El guión de largo plazo permanece inalterable en EEUU

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(Reuters)
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(Desde Washington) La máquina se puso en funcionamiento una vez más. A pesar de que se trataron muy mal durante la campaña y se desearon lo peor, hoy se ven las caras el presidente saliente con el entrante. Dos visiones antagónicas de la realidad y del futuro, las dos mitades en las que está divido este país, se encuentran en lo que constituye una renovación del contrato esencial de convivencia norteamericano. Trump visita a Obama en la Casa Blanca para mostrar que más allá de las diferencias que los separan, existe un paraguas protector que los cobija, que tiene que ver con el respeto a las instituciones y a las prácticas civilizadas de la política.

El encuentro formal, que incluye también a las dos primeras damas, sirve para mostrarle a los norteamericanos y al resto del mundo que el guion de largo plazo permanece aunque ahora cambien por un tiempo los actores. Para muchos allí radica la verdadera fortaleza de este gigante. EEUU es la potencia hegemónica del planeta no por su poderío económico y militar, sino que, por el contrario, estos serían consecuencia de la presencia de instituciones muy fuertes y del respeto irrestricto a las reglas de juego.

La visita de hoy se suma al discurso de ayer de reconocimiento por parte de la candidata derrotada, Hillary Clinton, quien en un muy sentido mensaje le deseó a su contrincante toda la suerte y se puso a su servicio. Pero no todo queda solo en lo formal. Desde ayer mismo funcionan en las principales áreas de Gobierno equipos de transición, para hacerle más fácil la llegada a los nuevos ocupantes y para que no se interrumpan programas esenciales. Los que salen les abren las puertas a los que entran.

El gran interrogante tiene que ver con quiénes serán los que entran. El pueblo americano al patear el tablero el último martes, hizo que las piezas volaran por el aire y recién ahora van empezando a caer, por lo que en los próximos días iremos viendo dónde y cómo caen. Quienes serán los que acompañen a Trump en la tarea de gobernar a la primera potencia mundial. Se especula ya con algunos nombres: el archiconocido Rudolph Giuliani, protagonista de la famosa tolerancia cero neoyorquina, parece que tendrá un rol estelar; lo mismo que Newt Gringrich, el líder republicano que desde el congreso le provocara enormes dolores de cabeza al entonces presidente Clinton, que suena para Secretario de Estado. De verificarse esta decisión, en la diplomacia americana las palomas serían reemplazadas por los halcones.

Habrá que estar atentos a cada discurso, decisión y jugada de Trump, para ir perfilando qué tipo de políticas quiere instrumentar desde la Casa Blanca y que orientación quiere darle a su administración. Algo que en este caso es esencial porque no tenemos ningún antecedente en el que basarnos. El millonario llega a la presidencia, como el primero en la historia sin haber tenido un paso por las fuerzas armadas o haber ocupado antes cargo público alguno. Tal cual le sucediera a Obama con Guantánamo y tantas otras promesas incumplidas, una cosa era hablar en la campaña para ganar voluntades y votos y otra muy distinta es tomar decisiones de gobierno. Veremos si en estas tierras del norte se aplica una vez más el teorema de Baglini, en su versión gringa por supuesto.