus padres por cualquier motivo. En esa etapa de la vida solo existen tres preocupaciones: escuela, fiestas y tratar de no ser un bicho raro.

Pero hay otros casos como el del Banda, un joven criado en las calles de la colonia Aculco, en la alcaldía Iztapalapa, que con la misma edad ya había cometido cinco secuestros, 20 asaltos a casas, 50 robos de autos y nueve homicidios.

Su historia y la de otros delincuentes prematuros forjados en los barrios de Ciudad de México conforman un trabajo periodístico de Humberto Padgett, un escritor que pasó dos años recopilando entrevistas en las correccionales juveniles más famosas de la capital mexicana.

"El Banda" y "El Ligas"

Los dos cometieron delitos desde muy temprana edad (Foto: Cuartoscuro)
Los dos cometieron delitos desde muy temprana edad (Foto: Cuartoscuro)

"El Banda" tenía 14 años cuando la policía lo detuvo por su primer delito. Era 2005 y en poco tiempo su nombre también apareció en los registros de la policía del estado de Guerrero.

Un tiempo breve lo pasó encerrado en el Consejo Tutelar para Menores en Chilpancingo, pero cuando salió fue más cauteloso y durante dos años las autoridades no volvieron a saber de él.

En ese período "El Banda" y su carnal "El Ligas" se fueron entrenando en el delito, aunque su preferido era el robo con violencia a automovilistas. Para muchos todavía eran unos niños, pero ambos ya conducían una Yamaha R1 a más de 120 kilómetros por hora y asaltaban a todo aquel que se descuidara. En poco tiempo también se involucraron en narcomenudeo, secuestros y ejecuciones a sueldo. "Robábamos juntos, todo hacíamos juntos", explicó el Banda.

Los sueños de ambos empezaron a materializarse. "Unos compraban carros y, otros, motos. Yo compré mi Peugeot 307. Era blanquito, que dejé bien arregladito. Salíamos a los antros de la Zona Rosa, Polanco o Satélite. También a las playas: Acapulco, Cancún o Puerto Vallarta. Yo tomaba Martell, me cabía un buen", recordó el adolescente.

En entrevistas posteriores, los dos jóvenes explicaron que su control del barrio fue pródigo acelerado. En el caso del Ligas la razón quedó demostrada más adelante, durante su estancia en el tutelar de San Fernando, donde se ganó el apodo del "Saiyajín", el cual solo podía tener el preso "alfa" de la correccional.

Un joven mirando el transitar de la gente en Iztapalapa (Foto: Cuartoscuro)
Un joven mirando el transitar de la gente en Iztapalapa (Foto: Cuartoscuro)

Ambos pudieron haber sido la versión real y mexicana de Zé Pequeño y Bené, la dupla de niños brasileños que se hizo con el control de Ciudad de Dios, y cuya historia basada en hechos reales, a pesar de ser una entre millones, llegó a los ojos del mundo gracias al cine.

Sin embargo, el 12 de enero de 2007 el Banda y el Ligas descubrieron que la amistad y la lealtad no eran compatibles con su entorno, donde lo único importante es alcanzar el poder y defenderlo hasta la muerte.

Esa noche El Banda asesinó a dos jóvenes de su mismo barrio; uno era el hermano del ligas. "Se les dio en la cabeza, en el cuerpo. En todos lados. Uno era Jonathan, hermano de Christopher, el Ligas, mi amigo, mi carnal", detalló.

El entrevistador intentó ahondar en el motivo, pero el Banda respondió sin dar vueltas al asunto: "Agravios, guerra de poder. Su hermano dijo que era su barrio, y sí, pero yo traía el poder. Y lo maté".

La inevitable guerra entre ambos no pudo iniciar. Dos meses antes "El Ligas" había sido detenido por la policía. El 21 de septiembre de 2006 se peleó con su novia y buscó una amiga para salir de fiesta. La chica lo llevó a una "peda" cerca del Cerro de la Estrella. "El Ligas" recuerda haber bebido una botella completa de vodka.

Los expedientes no precisaron porque inició la confrontación entre "El Ligas" y otro joven que también estaba en la fiesta. Solo especificó que una pistola 9 milímetros accionada por el primero puso punto final al conflicto.

También detalló que la hermana del joven asesinado fue a reclamarle al agresor, pero acabó recibiendo un balazo en la frente.

Una escena común en los barrios de Ciudad de México (Foto: Cuartoscuro)
Una escena común en los barrios de Ciudad de México (Foto: Cuartoscuro)

"El Ligas" escapó en su auto con la policía judicial pisándole los talones. La adrenalina le ayudó a brincar la barda de la unidad donde vivía con su madre, pero no para darse cuenta que su departamento era una trampa sin salida. Las autoridades capitalinas lo acusaron por el doble homicidio y le imputaron una sentencia de 5 años, pena máxima que puede recibir un menor en México. 

Un dato curioso del Ligas es que tras el divorcio de sus padres, y antes de que se iniciara en el crimen, tuvo la oportunidad de escoger si quería vivir en Aculco con su padre o en una zona privilegiada en el poniente de la ciudad con su madre. "El Ligas" prefirió los barrios de Iztapalapa en lugar de la calidad de vida de la colonia San Ángel.

Su apodo se lo pusieron en la infancia por su flexibilidad. Esa agilidad, combinada con su 1.80 de altura y su experiencia en las calles, le fueron de gran ayuda en las peleas diarias de la correccional. "Poco después ya rifaba sobre los demás padrinos (alfas). Corría dinero, drogas, chochos, mota y activo (solventes). Quería hacer fama y me ponía al pedo con todos los custodios".

La libertad de su antiguo amigo "El Banda" tampoco duró mucho. Poco después de asesinar al hermano de su "carnal" se independizó y se fue a vivir a la alcaldía de Tlalpan con una joven que había conocido en la secundaria técnica Virgilio Camacho Paniagua.

Una semana después la chica regresó a casa de sus padres para decirles que su novio robaba, secuestraba y vendía drogas. En los días siguientes recibió amenazas y el 3 de mayo de 2007 su cuerpo apareció en un paraje de Ciudad Nezahualcóyotl.

Según la versión del Banda, él y sus colegas le metieron tres tiros en la cabeza porque los padres se negaron a pagar los 600 mil pesos que exigieron a cambio de su libertad. El 15 de mayo de 2007 otra chica acabó en circunstancias muy similares a manos del grupo de "El Banda". La semana siguiente los policías allanaron su casa y terminó recibiendo la misma condena -y en la misma cárcel- que su viejo camarada.

El giro inesperado

La cárcel sería el lugar de una epifanía en ambos casos (Foto: Cuartoscuro)
La cárcel sería el lugar de una epifanía en ambos casos (Foto: Cuartoscuro)

Los días en la correccional cambiaron cuando dos hombres con formación cultural y un interés por la juventud perdida llegaron a sus instalaciones. Esos hombres eran (son) Víctor Camacho Tejeda y Alejandro Lira, quienes venían a impulsar un programa de talleres culturales.

"El Ligas" se interesó particularmente por el teatro y pronto supo que no solo era bueno para los golpes, descubrió que también tenía dotes para la actuación. Él y dos compañeros escribieron una obra en la que los personajes eran un bueno, un estúpido y un malo encerrados en una prisión.

Al hablar sobre las causas que propician la conducta criminal los expertos coinciden en que son varios factores los que entran en juego, aunque se suele hacer hincapié en los entornos de pobreza, la falta de educación y de oportunidades de trabajo como las causas principales.

De acuerdo con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), las zonas del país con los índices de violencia más elevados son también algunas de las zonas con los más altos índices de pobreza.

Casi la mitad de los mexicanos (aproximadamente unos 53 millones) vive en esta situación, y a nivel Latinoamérica el panorama dista de ser mejor. Uno de cada diez latinoamericanos vive en pobreza extrema, según el último informe del Panorama Social 2018 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Las condiciones de vida de los 40 millones de niños en México son desoladoras (Foto: Cuartoscuro)
Las condiciones de vida de los 40 millones de niños en México son desoladoras (Foto: Cuartoscuro)

El contacto cercano con el narco, los hogares tóxicos y disfuncionales, la falta de oportunidades y la desigualdad social restregada desde la infancia. Todos estos factores, alimentados con el resentimiento por la injusticia y los prejuicios de la actual sociedad de consumo, son ingredientes clave en la formación de un joven criminal.

La situación empeora en las cárceles. De acuerdo con la organización Reinserta, entre el 30 y el 40 por ciento de los adolescentes (hombres y mujeres) que se encuentran recluidos en centros de detención en México son reincidentes.

Sin embargo, las historias del Ligas y el Banda son dos ejemplos -en apariencia-positivos de un fenómeno que no suele ocurrir muy menudo en México: la reinserción social.

En la prisión el banda leyó su primer libro: El corazón del hombre, de Erich Fromm. Y al poco tiempo se interesó también por los textos de filosofía. "Los sueños del poder los he vivido muy pesado. Cuando llegue aquí estuve solo, solo. Me aventé así seis meses. La soledad es lo más culero que he vivido aquí; a lo mejor sí me han dado unas madrizas, pero lo más culero es la soledad", reflexionó poco antes de cumplir su sentencia.

El caso del Ligas fue más extraordinario. Además del teatro encontró interés en la pintura. Su primer cuadro lo pintó en la cárcel y lo mandó a un Concurso Internacional de Arte para Prisioneros en Viena. Su obra ganó el tercer lugar.

El Ligas encontró un nuevo camino a través del teatro (Foto: Archivo)
El Ligas encontró un nuevo camino a través del teatro (Foto: Archivo)

Durante su estancia en la cárcel descubrió que la producción artística podía ser una nueva alternativa para alcanzar esa felicidad que tanto anhelaba. El deseo de crear suplantó los deseos de riqueza y poder.

"Me sentí liberado. No podía creer que tenía otras formas de pensar. He visto otro camino. El teatro es una expresión positiva, una posibilidad de cambio", explicó emocionado.

"El Ligas" ya había cumplido su condena pero todavía acudía a la cárcel a ensayar para sus obras teatrales. Su deseo era convertirse en actor de teatro.

Pocos días antes de estrenar una de sus obras él y una amiga recorrían en moto las calles del barrio de La Merced, cuando un camión se les atravesó en el camino. "El Ligas" murió de inmediato.