Por qué los médicos urgen a proteger especialmente del COVID-19 a las embarazadas en tareas esenciales

Aunque se conoce muy poco sobre los efectos del nuevo coronavirus en las mujeres gestantes y los fetos, sí se sabe bien que el embarazo pone enorme presión adicional sobre los sistemas respiratorio y cardiovascular y causa profundos trastornos al inmunológico

El embarazo pone enorme presión adicional sobre el sistema respiratorio y el cardiovascular de las mujeres y causa profundos trastornos al sistema inmunológico. (REUTERS/Jon Nazca)
El embarazo pone enorme presión adicional sobre el sistema respiratorio y el cardiovascular de las mujeres y causa profundos trastornos al sistema inmunológico. (REUTERS/Jon Nazca)

Todavía se sabe poco sobre el impacto del COVID-19 en las personas en general, pero mucho menos aun se conoce sobre sus efectos en las embarazadas: en primer lugar, dada la magnitud de la pandemia, no han podido ser estudiadas como grupo aparte; además, hasta el momento una baja proporción entre aquellas con síntomas se realizaron una prueba de SARS-CoV-2 y dieron positivo. No se ha hecho ninguna comparación entre infectadas embarazadas y otras mujeres que no esperan hijos. Se ignora si el coronavirus puede pasar de madre a hijo o si causa pérdidas de embarazos, muerte del feto, anomalías congénitas o nacimientos prematuros.

No obstante, sí se sabe que el embarazo pone enorme presión adicional sobre el sistema respiratorio y el cardiovascular de las mujeres, y causa profundos cambios a su sistema inmunológico, incluidas respuestas notablemente alteradas. También se ha documentado que las embarazadas tienen mayor riesgo de hipertensión y diabetes, dos factores que agravan los cuadros de COVID-19. Y aun si se descubriera una vacuna o un tratamiento, difícilmente serían candidatas a recibirla.

Por eso los médicos urgen —sobre todo ante la reapertura de la vida laboral— a que las autoridades y las empresas cuiden especialmente a las embarazadas.

Las embarazadas en la línea de fuego (como la codirectora de cuidados intensivos de CommonSpirit's, en California, Zafia Anklesaria: lleva siete meses de gestación) corren riesgos adicionales frente al COVID-19. (REUTERS/Lucy Nicholson)
Las embarazadas en la línea de fuego (como la codirectora de cuidados intensivos de CommonSpirit's, en California, Zafia Anklesaria: lleva siete meses de gestación) corren riesgos adicionales frente al COVID-19. (REUTERS/Lucy Nicholson)

Policías, enfermeras y médicas, pero también vendedoras, encargadas de limpieza y cajeras de supermercado, entre otras trabajadoras esenciales, han corrido un riesgo mucho más alto en la actual crisis global en caso de estar embarazadas.

“Las embarazadas experimentan cambios en sus cuerpos que pueden aumentar el riesgo de infecciones graves. Los estudios que se realizaron durante los brotes de otras infecciones por coronavirus relacionadas (SARS-CoV, MERS-CoV) y durante brotes de la gripe han demostrado que las embarazadas son más susceptibles de padecer una enfermedad grave”, coincidió el Massachusetts General Hospital.

“Los brotes precedentes nos enseñan que las embarazadas pueden correr un peligro mayor de complicaciones graves por infecciones respiratorias”, siguió el BMJ. “En 2009, una cepa pandémica de gripe A (H1N1) que se propagó rápidamente por el mundo. Cuando los investigadores reunieron 120 estudios sobre los riesgos de la H1N1 en el embarazo, concluyeron que las infecciones se vieron asociadas a mayores riesgos de hospitalización, necesidad de cuidados intensivos y muerte”, escribieron Brickley y Paixão.

Los estudios de otros brotes, como SARS-CoV, MERS-CoV y gripe, demostraron que las embarazadas son más susceptibles a sufrir cuadros graves. (REUTERS/Soe Zeya Tun)
Los estudios de otros brotes, como SARS-CoV, MERS-CoV y gripe, demostraron que las embarazadas son más susceptibles a sufrir cuadros graves. (REUTERS/Soe Zeya Tun)

Citaron también otros trabajos, tanto de esa pandemia de 2009 como de la gripe de 1918, que coincidieron en que la infección con estos virus en el primer trimestre se asoció con un aumento del riesgo de muerte del feto. “También se pueden encontrar informes similares de complicaciones graves del embarazo y de muerte fetal en la investigación más limitada que se hizo sobre los coronavirus que causaron las epidemias de SARS y MERS” en 2003 y 2012. Los registros sobre el ébola son aun más sombríos: el 80% de las embarazadas infectadas murió y casi todas perdieron el embarazo.

Las restricciones a los medicamentos que una mujer puede tomar durante la gestación las dejan prácticamente fuera de todos los ensayos de vacunas o tratamientos que potencialmente podrían salvar sus vidas. “A pesar de enfrentar riesgos desproporcionadamente mayores”, destacaron los autores, “no se sabe hasta qué punto una vacuna podría beneficiar a las embarazadas”.

El último caso que citó BMJ en el pedido de cuidar a las embarazadas que hicieron los médicos fue el del zika, cuyo brote entre 2015 y 2017 causó una enorme cantidad de niños con microcefalia y otros defectos congénitos: “Son quizá los ejemplos más impactantes de los peligros de no proteger a las embarazadas de las amenazas de los virus emergentes”.

Las trabajadoras esenciales y otras que vuelven a sus empleos con la reanudación de la actividad económica requieren cuidados adicionales si están embarazadas. (REUTERS/Kim Kyung-Hoon)
Las trabajadoras esenciales y otras que vuelven a sus empleos con la reanudación de la actividad económica requieren cuidados adicionales si están embarazadas. (REUTERS/Kim Kyung-Hoon)

Si bien hasta el momento no se han denunciado malformaciones u otros problemas en los recién nacidos de madres con SARS-CoV-2, un estudio en China encontró que tres bebés presentaron una cantidad elevada de anticuerpos contra el coronavirus: es decir que la posibilidad de contagio vertical, de madre a hijo, no se puede descartar. “Ahora que surgen algunas pruebas, puede ser el momento de considerar que una embarazada tome precauciones adicionales”, dijo a ProPublica Suzanne Baird, miembro de la junta de la Asociación de Salud de la Mujer y directora de enfermería de la consultora Conceptos Clínicos en Obstetricia.

“La pandemia del COVID-19 lleva sólo cinco meses, y resta ver cuáles serán todos los efectos de las infecciones durante el embarazo”, concluyeron Brickley y Paixão en BMJ. “Sin embargo, la falta de evidencias no es motivo para esperar antes de actuar. El embarazo es un periodo único, aunque breve, en la vida de muchas mujeres. En esta crisis de salud pública sin precedentes podemos darnos el lujo de ofrecer a las trabajadoras esenciales embarazadas la oportunidad de dejar temporalmente sus tareas en la línea de fuego. Si no tomamos medidas de protección ahora, las embarazadas y sus hijos podrían correr riesgos innecesarios”.

Sin embargo, la realidad se muestra mucho más dura de lo que querrían los epidemiólogos. Con las crecientes tasas de desempleo globales —sólo en los Estados Unidos, uno de cada cuatro trabajadores han solicitado ayuda por desempleo—, también para las embarazadas las opciones pueden ser arriesgar la vida o arriesgar el pago de la renta y los alimentos.

"Si no tomamos medidas de protección ahora, las embarazadas y sus hijos podrían correr riesgos innecesarios”, concluyó el BMJ.(Shutterstock)
"Si no tomamos medidas de protección ahora, las embarazadas y sus hijos podrían correr riesgos innecesarios”, concluyó el BMJ.(Shutterstock)

En los Estados Unidos el Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC) ha ofrecido sugerencias para las instalaciones médicas: por ejemplo, en caso de que haya más personal disponible, “podrían considerar limitar la exposición de las trabajadoras embarazadas a pacientes con COVID-19 confirmado o sospechoso, especialmente durante los procedimientos de alto riesgo”. El Colegio Nacional de Obstetras y Ginecólogos reiteró la posición del CDC y no hizo una recomendación especial para que las trabajadores de la salud embarazadas dejen la atención directa de los pacientes sólo porque tienen coronavirus.

Otros países tienen otros enfoques: el Colegio Real de Obstetras y Ginecólogos de Australia y Nueva Zelanda recomendó que “siempre que sea posible, se asignen trabajadoras de la salud embarazadas a pacientes y tareas que hayan reducido la exposición al COVID-19”, citó ProPublica. El organismo equivalente en el Reino Unido cambió su política, similar a la de Estados Unidos, a fines de marzo: estableció que a todas las embarazadas “se les debe ofrecer la opción de trabajar en funciones directas con los pacientes”, es decir, que puedan rechazar esas tareas. Y para aquellas en el tercer trimestre del embarazo o con un cuadro de salud subyacente, recomendó “encarecidamente que eviten trabajar directamente” con los pacientes de COVID-19.

Para otros trabajos esenciales en general, The New York Times reseñó los ajustes que una embarazada puede solicitar en su ámbito laboral: “Pedir que se las exima del contacto con el público, que tengan equipo de protección adicional, que se les asigne un espacio aislado para trabajar o que se la cambie a tareas que se puedan realizar mediante teletrabajo son todos ejemplos de ajustes razonables”.

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