
Un aumento abrupto de más de 35°C en las temperaturas de la atmósfera sobre la Antártida desde principios de septiembre ha captado la atención de la comunidad científica internacional, según reportó New Scientist.
Este fenómeno, acompañado por una reducción significativa en la velocidad de los vientos estratosféricos y una pausa inesperada en la disminución del ozono, podría desencadenar condiciones meteorológicas inusuales en el hemisferio sur durante los próximos meses.
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Las temperaturas, que normalmente rondan los -55°C en la estratósfera antártica, han ascendido hasta -20°C, una variación que, aunque mantiene el ambiente gélido, representa un cambio sin precedentes en la dinámica atmosférica de la región.
Cambios en el vórtice polar y clima del hemisferio sur
El vórtice polar, una corriente de vientos que circula a gran velocidad en la estratósfera, ha visto reducida su intensidad a la mitad, situándose en torno a los 100 kilómetros por hora. Martin Jucker, investigador de la Universidad de Nueva Gales del Sur, explicó a New Scientist que este tipo de alteraciones solía ocurrir solo una vez cada dos décadas.
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Sin embargo, en los últimos 25 años se han registrado cuatro eventos similares, lo que sugiere una tendencia preocupante hacia una mayor frecuencia de estos episodios. Jucker subrayó que, aunque el calentamiento actual no cumple completamente con la definición formal de “calentamiento estratosférico repentino” —ya que para ello los vientos deberían cesar por completo durante varios días y no solo disminuir durante semanas—, las posibles repercusiones para el clima del hemisferio sur podrían ser significativas.

Las advertencias de los meteorólogos australianos no se han hecho esperar. Inicialmente, se preveía una primavera más húmeda de lo habitual en Australia, pero las proyecciones han cambiado ante la posibilidad de que se intensifiquen los vientos del oeste, lo que podría traducirse en condiciones más cálidas y secas en el continente.
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Jucker señaló que el desenlace de este fenómeno aún es incierto: el vórtice polar podría restablecerse y devolver las temperaturas a su tendencia habitual, o bien la anomalía podría persistir, con la posibilidad de que las temperaturas atmosféricas aumenten otros 20°C.
De mantenerse esta situación, las latitudes septentrionales del hemisferio sur podrían experimentar episodios meteorológicos extremos en las próximas semanas.
El rol de los océanos en las anomalías actuales
En cuanto a las causas, aunque todavía no se ha determinado científicamente el origen exacto de la anomalía, Jucker manifestó a New Scientist su convicción de que el aumento de la temperatura superficial del mar en el Pacífico, de entre 1°C y 2°C, vinculado al cambio climático, está detrás de la desaceleración del vórtice polar.
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Además, la presencia de tres grandes tifones en el Pacífico en los últimos meses, también asociados a temperaturas oceánicas elevadas, refuerza la idea de que el calentamiento de los océanos está alterando los patrones meteorológicos globales. “En los últimos dos años hemos tenido un clima muy extraño, y todo esto coincide con un gran salto en la temperatura del océano”, afirmó el científico.
El contexto reciente en la Antártida refuerza la preocupación de los expertos. Edward Doddridge, de la Universidad de Tasmania, indicó a New Scientist que la lista de cambios extremos en la región sigue creciendo: pérdida de hielo marino, olas de calor, fallos generalizados en la reproducción de colonias de pingüino emperador y una desaceleración notable en la circulación oceánica antártica.
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Doddridge detalló que la pérdida de hielo marino durante el verano favorece la fragmentación de las plataformas de hielo y el calentamiento del océano, lo que a su vez acelera el deshielo de las plataformas restantes y libera agua dulce que ralentiza aún más la circulación oceánica.
Riesgos de efectos en cadena
La acumulación de estos fenómenos ha despertado inquietud por la posibilidad de que se produzcan efectos en cascada y mecanismos de retroalimentación en el sistema antártico. Los científicos advierten que la interacción entre la pérdida de hielo, el calentamiento oceánico y la alteración de las corrientes puede desencadenar una serie de cambios interconectados que afecten tanto a la región como al clima global.
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A medida que la Antártida continúa mostrando señales inesperadas, la comunidad científica observa con atención la posibilidad de que estos cambios no solo se refuercen entre sí, sino que también se propaguen a distintos componentes del entorno antártico, generando nuevas incertidumbres sobre el futuro del sistema climático del hemisferio sur, según concluyó New Scientist.
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