El ex piloto austriaco Niki Lauda falleció este lunes a los 70 años. Su muerte conmocionó al deporte porque era considerado uno de los mejores pilotos de la historia de la Fórmula 1, y puntualmente recordad por el terrible accidente que sufrió en Nürburgring en 1976. Un incidente que casi le cuesta la vida y que le dejó considerables cicatrices en el rostro.
El próximo 1 de agosto se cumplirán 43 años del histórico accidente que sufrió Lauda a bordo de su Ferrari 312T2 en el Gran Premio Alemania. En aquel choque, que afortunadamente no terminó en tragedia, el piloto que defendía el primer título mundial de su trayectoria deportiva. Era la séptima carrera del Mundial de la Fórmula 1 de 1976. Lauda había obtenido cuatro victorias en los seis circuitos recorridos en el nuevo campeonato.
Tenía una gran ventaja en la clasificación general y todo indicaba que iba a repetir los buenos resultados de la temporada anterior. Sin embargo, en la curva del kilómetro 14 perdió el control de su coche. Fue un accidente terrible y el fuego lo abrazó al instante. Las llamas eran incontrolables. Tres pilotos lo salvaron de morir quemado vivo dentro del automóvil.
Había impactado contra el muro. Su auto salió de la pista y retornó completamente incendiado. Brett Lunger chocó contra él y fue el encargado de salvarle la vida, junto a Harald Eartl y Arturo Mezario.

Niki Lauda, quien en ese momento tenía 27 años, quedó inconsciente. Al desperar, estaba internado en una clínica de Ludwigshafen. Allí trataron sus múltiples quemaduras de tercer grado en todo su cuerpo y limpiaron sus pulmones durante días, ya que había inhalado gases tóxicos durante el accidente.
"Seis meses después volví a conducir al mismo nivel o incluso mejor todavía. Y eso sólo es posible si uno supera un problema al 100%. El hecho de recuperarme rápido formaba parte de mi estrategia. No podía estar sentado en casa pensando en ello, por qué pasó y por qué a mí", recordaba el austriaco, quien en 1977 fue campeón mundial nuevamente con Ferrari.
El antes y el después del rostro de Niki Lauda, quemado en el accidente de 1976
"Para mí el 1 de agosto es un día como otro cualquiera. No me pongo delante del espejo y digo: '¡Hurra, hurra, hurra, estoy vivo!'", señaló Lauda en una entrevista al diario Frankfurter Allgemeine Zeitung.
Su perfil derecho siempre llevó una enorme cicatriz, sobre todo en su oreja, que quedó completamente deformada. Otra de las secuelas fue una operación de los riñones que se dañaron por la toma de medicamentos.

Aquel accidente fue un punto de inflexión para la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), quien cambió profundamente las normas de seguridad de la Fórmula 1. Desde ese momento todas las pistas tienen un Centro Médico permanente, algo similar a un pequeño hospital. Además, todos los pilotos tienen como obligación realizar distintos cursos de rescate en pista.
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