
El cambio climático impacta con el retroceso de los glaciares en todo el mundo.
Ese efecto podría estar alterando la calidad de los nutrientes que llegan al océano, según advirtió un estudio liderado por científicos de la Institución de Oceanografía Scripps de la Universidad de California en San Diego, Estados Unidos.
La investigación fue publicada en la revista Nature Communications. Para llevarla a cabo, los científicos compararon dos glaciares de Alaska y se sorprendieron.
Impacto en los nutrientes marinos

Los investigadores encontraron que el agua de deshielo de un glaciar en retroceso contenía “concentraciones significativamente más bajas de los tipos de hierro y manganeso que pueden ser absorbidos fácilmente por los organismos marinos en comparación con un glaciar cercano y estable”, según explicó Sarah Aarons, geoquímica de Scripps y coautora del estudio.
El análisis se centró en la importancia de estos metales, escasos en muchas regiones oceánicas como el Golfo de Alaska, y esenciales para el fitoplancton, base de la mayoría de las redes tróficas marinas.
Aarons advirtió que “si podemos duplicar estos hallazgos en otros lugares, los impactos van más allá de nuestra comprensión científica de los glaciares. Esto podría afectar la productividad de ecosistemas marinos realmente significativos, lo que podría tener implicaciones a largo plazo para la salud de las principales pesquerías”.
Diferencias entre glaciares en retroceso y estables

Para aislar el efecto del retroceso glaciar sobre el contenido de nutrientes, el equipo viajó en mayo de 2022 a dos fiordos adyacentes en la península de Kenai, Alaska.
Allí, el glaciar Aialik permanecía estable, mientras que el Glaciar Northwestern había retrocedido aproximadamente 15 kilómetros desde 1950.
Ambos glaciares erosionaban el mismo tipo de lecho rocoso, lo que permitió comparar de manera directa el impacto del retroceso sobre la composición química del agua de deshielo.
Los resultados mostraron diferencias notables: “El glaciar estable Aialik produjo sedimentos donde aproximadamente el 18% del hierro y el 26% del manganeso existían en formas biodisponibles”.
En cambio, los sedimentos del Glaciar Northwestern contenían fracciones más bajas de hierro biodisponible (13%) y manganeso (14-15%), según detalló el equipo en el reporte.

Además, los sedimentos del glaciar en retroceso evidenciaron “signos de meteorización química extensa y agotamiento de metales reactivos, así como otras pruebas de interacciones prolongadas entre el agua y la roca”.
La explicación radica en el tiempo de tránsito del agua y los sedimentos hacia el océano. Aarons puntualizó que “cuanto más tiempo permanece el agua en contacto con la roca o los sedimentos, mayor es la descomposición química o meteorización que ocurre”.
Así, un glaciar en retroceso “podría estar enviando más sedimento al océano, pero con concentraciones más bajas de nutrientes biodisponibles como el hierro, porque ocurre más meteorización”, dijo.

El estudio sugiere que el material erosionado por el glaciar estable es “más fresco” y contiene más nutrientes biodisponibles, ya que ha pasado menos tiempo interactuando con el agua y otros materiales antes de llegar al mar.
Esta diferencia podría tener consecuencias relevantes para regiones como el Golfo de Alaska y el Océano Austral, donde el hierro es un nutriente escaso y las pesquerías dependen de la productividad del fitoplancton.
Kiefer Forsch, autor principal del estudio y actualmente en la Universidad del Sureste de California, subrayó la necesidad de ampliar la investigación.
“Observamos diferencias geoquímicas muy claras entre estos dos sistemas glaciares que vinculamos a su estado de retroceso. Sin embargo, esto es una instantánea de dos glaciares en una región. Comprender si estos patrones se mantienen en otros glaciares del mundo con diferentes tipos de lecho rocoso y etapas de retroceso requerirá más investigación”, afirmó.

Aarons también destacó el papel del financiamiento público en la viabilidad del estudio: “Esta investigación no habría sido posible sin el apoyo de la Fundación Nacional de Ciencia y la cooperación con el Servicio de Parques Nacionales”.
El equipo sugirió que se necesitan más trabajos que analicen los sedimentos de deshielo en múltiples sistemas glaciares y en diferentes etapas de retroceso para determinar si los resultados observados en estos dos fiordos de Alaska pueden ayudar a predecir la respuesta de los ecosistemas al retroceso glaciar a escala global.
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