El partido entre Uruguay e Italia por la Copa del Mundo de Brasil 2014 disputado el 24 de junio de aquel año fue un antes y un después para Luis Suárez, quien ese día mordió al defensor Giorgio Chiellini y luego fue sancionado de oficio por la FIFA, que lo obligó a abandonar el certamen. A casi 4 años de aquel episodio que marcó su carrera, el delantero habló de cómo vivió los momentos posteriores a la agresión.

"Después de que lo hice yo me di cuenta en seguida", reconoció en diálogo con su compañero Gerard Piqué en una entrevista publicada en The Players Tribune. "Hacemos el gol a los minutos, creo, a los diez minutos, creo, hacemos el gol de Godín y yo no lo festejo tanto como festejaría —como lo festejaron todos— porque yo ya estaba pensando en el después".

(Reuters)
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A pesar de no haber visto la tarjeta roja, quien entonces vestía la camiseta del Liverpool de Inglaterra advirtió que el mundo entero ya había visto por televisión lo sucedido y que eso le traería serias consecuencias.

"Entro al vestuario y lo primero que hago es hablar con mi mujer, que estaba ahí con los nenes y todo. Y me preguntaba, me preguntó qué había hecho, y obviamente que yo siempre, desde el principio, no quería aceptar la realidad, negando, llorando, todo. Y bueno, después, todo… algunas sensaciones en el vestuario de felicidad, pero también todos mirando los teléfonos y todo por lo que se veía. Y bueno, la verdad que fue un momento muy, muy dolorido (sic) para mí, para el grupo. Y obviamente que a uno le afecta, le duele todo eso, lo que haya pasado".

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Mientras todos señalaban su acción, había una realidad que la prensa mundial no conocía. Durante el certamen el futbolista estaba acordando su llegada al Barcelona y ese mordisco podía costarle el traspaso. Pero finalmente su representante le confirmó que el conjunto catalán estaba dispuesto a comprarlo de todas formas: "No tengo problemas de decir que lloré, porque me estuvieran aceptando. Y yo pasando por todos los momentos que pasé y la cagada que me había mandado, era complicado confiar en mí. La verdad que en eso el Barça se ha portado espectacular conmigo".

En Rusia, el delantero de 30 años tendrá una nueva oportunidad de revertir la imagen que dejó en Brasil y de ayudar a su selección a llegar tan lejos o incluso más de lo que hizo en Sudáfrica 2010, cuando alcanzó las semifinales. Pero para eso deberá aprender de lo sucedido.

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