
Una de las zonas históricas más valiosas de Nueva Zelanda enfrenta una amenaza cada vez más visible: el aumento del nivel del mar. El avance del océano no solo pone en peligro la costa, sino que compromete la existencia misma de Te Pokohiwi o Kupe, uno de los primeros asentamientos humanos del país y territorio sagrado para el pueblo maorí.
Un reciente estudio advierte que gran parte de este lugar, cargado de significado cultural y espiritual, podría quedar bajo el agua en pocas décadas, afectando no solo antiguos vestigios sino también la memoria y la identidad de toda una comunidad.
El aumento del nivel del mar puede sepultar la historia
Te Pokohiwi o Kupe, también conocido como Wairau Bar, es uno de los sitios arqueológicos más antiguos de Aotearoa Nueva Zelanda. Se encuentra en la región de Marlborough, cerca de Blenheim, y contiene vestigios de los primeros asentamientos humanos en el país, datados en el siglo XIV. La zona, considerada wāhi tapu (sagrada), conserva restos ancestrales y taonga (objetos culturales valiosos) vinculados a la llegada de los primeros colonos polinesios.

Para la iwi Rangitāne o Wairau, custodios de este territorio, el lugar no solo posee valor arqueológico: es un punto de anclaje para la identidad, las responsabilidades intergeneracionales y las relaciones con la whenua (tierra). Esa conexión está ahora amenazada por el ascenso del nivel del mar.
El nuevo estudio, publicado en la revista MAI Journal y liderado por Shaun Williams del National Institute of Water and Atmospheric Research (NIWA), estima que hasta el 75% del área patrimonial podría quedar bajo el agua a causa de tormentas extremas antes de 2100.
Riesgos crecientes por el cambio climático
El equipo combinó datos topográficos de alta resolución con modelos de simulación de inundaciones, siguiendo proyecciones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). Según los resultados: “Estos resultados implican que la tierra patrimonial en Te Pokohiwi o Kupe ya es susceptible a la inundación por olas de tormenta significativas, y que la erosión y la pérdida de sitios arqueológicos se volverán más graves a medida que el nivel del mar continúe subiendo”.

Actualmente, cerca del 20% del sitio ya es vulnerable a tormentas que ocurren, en promedio, una vez cada cien años. Si el nivel del mar se eleva 50 centímetros, algo que podría suceder entre 2045 y 2060, más de la mitad del terreno quedaría expuesto a inundaciones frecuentes. Con un aumento de un metro, proyectado para entre 2070 y 2130, tres cuartas partes del sitio serían afectadas por fenómenos extremos.
El avance del agua también amenaza fuera del contexto de tormentas. Según el estudio: “Para 2060, el 16% del área podría estar bajo el agua solo por el aumento de las mareas, y para 2130, esa cifra podría superar el 50%”.
De la expropiación a la restitución
El valor de Te Pokohiwi o Kupe va más allá de su antigüedad. Durante la primera mitad del siglo XX, el sitio fue objeto de saqueos por parte de coleccionistas. En 1939, fue descubierto un urupā (cementerio) con los restos de un ancestro maorí, un collar de dientes de cachalote y un huevo de moa. Estos hallazgos atrajeron al etnólogo Roger Duff, del Museo de Canterbury, quien dirigió varias excavaciones hasta 1964.
La comunidad de Rangitāne o Wairau protestó enérgicamente. El anciano tribal Peter MacDonald expresó su oposición, pero no logró detener la remoción de los koiwi tangata (restos humanos) ni su traslado a instituciones académicas.

En 2003, la iwi presentó una demanda ante el Tribunal de Waitangi, que reconoció el incumplimiento del tratado por parte de la Corona. Como resultado de las negociaciones, las tierras fueron devueltas a Rangitāne y los restos fueron finalmente repatriados en 2009. Antes del reentierro, se acordaron estudios científicos que incluyeron la secuenciación genética de los restos, con el consentimiento formal de la comunidad.
El trabajo de investigación fue coordinado con Te Rūnanga a Rangitāne o Wairau y con el respaldo de Earth Sciences NZ. A partir del conocimiento local sobre la ubicación de taonga y lugares sagrados, el equipo trazó un mapa de exposición a futuras inundaciones provocadas por mareas vivas y olas de tormenta.
“La amenaza acelerada del aumento del nivel del mar, la erosión costera y la intensificación de tormentas pone a muchos de estos sitios en riesgo inminente de ser sumergidos, dañados o borrados por completo del paisaje”, advierten los autores.
El estudio no contempló eventos como terremotos, tsunamis o el aumento de la salinidad del agua subterránea, ni el efecto combinado de inundaciones marinas y fluviales. Aun así, representa la evaluación más precisa y detallada realizada hasta ahora sobre este sitio. Una investigación complementaria, financiada por la Comisión de Riesgos Naturales, busca integrar distintos tipos de amenazas y enfoques de mitigación liderados por las iwi.

Adaptación, memoria y futuro
Los investigadores plantean que la respuesta debe ser coordinada, interdisciplinaria y centrada en las comunidades. El estudio subraya que “la urgencia de identificar opciones de adaptación e implementación para preservar y/o rescatar los lugares sagrados y taonga dentro del área patrimonial es clara”.
Para Rangitāne, la preocupación excede lo material. “La preocupación no se limita a lo que pueda perderse físicamente, sino a lo que podría significar perder la capacidad de permanecer en ese lugar, de reunirse allí y de mantener la relación que ha cimentado a generaciones del pueblo Rangitāne en Wairau”.
Esa relación, antes atravesada por el conflicto y la exclusión, hoy transita un proceso de liderazgo activo. La evolución del vínculo con Te Pokohiwi o Kupe se da en paralelo a una nueva amenaza: el cambio del paisaje a manos del océano.
El objetivo, afirman desde la iwi, no es solo conservar lo tangible, sino proteger la posibilidad de seguir relacionándose con el lugar, con sus historias y con el conocimiento que contiene.
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