
La presión inmobiliaria y turística avanza sobre los espacios naturales en España, afectando incluso las áreas más protegidas. De acuerdo con el informe más reciente de Greenpeace, titulado “Destrucción a toda costa 2025”, la mitad de la superficie de las playas españolas podría desaparecer en solo 25 años. El documento, presentado por la organización ecologista y citado por National Geographic, alerta sobre los peligros de un nuevo modelo de desarrollo que sortea límites y expande la urbanización bajo el pretexto de sostenibilidad o exclusividad.
El análisis de Greenpeace destaca que la emergencia climática y la urbanización se entrelazan, deteriorando tanto el territorio como la capacidad de respuesta de los ecosistemas. La costa española, lejos de contener la expansión urbanística, experimenta una reactivación de antiguos modelos presentados como propuestas renovadas. Proyectos inmobiliarios y turísticos, anunciados como sostenibles, extienden la frontera de lo habitable a costa de la calidad ambiental y social. El informe señala la proliferación de complejos hoteleros de lujo, glampings y branded residences en entornos naturales ya saturados.
En las Islas Baleares, la presión humana alcanzó en agosto de 2024 un récord de más de dos millones de personas, duplicando la población residente. Esta situación generó el colapso de servicios y carreteras y provocó un fuerte deterioro de los ecosistemas marinos. El crecimiento de embarcaciones de recreo y fondeos descontrolados destruyó extensas praderas submarinas, principalmente de Posidonia oceanica, planta clave para la estabilidad de las playas.

En Andalucía, la expansión urbanística avanza incluso sobre espacios protegidos. El informe documenta cómo complejos de lujo en Cádiz y glampings en el Parque Natural del Estrecho se amparan en el turismo exclusivo, mientras la urbanización de zonas ARPSI (áreas de riesgo potencial significativo de inundación) contradice la evidencia científica. En Canarias, la presión turística se materializa en proyectos como “Cuna del Alma” y en conflictos por construcciones ilegales y ampliaciones portuarias en islas como Fuerteventura y Lanzarote, afectando espacios naturales de alto valor ecológico debido a la demanda inmobiliaria creciente.
La Comunidad Valenciana y la Región de Murcia han retomado la expansión urbanística, reactivando planes de los años 90 y aprobando nuevos proyectos en zonas inundables. Localidades como Alicante, Cullera, Burriana o Torreblanca son epicentros de una urbanización que ignora el aprendizaje extraído de la crisis de 2008. Este resurgimiento avanza junto a una transformación geográfica acelerada por el cambio climático.
El informe subraya que el aumento del nivel del mar es una realidad que ya modifica el litoral. Se estima que para 2050 podría haberse perdido la mitad de las playas españolas, incluidas las de las Baleares. En el archipiélago balear, solo el 10 % del litoral corresponde a playas (160 km sobre 1.573 km), un porcentaje reducido con un valor ecológico, económico y cultural incalculable. Formentera posee la mayor proporción (14,6 %) y Mallorca, con un 9 %, concentra más de 66 km de playas, en su mayoría de arena.

Según modelos climáticos citados por Greenpeace, el nivel del mar se elevará entre 16 y 33 centímetros en 2050 y podría llegar hasta un metro a final de siglo. Este incremento, impulsado por una subida de la temperatura del agua de 1,6 ℃ en las últimas cuatro décadas, conllevará retrocesos masivos en la línea de costa. Las olas de calor marinas, cada vez más intensas y frecuentes, no solo dañan los ecosistemas, sino que aceleran la erosión. En junio de 2025, el mar Mediterráneo superó en cuatro grados las temperaturas habituales, creando un entorno hostil para la vida marina.
La desaparición de la Posidonia oceanica intensifica el problema, ya que esta planta endémica actúa como barrera natural contra la pérdida de arena y amortigua el impacto del oleaje. Sin ella, la regresión de las playas se acelera considerablemente. Greenpeace advierte que la pérdida de playas no solo altera el turismo o el paisaje, sino que representa la desaparición de un territorio bajo la doble presión del desarrollo urbanístico y de la subida imparable del mar.
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