
Un hallazgo científico demostró la capacidad de los residuos flotantes para transportar toxinas a través del océano Atlántico, generando nuevos retos para la vigilancia en las costas. Restos de petróleo viajaron más de 8.500 kilómetros adheridos a desechos plásticos, vidrios y caucho, desde las costas de Brasil hasta playas de Florida, durante un trayecto estimado de 240 días.
El descubrimiento, presentado por la Sociedad Química Americana en la revista Environmental Science & Technology, expone la función del petroplástico en el traslado transfronterizo de contaminación marina y plantea desafíos para la vigilancia ambiental y la cooperación internacional.
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En mayo de 2020, integrantes del grupo Amigos de Palm Beach detectaron la llegada frecuente de botellas aceitosas y fragmentos de caucho a playas locales. Esta acumulación, difundida en redes sociales, atrajo la atención de la comunidad científica.

Bryan James, investigador principal de la Universidad Northeastern, afirmó: “Los resultados de nuestra investigación no habrían sido posibles sin la dedicación de los Amigos de Palm Beach”, al reconocer el aporte de la vigilancia ciudadana.
La falta de incidentes recientes de derrame de petróleo en Florida, junto con etiquetas en portugués, español e inglés y la naturaleza de los objetos recolectados, orientaron a los investigadores hacia una conexión con la mancha de petróleo que en 2019 afectó más de 3.000 kilómetros de la costa brasileña.
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El equipo dirigido por James y Christopher Reddy, del Instituto Oceanográfico Woods Hole, utilizó simulaciones de corrientes oceánicas superficiales y análisis forense de hidrocarburos para reconstruir el trayecto de los residuos.
Modelos numéricos demostraron que los desechos pudieron recorrer la Corriente del Norte de Brasil, atravesar el Caribe y el Golfo de México, y pasar por el Estrecho de Florida. Estas conclusiones coincidieron con registros históricos de botellas a la deriva y la llegada de fragmentos similares a Belice y Texas, lo que confirmó que estos residuos aceitosos permanecieron en el mar durante cerca de 240 días.
Respecto al origen de los contaminantes, el estudio de Environmental Science & Technology propone como hipótesis que parte del petróleo y caucho provenga del SS Rio Grande, un buque alemán hundido durante la Segunda Guerra Mundial a unos 1.000 kilómetros al este de Brasil. No obstante, el origen del derrame de 2019 continúa sin esclarecerse.
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Las muestras recogidas en Palm Beach se compararon con materiales del derrame brasileño mediante cromatografía y espectrometría de masas. Los resultados identificaron biomarcadores de petróleo, compuestos aromáticos y proporciones de hidrocarburos saturados. El análisis estadístico reveló coincidencias entre varios fragmentos recolectados en Florida y el aceite de playas brasileñas, estableciendo el vínculo transoceánico.

Reddy explicó que este trabajo “demuestra un efecto contaminante aditivo donde la contaminación plástica puede transportar la contaminación por petróleo mucho más allá de su origen”. La existencia del petroplástico, es decir, la asociación de plásticos con residuos de hidrocarburos, supone un reto para la gestión ambiental global. Hasta ahora, se estimaba que el petróleo no superaba los 300 kilómetros de desplazamiento en el mar, pero este caso multiplica ampliamente esa distancia.
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El informe de la Sociedad Química Americana destaca que el monitoreo ciudadano fue fundamental para detectar el fenómeno y que el enfoque interdisciplinario permitió rastrear el origen remoto del material.
La investigación señala que la adsorción de hidrocarburos sobre plásticos afecta tanto el destino y la degradación de los contaminantes como su capacidad para transportar componentes tóxicos a nuevas áreas marinas. Así, el petróleo puede recorrer grandes distancias unido a desechos flotantes, lo que complica su identificación con métodos convencionales.

Este fenómeno documentado pone de manifiesto la urgencia de modificar los protocolos de vigilancia, promover la cooperación científica y reforzar la coordinación internacional.
La combinación de modelado numérico, estudios de campo, análisis forense y participación ciudadana establece un precedente para el análisis de la propagación internacional de contaminantes. El estudio subraya la importancia de fortalecer la colaboración entre expertos y comunidades ante el desafío del petroplástico en aguas compartidas por Latinoamérica, el Caribe y Norteamérica.
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Los autores concluyen que la curiosidad y observación activa de la ciudadanía pueden generar descubrimientos esenciales para la ciencia ambiental, sin que sean necesarios títulos académicos avanzados.
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