
Hasta 2030 el mundo en las Naciones Unidas se puso de acuerdo con celebrar la Década de los Océanos, como una manera aumentar la investigación y la conservación de sus ecosistemas para favorecer el desarrollo sostenible.
Una zona que ganó atención es el llamado Agujero Azul, un área del Océano Atlántico Sudoccidental que se encuentra localizada aproximadamente unos 500 kilómetros al este del golfo San Jorge, a la altura de las provincias argentinas de Chubut y Santa Cruz.
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Está por afuera de la Zona Económica Exclusiva. Es decir, que el área de Agujero Azul está más allá de una distancia de las 200 millas marinas a partir de las líneas de base, pero en la plataforma continental.

En el Agujero, se ha encontrado una alta concentración de algas unicelulares, que forman parques de “pasto marino”. Su dinámica es monitoreada por satélites como los SAOCOM de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), que han permitido identificar patrones que se repiten con bastante regularmente año tras año.
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“En el Agujero Azul han sido identificados ecosistemas marinos vulnerables. Algunas especies habitan en las profundidades. Se incluyen esponjas, jardines de diversas especies de corales de agua fría, estrellas de mar, anémonas, gusanos poliquetos. En cuanto a los peces, en el área hay merluza austral, merluza negra o róbalo, la faneca plateada o marujito, el congrio, entre otros. Es también una zona muy relevante para el calamar argentino”, dijo a Infobae la licenciada en biología Valeria Falabella, directora de Conservación Costero-Marina de la organización no gubernamental Sociedad de Conservación de la Vida Silvestre, conocida como WCS Argentina.
Además, habría otros recursos importantes en Agujero Azul. Sobre los niveles sedimentarios más profundos, podría haber reservas de hidrocarburos, aunque aún no se han perforado pozos exploratorios, según ha reconocido la Secretaría de Energía, que depende del Ministerio de Economía. También según el Servicio Geológico Minero, habría nódulos polimetálicos, que son concentraciones de metales, en esa zona.
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Sobre qué hacer con respecto al Agujero Azul, hay diferentes posiciones. Desde el sector ambientalista, se impulsa una ley nacional que declararía a la zona como una área marina protegida estricta bentónica o de fondo.
“El área protegida solo abarcaría a los fondos marinos, que son los de jurisdicción nacional. Con la norma, se busca evitar la pesca de arrastre de fondo de países extranjeros en la zona. Así se intensificaría la presencia de la Prefectura Naval y la Armada para colaborar con la conservación de Agujero Azul”, opinó Esteban Frere, doctor en ciencias biológicas e investigador del Centro de Investigaciones Puerto Deseado de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral y del Conicet en Puerto Deseado, provincia de Santa Cruz.
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Sin embargo, hay otras posturas que no coinciden con el proyecto de ley, que ya tiene media sanción en la Cámara de Diputados de la Nación. Una de las objeciones es que al declararse como un área protegida estricta, implicaría que se prohibiría solo la pesca de arrastre así como cualquier tipo de prospección, exploración y actividad extractiva en el lecho y subsuelo marino. Mientras tanto, en la columna de agua, cualquier buque puede pescar sin problema alguno, tanto nacional como extranjero.

Para Milko Schvartzman, miembro del Círculo de Políticas Ambientales de Argentina, “en la región del Agujero Azul hay que crear un área marina que proteja la columna de agua, que es alta mar, o sea aguas internacionales, a través del Acuerdo para la Conservación de la Biodiversidad más allá de la Jurisdicción Nacional de Naciones Unidas”.
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Especificó su posición a Infobae: “El área marina protegida debe tener diferentes zonificaciones, una estricta en la que no se puedan hacer actividades extractivas, y otra que permita cierta explotación regulada y controlada. Allí hay mucha riqueza, incluyendo al calamar, que es una de las especies fundamentales de la cadena trófica marina. Es el principal alimento de la merluza común, que a su vez sirve de alimento a delfines, elefantes y lobos marinos, aves como pingüinos y albatros, entre otras”, precisó Schvartzman.

Señaló que el Agujero Azul “es la zona más depredada del borde exterior de la zona económica exclusiva de la Argentina, ya que el 90% de las embarcaciones que allí operan lo hacen en la columna de agua”.
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En tanto, Alejandro Canio, doctor en derecho especializado en administración de espacios marítimos e investigador de la Universidad Tecnológica Nacional en Chubut, explicó que “el Agujero azul se encuentra sobre la plataforma continental. La Argentina ejerce derechos de soberanía sobre esa plataforma y tiene facultad para regular las actividades vinculadas con sus recursos. Hoy ya el país tiene herramientas para proteger el área que se reconoce como Agujero Azul. Es decir, esa área no está desprotegida”.

Canio señaló que el proyecto de ley “incluiría un área que está en disputa con el Reino Unido, que podría generar un impacto negativo en la política exterior. Se podría producir una situación espejo: el Reino Unido podría disponer la misma medida, y eso podría afectar el reclamo del país por las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes”.
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También advirtió que el proyecto de ley no especifica presupuestos asignados para llevar a cabo la protección de la zona ni tampoco cómo se financiarán las investigaciones y el control.
“En lugar de declarar una área protegida estricta, -sostuvo el doctor Canio- hoy el país debería enfocarse más en investigar en profundidad al Agujero Azul y hacer un mejor relevamiento de los recursos que hay allí para luego tomar decisiones”.
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