
Luis Miguel tiene una larga y conflictiva relación desde 1998. Ese año, Hanzel Zárate tomó su primera fotografía del cantante mexicano en Acapulco y desde entonces es el paparazzo que ha captado sus momentos más reveladores en el puerto: de fiesta, en restaurantes, con sus parejas, en su yate.
No hay un solo momento en la vida de Luis Miguel en Acapulco que Hanzel haya perdido de vista. A veces a costa de su propia integridad y muchas, a pesar de la molestia del artista.
Son 20 años de "una relación de amor-odio", dice el fotógrafo, que ha transitado de la amenaza a la confianza. Tanto que en 2013, en los días de su último concierto en Acapulco, supo que le habían tomado unas fotos con una modelo polaca (de nombre Kasia, según las notas de la época) y le llamó por teléfono para pedirle que lo ayudara a rescatarlas.
Luis Miguel buscó al fotógrafo a través de un amigo en común, que a su vez es tal vez el mejor amigo del cantante, al menos en Acapulco, dice Hanzel. Se llama David Antunez, es empresario, muy discreto en medios y siempre están juntos. "Son como hermanos, manda por él en avión y lo acompaña en viajes y va a todos sus conciertos, en primera fila".
El cantante sólo podía confiar en él para llamarle a Hanzel. "Me llamó por teléfono y me dijo: oye, alguien te quiere hablar. Pasó el teléfono y era Luis Miguel, que me pidió que le ayudara a localizar unas fotos que por ahí le habían tomado y quería comprarlas para que no se publicaran".

No pudo cumplir con el favor, aunque lo intentó, y las fotos se publicaron en la revista mexicana de espectáculos TV Notas. Para esta trabaja Hanzel desde hace 19 años y en ella ha publicado casi todas las imágenes del Luis Miguel. Pero en aquella ocasión, las fotos no eran suyas.
Los arranques de "Luismi" frente a la cámara
A Hanzel, esa confianza con el cantante le ha tomado cientos de disparos de su cámara y momentos difíciles y hasta violentos con el equipo de seguridad.
"Era muy complicado poder tener imágenes de Luis Miguel, muy arriesgado, porque en su equipo de seguridad había gente muy agresiva, siempre a la defensiva, casi todos ex policías que abusaban al cuidarlo y no median fuerzas: te podían golpear, quitarte el equipo o despedazarlo, pero es parte de lo interesante como paparazzi", cuenta Hanzel en entrevista desde Acapulco.
A él mismo Luis Miguel lo amenazó en alguna ocasión. "Me llamó su jefe de seguridad para pedirme que no se publicaran unas fotos y hasta mandó gente que estuvo afuera de mi casa como dos horas, esperándome".
Nunca pasó más. Como buen paparazzo, Hanzel ha tenido la precaución de marcar sus límites para evitar demandas o acciones legales en su contra, a sabiendas de que su trabajo se mueve en el ambiguo territorio de la vida pública y privada de las celebridades. Esos sí, "cosas de homosexualidad o de drogas no tomo nunca ni lo manejo".
Hanzel relata lo difícil que era acercarse a Luis Miguel para sorprenderlo con una foto porque a donde llegaba en Acapulco prácticamente cerraban el lugar para él o le reservaban secciones completar para evitar que lo molestaran.
"Yo creo que de 10 veces que lo intentabas, sólo una lo lograbas porque era muy complicado saber dónde iba a estar o burlar las medidas de seguridad de su gente", dice Hanzel.
Por eso, captar una foto de Luis Miguel era todo un orgullo, dice. "Era un prestigio, algo para presumir como un logro muy personal en lo profesional".
De los 20 años que Hanzel ha perseguido con su cámara los pasos de Luis Miguel en Acapulco, hay fotos que recuerda particularmente por la atención que despertaron o la dificultad que tuvo para tomarlas. Aunque asegura que "todas fueron difíciles en su momento".
En especial recuerda las fotos de Luis Miguel con Mariah Carey, a mediados de 1999. "Fueron las primeras de ellos dos juntos acá en Acapulco, cuando la trajo por primera vez como su novia, y pude tomárselas muy cerca", asegura.

Aquellas fotos, también fueron su primer encontronazo con el equipo de seguridad del cantante. "Yo estaba en una discoteca, ya era periodista y alguien del staff me dijo que Luis Miguel había llamado para avisar que iría". Solo no puedes acercarte, le advirtieron.
"Llegó con Mariah Carey, pude tomarles una foto de cerca y ahí fue cuando su gente de seguridad me agarró del cuello y uno me dijo: no puedes tomarle fotos, ¿dónde trabajas? Y les dije: no, yo soy cliente. Eso me quitó la bronca, porque además ya le había dado la cámara a la persona con la que iba".
La foto de la persecución
Hanzel Zárate ha seguido a Luis Miguel por el todo el puerto. "Llegué a esperar hasta 12 horas en el mismo lugar para tomarle una foto, además de pagar información o para que me dejaran estar en un lugar".
–¿Y de qué foto te sientes más orgulloso?
–En una de las varias ocasiones que Luis Miguel y Myrka Dellanos (la presentadora que también fue su pareja) peleaban y se reconciliaban, la trajo a Acapulco. Pero la misma noche que llegaba Myrka, Luis Miguel estaban cenando con una modelo (que después se supo que era nada más que una amiga argentina) en un restaurante de la costera, que ya no existe.
"Me pasaron el pitazo de que estaba ahí, lo esperé como tres horas afuera del restaurante, en la esquina de una calle que tenía que tomar para salir a la avenida principal de la costera. Cuando salió, de entre los carros le tomé la foto. En la imagen él y la modelo salen mirándome desde la camioneta Hummer en que viajaban".
Esa foto, recuerda, estuvo en la portada de la revista mexicana de celebridades Quién.

Hanzel además recuerda que antes de que pudiera tomarle otra foto, Luis Miguel se bajó del vehículo para intentar atraparlo. "Yo corrí hacia la discoteca Baby'O, Luis Miguel se subió a su camioneta y se metió en sentido contrario en la costera para seguirme, y yo corrí, me brinqué la cadena de seguridad del Baby'O para salir por otra calle y huí". Esa, para Hanzel, fue la mejor foto que ha tomado del cantante.
–¿Y hubo alguna donde lo pillaras en su peor momento, donde no saliera guapo?
–Tengo imágenes de él tirándose del bungy, en su yate, en discotecas, hablando por teléfono, acostado arriba de un sillón, ya cansado. También con dos chavas en una discoteca. Eso sí, nunca en su casa.
La vuelta a Acapulco
Después de una larga ausencia, en la que Luis Miguel se deshizo de sus dos casas y su yate "Único", ha vuelto al puerto para dejarse ver de vez en cuando en bares y discotecas. Casi siempre con sus dos mejores amigos: los empresarios Antunez y Héctor Rodríguez, dueño de la discoteca Believe, que abrió hace dos años.
"Vino a conocer el lugar y estuvo allí". Desde ese momento, ha viajado de nuevo al puerto, como antes. Aunque ahora más relajado, dice Hanzel. "La última vez que estuvo aquí, en marzo, para su concierto, llegó muy tranquilo, desde la serie (de su vida). Ya se toma fotos con la gente y saluda y todo".
Hanzel, por su parte, sigue detrás de su fama renacida. "Me enteré en dónde iba a cenar, lo esperé a la salida, le tomé foto y video a un metro, me vio y no pasó nada".
Cuando se iba, le gritó: "¡Mickey!" El volteó, se rió con él y se despidió del fotógrafo que seguramente se volverá a encontrar siempre que vuelva a Acapulco, donde sigue siendo "El Sol".
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