La ansiedad y temores propios de ese momento en la vida de cualquier mujer se ven amplificados por este contexto (Shutterstock)
La ansiedad y temores propios de ese momento en la vida de cualquier mujer se ven amplificados por este contexto (Shutterstock)

Pareciera que hay cuestiones que no entienden de prohibiciones ni aislamientos: transcurridas las semanas de gestación, el impulso de la vida que quiere salir al mundo es imposible de detener. Así, ocurre que un embarazo buscado y deseado, que transcurre dentro de la normalidad se topa casi sobre su final con una pandemia y una emergencia sanitaria que parece poner al mundo en “pausa”.

Carla tiene 44 años y podría decirse que buscó a Beltrán durante toda su vida. Ella quería ser madre y lo iba a lograr.

Sin pareja, en 2016 empezó el camino que la llevaría a la maternidad. Recurrió a un banco de semen y se sometió a tres inseminaciones y un tratamiento de fertilización in vitro con donante anónimo sin resultado positivo. En el medio, en 2018, le diagnosticaron un mioma que no pudo ser operado por estar ubicado en el cuello de útero. El año pasado, tras un nuevo intento de inseminación artificial logró ver las ansiadas dos rayitas en el test de embarazo. Fecha probable de parto: fin de marzo de 2020.

Paola volvió a apostar al amor y a la familia luego de haber sido madre en soledad hace 20 años. Y así fue que con Pablo emprendieron la búsqueda de un hijo, el primero para él. En septiembre de 2019 -luego de perder un embarazo y esperar el tiempo prudencial para volver a intentar la búsqueda- supo que su sueño de ser madre nuevamente estaba más cerca y que Emma llegaría a este mundo en mayo de 2020.

En paralelo, mientras Beltrán y Emma crecían en el vientre de sus mamás, el mundo entraba lenta pero sostenidamente en una pandemia a causa de un nuevo virus surgido en China, que pondría a la humanidad en vilo como pocas veces se había visto.

Paola tuvo a Emma por cesárea el 23 de abril
Paola tuvo a Emma por cesárea el 23 de abril

Ya con el decreto que instauraba en el país el aislamiento social preventivo y obligatorio, a las 34 semanas de gestación, Paola tuvo pérdidas y debió ser internada. “En esa oportunidad no estaba tan nerviosa porque estaba solo yo; cuando tuve que internarme para que nazca me agarró un ataque de ansiedad”, contó la mujer, que ya a los últimos controles de su embarazo debió concurrir sola, ya que en los centros de salud no dejaban entrar a los maridos o acompañantes ni a la sala de espera ni al consultorio. “A la última ecografía no entró el papá y tampoco pude hacerme la 5D”, recordó a Infobae.

Emma finalmente nació el 23 de abril, por cesárea, debido a que su mamá tenía alta la presión arterial. En la clínica de la localidad bonaerense de Adrogué donde estuvo internada, la habitación era compartida, por lo que al dolor por la cesárea y los nervios de las primeras horas porque la beba “no agarraba la teta”, a Paola se le sumó la “paranoia” por la limpieza y la distancia con la otra familia en el mismo ambiente.

Antes de la cesárea me angustié mucho por no poder estar contenida por mi hermana, que es lo más cercano a mi mamá que tengo; me sentí sola en ese sentido -relató-. Además, mi marido no llegó a entrar a la sala de partos y si bien mi médico me cuidó en todo momento y fue muy amoroso sentí que la cesárea fue algo más ‘expeditivo’ que sentimental. No fue lo que soñaba”.

Durante su internación, si bien sólo podía quedarse con ella una sola persona, le permitían rotar entre el papá de la nena y otro acompañante. Así, su hermana, que es odontóloga y por su trabajo tenía permiso para circular, pudo conocer a su sobrina. El resto de la familia, incluida la abuela paterna para quien Emma es su primera nieta, sólo vio a la pequeña por videollamada en los días que lleva de vida.

Ya en su casa, al cuarto día Paola levantó fiebre y hasta llegar a la conclusión de que se trataba de un principio de mastitis por la leche que no había terminado de bajar, pensó lo peor. “Me angustié mucho de creer que podría haberme contagiado en la clínica y tendría que separarme de mi bebé”.

“No miro noticias, en casa ya sabemos cómo cuidarnos y prefiero no amargarme ni intoxicarme con lo que pueda ver o escuchar sobre la pandemia”, dijo la mujer, que sólo volvió a salir para hacer a la pequeña sus controles semanales, los que también tienen toda una logística: “Yo me recepciono y la nena se queda en el auto con el papá y la busco cuando me avisan que ya le toca el turno”.

Sobre si siente que la pandemia “opacó” la llegada de su hija, reconoció: “Me da mucha pena que no haya sido como lo habíamos soñado, que no haya podido entrar el papá, pero al verla a ella sana y bien una se olvida de todo”.

Seguramente el guión de la “película” que Carla había imaginado para el momento en que ese hijo tan deseado y esperado llegara al mundo dista mucho de lo que ocurrió.

Carla recurrió a un banco de semen y se sometió a varios tratamientos de fertilización para convertirse en madre de Beltrán
Carla recurrió a un banco de semen y se sometió a varios tratamientos de fertilización para convertirse en madre de Beltrán

Optimista por naturaleza, ella pudo verle “el lado positivo” a la situación que le tocó atravesar y es que, al no poder tener visitas en el sanatorio, ella y el bebé pudieron conocerse y adaptarse, cosa que no suele ocurrir cuando una madre intenta establecer la lactancia o cambiar el primer pañal a su hijo en una habitación abarrotada de gente. “Pero por otro lado es difícil porque a la clínica sólo pudieron ir mi mamá y mi novio el primer día. Nadie me podía abrazar ni dar besos, ni a mí ni al bebé y eso en nuestra cultura es muy difícil”.

Es difícil que toda tu familia conozcan a tu hijo por videollamada o lo vean de lejos, desde la puerta”, dijo Carla, a quien también le resultan engorrosos los controles del bebé y suyos cuando tuvo que sacarse los puntos de la cesárea. Además de que no pudo hacerle los estudios complementarios recomendados en un recién nacido y que se indican al momento del alta.

Un tema no menor es que el pequeño está indocumentado: “Todos me insistían con que defina el nombre y a casi dos meses de nacer todavía no lo pude anotar”.

Carla pasa la cuarentena con su novio, a quien conoció a los siete meses de embarazo y hoy se convirtió en una pieza clave para que ella no tenga que salir de la casa y preservar así su salud y la del pequeño Beltrán.

Acerca de cómo vive el postparto reconoció que tiene “días y días”. “La herida cicatrizó bien, físicamente me siento bien, pero tengo mis momentos; lloro mucho. Hay días que quiero salir corriendo a la casa de mis padres y otros que transcurren mejor -confió-. Estimo que a todo el mundo le está pasando lo mismo no sólo a mí porque estoy puérpera”.

“El temor más común de las mujeres es que le pase algo malo a sus bebés”

Estar embarazada no genera más riesgo tanto para contraer la enfermedad como para desarrollar un cuadro grave en caso de que se infecten (Shutterstock)
Estar embarazada no genera más riesgo tanto para contraer la enfermedad como para desarrollar un cuadro grave en caso de que se infecten (Shutterstock)

Ignacio Pérez Tomasone es médico obstetra (MN 114408) y asegura que su vida “no tuvo un cambio radical” pese al coronavirus. “No vivo la cuarentena, sigo saliendo por la atención de las embarazadas y los nacimientos, un solo día me quedé en casa”, contó el especialista a Infobae, quien reconoció que el cambio más radical se dio en el consultorio: “Dejé de hacer consultas ginecológicas, sólo atiendo embarazadas o puérperas y los turnos son más espaciados para tratar de que en la sala de espera no haya más de dos personas”.

“Lo que más cambió es la atención presencial y trato de hacer más consultas telefónicas, pero a la embarazada hay que verla -sostuvo-. Hay controles que si no son esenciales se saltean o cuando vienen se le adelantan órdenes para estudios; trato de enfatizar que algunos controles no son tan necesarios, según el caso y cómo se desarrolla el embarazo”.

- ¿Cuáles son los principales temores que expresan las mujeres?

- En general les causó mucho temor que el primer decreto de emergencia sanitaria les otorgó licencia y eso las hizo sentirse incluidas entre los grupos de riesgo. En ese sentido, trato siempre de transmitir tranquilidad y explicarles que no son grupo de riesgo si bien tienen más vulnerabilidad a tener mayor compromiso respiratorio y es por eso que se las exceptuó de trabajar.

Les recalco que estar embarazada no genera más riesgo tanto para contraer la enfermedad como para desarrollar un cuadro grave en caso de que se infecten.

Una mujer embarazada es una adulta joven, por lo que salvo que tengan una enfermedad preexistente, el embarazo en sí mismo no le genera riesgo.

Otra instancia que genera muchas dudas es el momento de la internación y el parto: a las mujeres las angustia pensar en no poder internarse con un acompañante, que les programen una cesárea o no les permitan estar con su bebé ni bien nace. En este punto, las recomendaciones son claras en cuanto a priorizar el parto espontáneo, salvo que existan otros impedimentos médicos para que sea posible, promover el contacto piel a piel entre la mamá y el recién nacido desde el primer minuto de vida, y permitir que la mujer permanezca internada con la persona que ella elija.

No se demostró que exista transmisión vertical. Hubo algún recién nacido con COVID-19 en algún lugar del mundo pero se sospecha más de transmisión perinatal (por contacto con la madre infectada) que dentro del útero, donde no está demostrado que exista contagio, así como tampoco en el canal de parto.

Incluso si una mujer tiene coronavirus no es indicación que se le haga una cesárea, si médicamente no está justificado por otra causa.

Los principales miedos en general rondan acerca de qué le pueda pasar a su bebé, o si la leche materna contagia.

La OMS recomienda que cada mujer gestante tiene derecho a estar acompañada por quien ella decida (Shutterstock)
La OMS recomienda que cada mujer gestante tiene derecho a estar acompañada por quien ella decida (Shutterstock)

María Agustina Capurro es licenciada en Psicología con orientación perinatal (MN 69748) y miembro de la ONG Materna Salud Mental Perinatal y consultada por Infobae contó que “muchas mujeres consultan con temor acerca de cómo se implementan los protocolos de atención”.

“Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que llegaron a cada país apuntan a garantizar algunas cuestiones que tienen que ver con respetar los tiempos de gestación”, comenzó a explayarse la especialista sobre algo que está ocurriendo y que tiene que ver con que “muchas mujeres plantean adelantar la fecha de parto por miedo a que las agarre durante el famoso pico, que cada vez se corre más”.

En ese punto, Capurro señaló que asesoran a las madres “en la importancia de que estos acuerdos sean con el médico que viene haciendo el seguimiento del embarazo”. “Es clave que se garantice que quien viene haciendo el seguimiento del embarazo sea con quien se planteen y lleven a cabo esos acuerdos”, sostuvo la especialista, para quien es clave “resguardarse de la pseudo información que circula y recurrir a interlocutores válidos”.

Otras de las recomendaciones de la OMS en el marco de la pandemia tienden a “garantizar el contacto con el bebé en cuanto nazca si no hay ninguna causa médica que lo impida, así como la internación conjunta de madre e hijo y propiciar la lactancia materna desde la primera hora de vida”. Asimismo, si bien es cierto que “cada mujer gestante tiene derecho a estar acompañada por quien ella decida”, Capurro reconoció que “hay contextos más propicios que otros en términos de materiales de protección o cuestiones edilicias que llevan a la necesidad de minimizar la circulación”.

Sobre cómo es la logística el día del parto, Pérez Tomasone destacó que “toda mujer puede tener un acompañante, siempre que sea menor de 60 años y no posea comorbilidades”. “En muchos lugares no dejan entrar acompañante con el argumento de proteger al personal de salud, por el hecho de que haya la menor cantidad de gente en los centros de salud o muchas veces porque no tienen camisolines ni barbijos suficientes para darle a los padres”.

Mis nacimientos siguen teniendo acompañante, pero eso depende más de la política del sanatorio”, aseguró el obstetra, quien sí reconoció que “hay menos personal y mayor protección en la sala de parto”. “Pero más allá de eso no varió mucho más, se trata de seguir acompañando a la mujer”.

Y tras asegurar que “siempre se cuida la higiene en una sala de parto, ya que es un ámbito quirúrgico”, enfatizó: “Lo único que cambió es la disminución de personas y mayores protecciones”.

Una reflexión sobre la salud mental de las madres

Una mujer que es madre en esta pandemia tiene que renunciar a muchas cosas, además de a su parto soñado: debe prescindir de la presencia de su propia madre si la tiene, de sus amigas
Una mujer que es madre en esta pandemia tiene que renunciar a muchas cosas, además de a su parto soñado: debe prescindir de la presencia de su propia madre si la tiene, de sus amigas

Desde Materna Salud Mental Perinatal trabajan con todos los actores de la salud mental perinatal, e incluso se apoyan en pediatras y obstetras. Compuesta por psiquiatras, psicólogos y ex pacientes que en su periodo perinatal sufrieron algún trastorno del ánimo y ahora ayudan a otras mujeres, la red cuenta con especialistas en todo el país, y su rol es ser un “puente” entre las mujeres consultantes y los profesionales.

"La ansiedad y temores propios de ese momento en la vida de cualquier mujer se ven amplificados por este contexto, y aparecen otros miedos que en otra situación no se plantearían. Para Capurro si a eso se suman “las renuncias que la mujer tiene que hacer en esta situación”, el combo puede resultar explosivo.

Es que las mujeres que se convierten en madres en esta pandemia “tienen que prescindir del apoyo de sus padres las que los tienen, sus hermanos y amigas”. Por eso, para la especialista es clave “no perder el contacto y entender que esto es una pausa, que todo aquello se va a recuperar y que este esfuerzo es en pos de garantizar la salud colectiva”.

“Es importante armar equipo con la pareja o el acompañante que sea; siempre hay un otro en quien es necesario apoyarse y asumir que esto es por un tiempo”, consideró la especialista, para quien “en algunos casos el contexto puede resultar beneficioso en el sentido de que se prioriza el vínculo de madre e hijo en las primeras horas de vida, tan claves para conectarse con el bebé”. “Que no haya otros en un punto viene bien, aunque después es lógico que uno quiere compartir su felicidad con los seres queridos y que conozcan a su bebé”.

Capurro hizo un llamado a ver el vaso “medio lleno” y “capitalizar el tiempo para conectar con el bebé, para recuperarse la mujer físicamente y para armar equipo con el que acompaña”. Para ella, “uno fantasea mucho con quiénes van a estar y este es un momento seguramente diferente al soñado”, pero bien podrá pensarse -por más trillado que suene- que “hoy no es siempre”. Y concentrarse en disfrutar de la llegada de un hijo, que si fue deseado y esperado, sin dudas será de esas experiencias bisagra en la vida, que nada -ni una pandemia- podrá opacar.

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