
El polvo del desierto en Europa está aumentando y ya plantea efectos sobre la salud y la energía solar, según un estudio.
La investigación concluyó que la concentración de polvo del desierto sube en Europa, sobre todo en el sur del continente, con una media de 5,3 microgramos por metro cúbico frente a 2,1 en el centro y el norte. El estudio añade que el aumento general fue de aproximadamente medio microgramo por metro cúbico en los últimos 10 años y que equivale a entre el 10% y el 25% de la contaminación por polvo.
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Los investigadores del Instituto Paul Scherrer (PSI) recopilaron registros de los últimos 10 años procedentes de más de 100 estaciones repartidas por Europa y los combinaron con inteligencia artificial. El estudio se publicó en Nature.
Kaspar Dällenbach, jefe del proyecto e investigador del PSI, resumió el hallazgo: “Esto supone un aumento de entre el 10 y el 25% en la contaminación por polvo”. Añadió que “esto no es insignificante, ni en términos de la eficiencia y la rentabilidad de las grandes instalaciones solares ni en lo que respecta a las consecuencias para la salud del aumento de la contaminación por partículas”.
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Cómo se midió el aumento del polvo del desierto
Para ampliar la comparación histórica, el equipo también usó datos de núcleos de hielo del Colle Gnifetti, en la frontera suizo-italiana. Esas muestras indican que la concentración de polvo del desierto en esa zona se ha más que duplicado durante la industrialización, en los últimos 150 años.
Para distinguir el polvo del desierto de otras partículas en suspensión, los investigadores usaron la concentración de aluminio como indicador. Petros Vasilakos, autor principal del estudio e investigador del PSI, explicó: “Mediante análisis químicos, podemos determinar con gran precisión el origen de las partículas que se encuentran a nivel del suelo”.
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El trabajo reunió prácticamente todas las series de medición disponibles sobre este tema con la colaboración de más de 50 colegas de distintos países. También se apoyó en la red paneuropea ACTRIS para coordinar y aprovechar registros de largo plazo sobre aerosoles, nubes y gases traza.

Además, el equipo utilizó inteligencia artificial para ampliar modelos físicos de distribución de partículas. Con ese apoyo, pudo estimar concentraciones en otras regiones de Europa y elaborar un mapa de polvo relevante para la salud en todo el continente.
Las causas y las zonas más afectadas
El estudio identifica la creciente desecación del Sáhara, en el norte de África, como una causa del avance del polvo del desierto en Europa. También señala cambios en los patrones de circulación atmosférica, que hacen que lleguen al continente vientos más fuertes desde esa región.
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Dällenbach matizó el papel del cambio climático. “Aún no está del todo claro hasta qué punto el cambio climático antropogénico ha contribuido a este fenómeno ni si lo está intensificando”, dijo.
Añadió que, según el conocimiento actual del equipo, el aumento del polvo del desierto se ve facilitado al menos en parte por las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano y por el calentamiento global asociado. Ese proceso provoca condiciones más secas en ciertas regiones y la expansión de los desiertos.
El sur de Europa aparece como la zona más expuesta, desde Grecia hasta Italia, España y Portugal. El trabajo también detectó niveles elevados en el oeste de Francia.
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Vasilakos afirmó que el número de tormentas que transportan polvo desde el Sáhara y el desierto arábigo no ha aumentado de forma real. “Pero se han vuelto más intensas durante los 10 años estudiados y, como resultado, ahora transportan más polvo a Europa que antes”.
Riesgos para la salud y efectos sobre la energía solar
Los investigadores evaluaron estudios epidemiológicos sobre las consecuencias sanitarias de estas concentraciones elevadas. El texto cita entre los posibles efectos a largo plazo la neumoconiosis, el asma y la bronquitis crónica, aunque precisa que solo estudios extensos y prolongados pueden confirmarlos de forma concluyente.
En cambio, el aumento inmediato de la mortalidad en los días con altos niveles de polvo del desierto en suspensión sí aparece como un efecto bien documentado. En esas jornadas mueren más personas por ataques cardíacos y problemas respiratorios que en otros días.
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Imad El Haddad, coautor del estudio e investigador del PSI, explicó la extensión del fenómeno hacia el oeste europeo: “las masas de aire del Sáhara suelen desembocar en el Atlántico y luego girar hacia el norte, en dirección al oeste de Europa”. Esa dinámica ayuda a explicar los niveles detectados en Francia occidental.
Los datos reunidos pueden servir de base para futuros estudios sobre efectos a largo plazo en la salud. El estudio también plantea la posibilidad de crear sistemas de alerta para personas especialmente sensibles o con afecciones pulmonares.
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