Cómo actúan las “bombas biológicas” que hunden cada día miles de microplásticos en el fondo del océano

Investigadores comprobaron en tiempo real cómo el zooplacnton encapsula compuestos sintéticos de la superficie y los acumula en las profundidades marinas

Un nuevo estudio ha registrado y medido, por primera vez, cuán rápido se mueven los microplásticos a través del intestino de una especie clave del zooplancton en tiempo real (Plymouth Marine Laboratory)
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Cada día, millones de partículas de microplásticos desaparecen de la superficie del océano, pero no por arte de magia. Son transportadas hacia las profundidades gracias al zooplancton, un conjunto de organismos diminutos que flotan en el agua y que desempeñan un papel mucho más grande de lo que parece.

Un reciente estudio realizado por el Plymouth Marine Laboratory identificó que un tipo de zooplancton, los copépodos, expulsan hasta 271 partículas de microplásticos por metro cúbico de agua cada día en el Canal de la Mancha Occidental, actuando como auténticas "bombas biológicas" que hunden estos contaminantes lejos de la superficie.

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El equipo científico estuvo encabezado por Valentina Fagiano, del Oceanographic Center of the Balearic Islands, junto a Matthew Cole, Rachel Coppock y Penelope Lindeque, del mismo laboratorio. Es la primera vez en la que se cuantifica en tiempo real este proceso.

Los copépodos, que forman el grupo dominante dentro del zooplancton y están distribuidos por todos los océanos, resultan fundamentales en la transferencia de microplásticos por la columna de agua y la cadena alimentaria marina.

Los investigadores concluyeron que los copépodos funcionan como "bombas biológicas" que encapsulan y hunden microplásticos, lo que contribuye a su acumulación en los sedimentos más profundos.

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Un copépodo (en la imagen) es un tipo de zooplancton, un crustáceo planctónico emparentado lejanamente con las gambas y los cangrejos. Los copépodos son uno de los tipos de zooplancton más comunes y fáciles de reconocer, y se encuentran en casi todos los océanos, mares y hábitats de agua dulce, incluso en cavernas subterráneas. Crédito de la imagen: NASA
Los copépodos, presentes en todos los océanos, encapsulan y hunden microplásticos, facilitando su acumulación en los sedimentos marinos profundos (NASA)

¿Qué es el zooplancton?

Para imaginar el zooplancton, piense en una multitud de criaturas tan pequeñas que la mayoría no puede verse a simple vista. Estos animales, que viven a la deriva en océanos, lagos y estanques, van desde protozoos microscópicos hasta medusas, pasando por larvas de peces y cangrejos.

Quizá el nombre no suene familiar, pero si alguna vez vio la serie Bob Esponja, recordará a Sheldon J. Plankton, un personaje inspirado justamente en este grupo, tal como ejemplificó Inma Herrera, investigadora del Instituto Universitario ECOAQUA de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria en un artículo en The Conversation.

El zooplancton es fundamental para la vida acuática. Se alimenta de fitoplancton (el “plancton vegetal”) y luego sirve de alimento a peces, aves marinas y mamíferos. Así, facilita la transferencia de energía y el ciclo del carbono en el planeta. Además, su abundancia y sensibilidad a los cambios ambientales lo convierten en un indicador esencial de la salud de los ecosistemas, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) y otros organismos internacionales

Copépodos: los pequeños crustáceos con gran impacto

Zooplancton
La investigación identifica rutas y regiones de mayor riesgo por exposición a contaminantes como los microplásticos en ecosistemas oceánicos.(Grosby Group)

En el mar, uno de los miembros más destacados del zooplancton son los copépodos. Parecen diminutos camarones y suelen pasar desapercibidos, pero resultan protagonistas invisibles en la historia de la contaminación por microplásticos.

El reciente estudio del Plymouth Marine Laboratory descubrió que estos animales expulsan hasta 271 partículas de microplásticos por cada metro cúbico de agua al día en el Canal de la Mancha Occidental, una cifra que ayuda a imaginar la magnitud del problema.

El grupo de científicos, liderado por Valentina Fagiano, trabajó junto a Matthew Cole, Rachel Coppock y Penelope Lindeque para medir este fenómeno en tiempo real. Según sus hallazgos, los copépodos, que dominan el zooplancton y están presentes en todos los océanos, resultan clave en la transferencia y el hundimiento de microplásticos a través de la columna de agua.

De la superficie al fondo: el viaje del plástico

Perlas microplásticas observadas en el tubo central de un copépodo (su tracto intestinal) Crédito: Laboratorio Marino de Plymouth.
Perlas microplásticas observadas en el tubo central de un copépodo (su tracto intestinal) (Laboratorio Marino de Plymouth)

Durante la investigación, los especialistas recolectaron copépodos Calanus helgolandicus en el Western Channel Observatory, a unos 11 kilómetros al sur de Plymouth, Inglaterra. A través de experimentos de visualización en tiempo real, observaron cómo estos pequeños crustáceos ingieren microplásticos suspendidos en el agua mientras se alimentan de microalgas.

Después de aproximadamente 40 minutos, los copépodos expulsan estos fragmentos plásticos dentro de sus propias heces, que se hunden hasta el fondo marino.

La ecóloga marina Rachel Coppock señalóque la contaminación por microplásticos no se limita a lo que flota en la superficie: “El zooplancton transporta plásticos por toda la columna de agua y dentro de la cadena alimentaria marina. Los copépodos no solo se encuentran con microplásticos; los procesan y los transportan continuamente”.

Este proceso puede parecer lejano, pero recuerda que muchos de los peces y mariscos que llegan a la mesa alguna vez se alimentaron de zooplancton.

El ecotoxicólogo Matthew Cole explicó que las heces de los copépodos tienen mayor densidad que el agua y por eso se hunden, llevando consigo los microplásticos. Así, lo que empieza flotando cerca de la superficie termina acumulándose en el fondo marino, donde puede permanecer durante décadas o incluso siglos.

Una amenaza más cercana de lo que parece

El equipo calculó que, en el Canal de la Mancha Occidental, se transportan unas 271 partículas de microplásticos por metro cúbico cada día, combinando datos de laboratorio y modelos poblacionales de la zona. Este número puede parecer abstracto, pero imagine una piscina olímpica: en ella, el zooplancton podría enterrar cientos de miles de partículas plásticas en solo 24 horas.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los microplásticos son partículas de plástico diminutas que provienen de productos que se descomponen o se fabrican como tales, como los textiles, cosméticos o neumáticos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La importancia de este fenómeno crece al considerar que existen más de 125 billones de partículas de microplásticos en los océanos. Los copépodos y otros miembros del zooplancton funcionan como canales directos para estos contaminantes, facilitando su redistribución vertical y la exposición crónica de otras especies marinas.

Si los copépodos contienen microplásticos de forma habitual, los peces que los comen también los incorporan, y así sucesivamente por toda la cadena alimentaria, alertó la especialista Penelope Lindeque.

Aunque el estudio no se centró en los posibles daños para la salud humana, sí advierte sobre el riesgo de que el plástico termine entrando en los ciclos fundamentales de la vida marina, y, en última instancia, en nuestra propia dieta.

Herramientas para enfrentar el problema

Estos resultados abren la puerta a modelos predictivos más precisos sobre la contaminación marina. Hasta ahora, los grandes modelos carecían de datos realistas acerca de cómo el zooplancton ingiere y expulsa los microplásticos. El método cuantitativo desarrollado ofrece herramientas para identificar áreas de mayor exposición y planificar intervenciones más precisas, según el Plymouth Marine Laboratory.

La autora principal, Valentina Fagiano, destacó que conocer cifras reales de ingestión y tránsito gástrico ayuda a entender cómo circulan los microplásticos entre organismos y ecosistemas. Este avance permite ligar los procesos internos de los animales con el seguimiento masivo de la contaminación oceánica y su impacto sobre la biodiversidad.

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