
Hace aproximadamente 56 millones de años, un incremento repentino de dióxido de carbono en la atmósfera impulsó una serie de incendios forestales, pérdida de vegetación y un proceso intenso de erosión continental. Así lo confirmaron hallazgos presentados en Asamblea General de la Unión Europea de Geociencias (EGU).
Este episodio, denominado Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (PETM), generó una alteración profunda y veloz en los ecosistemas terrestres en menos de 300 años.
La investigación liderada por Mei Nelissen, del NIOZ y la Universidad de Utrecht, considera esta transformación un precedente relevante para analizar la reacción del planeta ante el cambio climático acelerado por la actividad humana.
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Nelissen explicó que el ingreso rápido de dióxido de carbono coincidió con la desaparición de bosques de coníferas en extensas zonas del margen continental noruego.
“Dentro de un máximo de 300 años desde el inicio del aumento rápido de CO₂, la vegetación de coníferas desapareció y los helechos proliferaron en el entorno estudiado”, afirmó Mei Nelissen. Además, los depósitos presentaron un aumento de fragmentos de carbón, lo que indica una frecuencia mayor de incendios forestales.
El equipo analizó núcleos de sedimento extraídos del fondo marino del mar de Noruega. Estas muestras mostraron una estratificación clara, incluso a escala estacional, que permitió distinguir variaciones ambientales y detectar un afloramiento notable de minerales de arcilla y materia orgánica. Según el informe presentado en la Asamblea de la EGU, esta composición evidenció una erosión de grandes extensiones de tierra, arrastradas hacia el mar.
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Impacto global y liberación de carbono

Estos acontecimientos no se limitaron al paisaje: también liberaron grandes cantidades de carbono almacenado en suelos y biomasa, amplificando el calentamiento global. Las simulaciones de modelos apuntaron a que estos cambios en el almacenamiento y flujos de carbono terrestre “pueden haber contribuido de manera apreciable al cambio climático y la Excursión Negativa del Isótopo de Carbono (CIE)”.
En el estudio participaron especialistas de la U.S. Geological Survey y la Universidad de Oxford, quienes verificaron que el PETM coincidió con un incremento global de temperatura de aproximadamente 5°C (41℉) y con fenómenos extremos, como lluvias más intensas e inundaciones asociadas a un ciclo hidrológico intensificado.
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Al comparar núcleos marinos internacionales, comprobaron que las alteraciones en ecosistemas terrestres ocurrieron simultáneamente en varios márgenes continentales. Esto demostró el carácter global del fenómeno, según la documentación de la EGU.
Uno de los aspectos más relevantes de la investigación es la velocidad de estos cambios. Nelissen precisó que, aunque el ritmo de incremento del dióxido de carbono durante el PETM fue menor al generado actualmente por la actividad humana, representa el episodio más similar en rapidez dentro del registro geológico.
“Actualmente, las emisiones de CO₂ son de unas dos a diez veces más rápidas que durante el PETM, pero la tasa de concentración atmosférica de entonces es lo más cercano a lo que generan hoy las emisiones humanas”, señaló Nelissen.
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Las causas de ese aumento abrupto de dióxido de carbono aún se debaten. Los expertos destacaron la liberación súbita de metano por inestabilidad de hidratos marinos y una elevada actividad volcánica como factores combinados.
El informe sostuvo que los cambios en el ciclo hidrológico, la destrucción de biomasa y la erosión del suelo pudieron desencadenar una retroalimentación positiva del ciclo del carbono, intensificando la crisis climática de la época.
Comprender el impacto de estas perturbaciones es fundamental para anticipar escenarios futuros. El análisis subraya los paralelismos con la dinámica actual del carbono. “Ahora sabemos que los ecosistemas terrestres pueden responder de manera rápida y drástica al cambio climático”, explicó Nelissen.
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Los científicos advirtieron que la alteración de los ecosistemas continentales no produjo solo efectos inmediatos, sino que generó emisiones adicionales de carbono que perpetuaron y agravaron el calentamiento global. La evidencia del PETM demostró que la Tierra puede experimentar transformaciones profundas y rápidas ante alteraciones climáticas extremas.
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