
Una sola tormenta tropical puede alterar durante horas la vida de una región y dejar una cifra de víctimas que tarda años en dimensionarse. En Myanmar, el ciclón Nargis causó cerca de 140.000 muertes en 2008. Para científicos del King’s College London, ese antecedente no marca el límite conocido de la destrucción: los registros históricos pueden subestimar de forma grave el daño que causarán futuras olas de calor y ciclones.
La advertencia figura en un trabajo de perspectiva publicado en Nature Sustainability, cuyos autores revisaron las muertes atribuidas a todos los ciclones tropicales y episodios de calor extremo registrados en el mundo entre 2000 y 2025. El análisis sostiene que los métodos habituales para calcular riesgos climáticos suelen imaginar escenarios intensos, pero conocidos, y dejan fuera combinaciones de fenómenos que todavía no tienen precedentes.
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El foco del estudio está puesto en las olas de calor, los ciclones tropicales y la posibilidad de desastres con impactos mucho mayores que los observados hasta ahora. Los investigadores aclaran que un evento con millones de víctimas no puede descartarse por completo, aunque esa posibilidad no implica que vaya a ocurrir.

Un ciclón en Myanmar concentró más muertes que cientos de tormentas
Los datos examinados muestran que la mortalidad vinculada a fenómenos meteorológicos extremos no se distribuye de forma pareja. Una cantidad reducida de catástrofes concentra la mayoría de las víctimas, una característica que, según los autores, dificulta proyectar cuál podría ser el verdadero peor escenario.
El caso más marcado fue el del ciclón Nargis, que golpeó Myanmar en 2008 y dejó alrededor de 140.000 muertos. De acuerdo con el análisis, esa cifra superó por más del doble el total de muertes provocado por los otros 675 ciclones tropicales mortales incluidos en el período 2000-2025.
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La diferencia ayuda a explicar una de las preocupaciones centrales de la investigación. Si la experiencia reciente está dominada por pocos episodios excepcionales, utilizar únicamente los antecedentes disponibles puede transmitir una sensación engañosa sobre el techo de riesgo. El peor evento registrado no necesariamente es el peor evento posible.
“El pasado casi con seguridad nos hará subestimar el riesgo futuro”, afirmó Tom Matthews, profesor titular de Geografía Ambiental en el King’s College London y autor principal del trabajo. “Los hechos que moldearon nuestra idea de lo que puede hacer el clima extremo no son lo peor que puede suceder. Son lo peor que ha sucedido hasta ahora, en un registro corto y en un clima que ya no existe”.
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La ola de calor europea de 2003 dejó unas 70.000 víctimas

La revisión también encontró una concentración similar en los episodios de temperaturas extremas. Las muertes por calor estuvieron agrupadas en unos pocos eventos de gran magnitud, con la ola de calor europea de 2003 como el caso más letal del conjunto analizado.
Aquel episodio provocó alrededor de 70.000 muertes en Europa, según los datos citados por los científicos. Cerca de la mitad se produjo durante las primeras dos semanas de agosto, cuando las temperaturas se mantuvieron elevadas durante varios días en distintos países del continente.
Una ola de calor no es simplemente una jornada con máximas altas. Se trata de un período prolongado de temperaturas inusualmente elevadas que puede impedir que el cuerpo se recupere, sobre todo por la noche. El peligro aumenta para personas mayores, niños, pacientes con enfermedades previas, trabajadores expuestos al exterior y hogares sin acceso a refrigeración.
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La acumulación de calor también presiona los sistemas de salud, la provisión eléctrica, el transporte y el abastecimiento de agua. Por eso, el estudio plantea que medir el riesgo solo a partir de un número de muertes puede dejar en segundo plano otros daños que ocurren al mismo tiempo y pueden agravar una emergencia.
Los científicos plantean escenarios climáticos que aún no tienen antecedente

Los sistemas actuales de evaluación suelen contemplar amenazas reconocibles en una escala más intensa. Por ejemplo, un huracán con vientos más fuertes que los documentados en el pasado. Sin embargo, los autores advierten que esas herramientas son menos eficaces cuando deben anticipar una cadena de sucesos inédita.
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Uno de los ejemplos expuestos es una ola de calor devastadora que ocurra justo antes de un huracán intenso. Millones de personas podrían encontrarse en proceso de evacuación, sin aire acondicionado ni otras formas de protección frente a temperaturas peligrosas. La simultaneidad de ambos fenómenos pondría a prueba la respuesta sanitaria, la capacidad de los refugios, las comunicaciones y la infraestructura.
Matthews propuso que la comunidad científica trate la identificación de desastres catastróficos desconocidos como un objetivo específico de investigación. “Significa trabajar hacia atrás desde un resultado que nadie quiere y preguntar qué podría producirlo”, señaló. También pidió sumar a especialistas que habitualmente no participan de estas evaluaciones, entre ellos expertos en riesgos existenciales y autores de ficción climática.
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La idea consiste en partir de un daño hipotético —por ejemplo, un colapso prolongado de servicios esenciales o una mortalidad masiva— y reconstruir las condiciones meteorológicas, sociales y de infraestructura que podrían desencadenarlo. En términos simples, se busca imaginar antes de tiempo una crisis para identificar qué medidas pueden impedirla o reducir sus consecuencias.

Tres prioridades para anticipar desastres meteorológicos de gran escala
El equipo del King’s College London propuso tres líneas de trabajo para mejorar la prevención ante eventos de impacto extremo. La primera son los análisis prospectivos con participantes de distintas áreas, incluidas comunidades de primera línea, aseguradoras, modeladores del clima, investigadores de riesgos y escritores especializados en escenarios climáticos.
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La segunda prioridad es comprender mejor los umbrales a partir de los cuales los daños aumentan de forma muy rápida. Un umbral es el punto en que un cambio adicional, aunque parezca pequeño, genera consecuencias mucho mayores. Por ejemplo, unos días extra de calor intenso pueden multiplicar los problemas de salud si coinciden con cortes eléctricos o con hospitales saturados.
La tercera propuesta es establecer cuáles son los límites físicos del tiempo meteorológico en climas bastante más cálidos o más fríos que el actual. Esa tarea apunta a conocer qué fenómenos pueden producirse bajo condiciones que las sociedades modernas todavía no han enfrentado.
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El trabajo fue difundido después de un verano con miles de muertes adicionales registradas en Europa durante las olas de calor de junio y mientras se analizaban los posibles efectos globales de El Niño, un fenómeno climático que puede modificar los patrones de lluvias y temperaturas en varias regiones. Para los autores, la preparación frente al clima extremo debe considerar tanto los antecedentes conocidos como los escenarios que todavía no figuran en los archivos históricos.
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