El Niño está amplificando las tormentas e inundaciones relámpago que azotaron Arizona, Nuevo México y Colorado este fin de semana. El fenómeno climático es, según los científicos consultados por The Associated Press, agencia de noticias estadounidense, el más intenso que se haya registrado, y sus efectos sobre el suroeste de Estados Unidos acaban de comenzar.
El Niño actual, el más intenso registrado
El calentamiento cíclico del océano Pacífico conocido como El Niño ocurre de forma irregular cada pocos años, pero la edición actual es, según los especialistas, extraordinariamente intensa. “Tuvimos súper El Niños en el pasado, pero este es un súper duper El Niño”, señaló el meteorólogo Jeff Masters, de Yale Climate Connections, en declaraciones recogidas por The Associated Press.
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El fenómeno calienta las aguas del Pacífico, lo que inyecta mayores cantidades de humedad en la atmósfera y alimenta las tormentas que atraviesan la región. Además, altera los patrones de viento a escala global y redirige corrientes de aire hacia el interior del suroeste, donde esa humedad puede desencadenar precipitaciones extremas.
El Niño no fue la única causa de las tormentas recientes, y los científicos advierten que atribuir cualquier evento individual al fenómeno es difícil. Sin embargo, coinciden en que este ciclo extraordinariamente activo aumenta la probabilidad y la intensidad de las lluvias en el sur de Estados Unidos.
Comunidades aisladas en tres estados tras las inundaciones del 1 y 2 de noviembre
Las lluvias torrenciales del domingo 1 de noviembre desataron evacuaciones en el norte de Nuevo México y el centro de Arizona, mientras que la localidad de Durango, en Colorado, se preparó para que su río principal alcanzara niveles catastróficos. Al día siguiente, unos 200 vecinos se movilizaron para ayudar a retirar lodo y escombros de las casas afectadas, con varios residentes aún aislados mientras las autoridades evaluaban los daños.
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La semana anterior, otra tormenta había sometido a los estados del suroeste a días de inundaciones. Según cálculos del exdirector científico de la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), Ryan Maue, más de 75 billones de litros de agua cayeron sobre los estados de las Cuatro Esquinas y Nevada en ese período.
El suelo árido, factor que multiplica las inundaciones relámpago
El efecto de las tormentas se siente con mayor fuerza en las regiones desérticas porque el suelo árido absorbe mal el agua, lo que favorece las inundaciones relámpago. El científico climático Daniel Swain, de la Universidad de California para la Agricultura y los Recursos Naturales, advirtió que la situación supera lo visto hasta ahora: “La probabilidad de grandes precipitaciones en el interior del suroeste aumenta en esta época del año, pero lo estamos viendo a un nivel que no habíamos presenciado antes”, declaró a The Associated Press.
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Los impactos de este El Niño no se limitan al territorio estadounidense. Regiones como Perú y Ecuador registran inundaciones sin precedentes, mientras que partes del sudeste asiático, como Indonesia, atraviesan períodos de sequía inusual, según Swain.
El cambio climático como amplificador del ciclo natural
Este El Niño opera sobre océanos que ya son más cálidos de lo que eran hace un siglo, como consecuencia del cambio climático de origen humano. Esa temperatura de base más elevada intensifica los efectos del fenómeno. “El hecho de que las temperaturas oceánicas ya sean más altas que hace 100 años hace que estas situaciones de El Niño sean aún más intensas”, afirmó el meteorólogo Randy Cerveny, de la Universidad Estatal de Arizona, según The Associated Press.
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Cerveny señaló que el fenómeno no es del todo negativo: puede reponer embalses y aportar humedad a zonas áridas, aunque las inundaciones representan un riesgo real para personas e infraestructuras.
Pico previsto en diciembre y extensión hasta la primavera
El evento climático tiene aún varios meses por delante. Según los expertos, El Niño alcanzará su punto máximo en diciembre, cuando podrá aprovechar con mayor intensidad las corrientes en chorro para producir tormentas más extremas sobre el oeste de Estados Unidos. “Los dados están claramente cargados para que haya más tormentas intensas este invierno y primavera”, dijo a The Associated Press Park Williams, del Instituto Oceanográfico Scripps de la Universidad de California en San Diego.
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Cerveny advirtió que lo peor todavía no llegó: “No estamos en el pico del calentamiento en el océano Pacífico. Así que sí, veremos más de estos eventos”.
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