
La pesca mesopelágica comercial de especies que habitan la zona crepuscular del océano expone a la supervivencia y rentabilidad de las pesquerías de atún patudo (Thunnus obesus), un recurso fundamental para la alimentación y la economía mundial, según un estudio liderado por el Instituto Oceanográfico Woods Hole (WHOI) y publicado en Gestión pesquera y ecología. El interés creciente en la explotación de peces profundos, sumado a la falta de regulación eficaz, amenaza la principal fuente de alimento de varios de los depredadores oceánicos más valiosos.
Los análisis realizados por el WHOI y sus colaboradores internacionales indican que el atún patudo depende de los peces mesopelágicos en mayor medida de lo estimado previamente. La investigadora principal Ciara Willis explicó: “El atún patudo basa hasta un 60% de su dieta en estos pequeños peces, un nivel de dependencia que no reflejaban estimaciones anteriores”. Este dato, revelado mediante modelos bioeconómicos y estudios con isótopos estables, expone la vulnerabilidad de un equilibrio trófico en el Atlántico Norte.
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La zona crepuscular del océano, ubicada entre los 200 y 1.000 metros de profundidad, alberga cerca de 10.000 millones de toneladas de peces mesopelágicos. Esta riqueza, integrada por especies como el pez linterna y el pez erizado, constituye la base alimentaria no solo para el atún patudo, sino también para otros grandes predadores marinos, incluidos el atún aleta amarilla, el pez espada, ballenas y aves marinas. Estos organismos cumplen un papel clave en la red trófica marina y en el secuestro de carbono de los océanos, influyendo directamente en la regulación climática.

El estudio advierte que expandir la pesca mesopelágica sin una gestión adecuada limitaría la disponibilidad de alimento para el atún patudo y otros depredadores superiores. Los modelos encabezados por el coautor Di Jin muestran que incluso reducciones moderadas en la biomasa de peces mesopelágicos pueden disminuir la tasa de crecimiento de las poblaciones de atún, aunque la población se mantenga cerca de su capacidad de carga. La disminución de este recurso trófico, por tanto, trasciende la competencia directa y amenaza la sostenibilidad de las pesquerías de alto valor.
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Las implicancias económicas resultan relevantes. La economista ambiental y coautora Melina Kourantidou subrayó: “No se trata solo de si la pesca mesopelágica es técnicamente viable, sino de si resulta lógico una vez consideradas las posibles pérdidas. Si la explotación de peces profundos perjudica pesquerías valiosas como la del atún, el costo agregado puede exceder los beneficios esperados”. El análisis, realizado con cifras en dólares estadounidenses de 2024, sostiene que la pesca mesopelágica podría resultar rentable en términos estrictos, pero estas ganancias suelen acompañarse de pérdidas en la pesquería de atún cuando ambos recursos se explotan de manera conjunta.
Los escenarios modelados reflejan que los beneficios de la pesca de atún varían de forma significativa ante cambios en los precios de mercado. Según Gestión pesquera y ecología, los resultados oscilan desde valores negativos hasta superar los USD 250 millones, mientras que la pesca mesopelágica mantiene una rentabilidad relativamente constante, con beneficios próximos a los USD 28.000 millones anuales, excepto en situaciones de desplome de precios.
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En el ámbito regulatorio, el estudio identifica la falta de un marco internacional sólido para la gestión pesquera de los recursos mesopelágicos. Mientras que el atún patudo está sometido a las directrices de las Organizaciones Regionales de Ordenación Pesquera (OROP) y al Acuerdo de las Naciones Unidas sobre las poblaciones de peces, no existe equivalente para las especies mesopelágicas. Algunas naciones han decretado vetos parciales, como la prohibición de captura en la zona económica exclusiva del Pacífico de Estados Unidos.
Los autores destacan la necesidad de adoptar una gestión basada en el ecosistema y en principios científicos actualizados, con estrategias de precaución que consideren las interacciones entre depredadores y presas. Aunque los modelos sugieren que las poblaciones mesopelágicas pueden mostrar cierta resiliencia, este carácter no elimina los riesgos para las especies situadas en niveles tróficos superiores. La estabilidad entre ambas pesquerías y los posibles costes en bienes ecosistémicos y valor económico requieren un análisis cauteloso y una coordinación internacional efectiva.
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El equipo del Instituto Oceanográfico Woods Hole advierte que las decisiones vinculadas a la explotación de la zona crepuscular del océano definirán la estructura de los ecosistemas marinos en los próximos años.
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