
El cambio climático se convirtió en una de las principales amenazas para la supervivencia del atún rojo, una especie emblemática que ya estuvo al borde de la extinción debido a la sobrepesca. Aunque las cuotas sostenibles implementadas desde 2010 lograron revertir parcialmente esta crisis, los océanos más cálidos están alterando los hábitats y patrones migratorios de este pez.
Según un informe de la BBC Mundo, los efectos del calentamiento global están transformando el entorno del atún rojo de maneras críticas, poniendo en riesgo los avances logrados en su conservación.

Un colapso evitado, pero con nuevas amenazas
En 2010, las poblaciones de atún rojo alcanzaron niveles alarmantemente bajos debido a la sobrepesca impulsada por la creciente demanda mundial de sushi y sashimi.
Un solo ejemplar podía venderse por millones de dólares, lo que incentivó prácticas de pesca insostenibles. Este escenario llevó a gobiernos y organismos internacionales a implementar cuotas estrictas y medidas contra la pesca ilegal.
Según el informe de BBC Mundo, gracias a estos esfuerzos, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) reclasificó al atún rojo del Atlántico en 2021 como una especie de “preocupación menor”.
Por su parte, las poblaciones del Pacífico lograron superar sus metas de recuperación una década antes de lo previsto. Sin embargo, el atún rojo del sur aún permanece en la categoría de “en peligro” debido a las dificultades en su conservación.
A pesar de los avances, Alessandro Buzzi, director del proyecto de pesca del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), subraya que los impactos del cambio climático presentan un desafío diferente y más complicado.
“Logramos revertir esta tendencia de sobrepesca y el casi colapso de las poblaciones, pero ahora enfrentamos nuevas dificultades”, afirmó Buzzi.

Migraciones forzadas y hábitats alterados
El calentamiento de los océanos está provocando cambios significativos en los patrones migratorios del atún rojo. Estudios recientes citados por BBC Mundo revelan que estos peces se están desplazando hacia el norte a un ritmo de entre 4 y 10 kilómetros por año, en busca de aguas más frías.
Científicos irlandeses documentaron que, en 2019, varios ejemplares del Atlántico modificaron sus rutas tradicionales hacia Islandia, probablemente en respuesta a olas de calor marinas.
El Mediterráneo, principal área de desove del atún rojo del Atlántico, enfrenta una amenaza crítica. Con un aumento proyectado de entre 1°C y 3°C en las temperaturas superficiales para finales de siglo, el hábitat de los juveniles podría volverse inhabitable en los próximos 50 años.
Según Clive Trueman, profesor de ecología geoquímica de la Universidad de Southampton, las temperaturas superiores a 28°C afectan gravemente el metabolismo y desarrollo de los juveniles, un umbral ya superado en agosto de 2024.

Efectos en las comunidades pesqueras
Las alteraciones climáticas también tienen un impacto directo en las comunidades pesqueras, especialmente en el Mediterráneo. Durante siglos, estas comunidades dependieron de las migraciones regulares del atún rojo para su sustento económico.
Sin embargo, los cambios en los patrones migratorios están obligando a los pescadores a viajar más lejos y enfrentar mayores costos, afectando su rentabilidad.
Según el informe de BBC Mundo, las cuotas de pesca introducidas en la década de 2000, diseñadas para prevenir la sobrepesca, limitaron severamente la actividad pesquera.
En Italia, por ejemplo, el número de barcos autorizados para capturar atún rojo se redujo drásticamente, favoreciendo a grandes flotas industriales en detrimento de los pequeños pescadores. Esto generó desigualdades y tensiones en las comunidades locales.

Un futuro incierto y las acciones necesarias
La BBC Mundo también destaca que la recuperación del atún rojo en las últimas dos décadas demuestra que la acción conjunta y coordinada puede generar resultados positivos.
De igual manera, el cambio climático añade una capa de complejidad que exige ajustes en las políticas pesqueras y un enfoque más integral.
Sarah Glaser, directora sénior del WWF, enfatiza que la colaboración internacional debe centrarse en garantizar la sostenibilidad del recurso y proteger a las comunidades afectadas. “El esfuerzo mundial por salvar al atún rojo no está perdido, pero es crucial actuar antes de que el cambio climático agrave la situación”, concluyó.
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