
La lucha global contra la contaminación atmosférica ha salvado millones de vidas, pero también habría desencadenado un efecto inesperado: la aceleración del calentamiento global y la intensificación de fenómenos climáticos extremos, según afirman científicos citados por New Scientist.
De acuerdo con los expertos, la reducción de aerosoles de azufre en la atmósfera, resultado de políticas ambientales más estrictas, está alterando el clima de formas que recuerdan a los escenarios más temidos de la geoingeniería, conocidos como “shocks de terminación”.
La disminución de aerosoles y el repunte de temperaturas
En la última década, la reducción de aerosoles contaminantes, especialmente en Asia Oriental y en las rutas marítimas internacionales, impactó directamente en el aumento de las temperaturas globales. Según investigaciones recientes, las acciones para limpiar el aire redujeron las emisiones de partículas y dióxido de azufre a la mitad y en dos tercios, respectivamente.
Incluso, estas medidas redujeron problemas como la lluvia ácida, aunque habrían eliminado el efecto de enfriamiento que aportaban estos aerosoles, según advierten algunos estudios.

El mecanismo detrás de este fenómeno radica en que los aerosoles de azufre reflejan la luz solar y favorecen la formación de nubes más densas y blancas, que reflejan más radiación hacia el espacio. Robert Wood, de la Universidad de Washington, explicó a New Scientist que al aumentar el número de partículas de aerosol, se incrementa la cantidad de gotas de agua en las nubes y su superficie total, lo que resulta en una mayor reflexión de la luz solar.
Este efecto, conocido desde los años 70, mitigó el calentamiento global en aproximadamente 0,5°C, aunque existe variabilidad en las estimaciones.
Impactos y teleconexiones inesperadas
La eliminación de estos aerosoles ha liberado un “extra” de calentamiento. Un estudio citado por New Scientist indica que solo la reducción de la contaminación en Asia Oriental representa el 5% del aumento de la temperatura global desde 1850.
Tianle Yuan, investigador de la NASA, considera que estos cambios “definitivamente ofrecen un anticipo de lo que podría suceder” si se interrumpieran abruptamente estrategias de geoingeniería solar.

En China, las olas de calor en 2022 fueron hasta 0,5°C más intensas debido a la mejora en la calidad del aire. Además, la reducción de aerosoles ha provocado fenómenos de teleconexión climática, donde cambios en una región desencadenan alteraciones a miles de kilómetros.
Un ejemplo es la aparición de “manchas cálidas” cerca de Alaska, vinculadas a la disminución de emisiones en Asia, lo que ha causado mortandad de peces y proliferación de algas tóxicas.
Ecosistemas vulnerables ante cambios rápidos
La Gran Barrera de Coral en Australia, ya amenazada por el cambio climático, experimentó un calentamiento adicional tras la reducción de aerosoles provenientes del transporte marítimo. Esto incrementó el riesgo de blanqueamiento de corales.
Algunos investigadores han sugerido incluso relajar las regulaciones de la OMI en zonas marítimas remotas para restaurar parte del efecto de enfriamiento, bajo el argumento de que en alta mar el impacto sobre la salud humana es menor y los ecosistemas podrían beneficiarse.
Asia meridional y los monzones

En India, el monzón, responsable de más del 75% de las lluvias anuales, se ha intensificado por el aumento de gases de efecto invernadero. Sin embargo, los altos niveles de contaminación en India y China han atenuado este efecto, ya que los aerosoles enfrían la atmósfera y debilitan los mecanismos que generan las lluvias.
Bjørn Samset, del Centro de Investigación Climática y Ambiental de Noruega, advirtió que a medida que India avance hacia energías más limpias y reduzca la contaminación, podría experimentar una intensificación repentina del monzón, con consecuencias imprevisibles.
A escala global, la rápida reducción de aerosoles ha acelerado el ritmo del calentamiento. Un estudio de Yuan en 2024 sugiere que las regulaciones de la OMI podrían duplicar, o superar, la velocidad de calentamiento de los océanos en la década de 2020 respecto a la observada desde 1980. Ante esto, se prevé la posibilidad de nuevos récords de temperatura en los próximos años.
Discusión sobre el “shock de terminación”
El debate científico sobre si estos cambios constituyen un verdadero “shock de terminación” sigue abierto. James Haywood, de la Universidad de Exeter, matizó en New Scientist que un shock de terminación real implicaría un salto térmico tan abrupto y de tal magnitud que los ecosistemas no podrían adaptarse.

Según Haywood, el efecto de las regulaciones marítimas ha adelantado el calentamiento global en unos tres años, una variación significativa pero lejos de un shock total. “El problema surgiría si se liberaran treinta años de calentamiento global en un periodo muy corto”, puntualizó.
Más allá de la terminología, los expertos coinciden en que la experiencia actual aporta lecciones cruciales para la geoingeniería. El interés en técnicas como la inyección de aerosoles en la estratosfera para reflejar la luz solar exige comprender cómo la ubicación, el momento y el tipo de partículas afectan al clima a diferentes escalas.
Para los científicos, la principal enseñanza de este fenómeno es que toda decisión en la gestión climática implica riesgos. La geoingeniería no elimina los desafíos que enfrenta el planeta y obliga a evaluar cuidadosamente sus posibles consecuencias.
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