"Su estado es terrible. Estuvimos juntos mucho tiempo. Uno de los recuerdos más inolvidables que conservo de Héctor se refiere a la Nochebuena del 77. Los guardianes nos dieron permiso para sacarnos las capuchas y fumar un cigarrillo. Y nos permitieron hablar entre nosotros cinco minutos. Entonces Héctor dijo que por ser el más viejo de todos los presos, quería saludar a todos, uno por uno. Nunca olvidaré aquel último apretón de manos. Héctor tenía sesenta años cuando sucedieron estos hechos. Su estado físico era muy, muy penoso".
(Eduardo Arias, psicólogo y compañero de cautiverio de Héctor Germán Oesterheld en El Vesubio, uno de los centros de detención de la dictadura militar 1976-1983)

Oesterheld no recuperó la libertad. Fue asesinado algún día de 1978. Antes corrieron la misma suerte sus cuatro hijas: Estela, Beatriz, Marina y Diana (dos, embarazadas), y tres de sus maridos.

Oesterheld y su familia.
Oesterheld y su familia.

Héctor Germán Oesterheld Puyol, hijo de un alemán y una española, nació el 23 de julio de 1919: un siglo. Casado con Elsa Sánchez –la única que advirtió la tragedia que sobrevendría–, fue brillante. Dibujante, periodista, guionista, escritor, geólogo, divulgador científico…

La historieta, ese paciente trazado, ese mundo paralelo, fue la urdimbre de un mundo feliz desbarrancado

Pero la historieta, ese paciente trazado, ese mundo paralelo, fue la urdimbre de un mundo feliz desbarrancado, idea a idea, línea a línea, hacia la destrucción.

Una foto, tomada en la casa familiar de Béccar (él, su mujer, sus cuatro pequeñas hijas) es como el preludio del último suspiro. Héctor, profesor de Geología, autor de relatos y novelas de ciencia ficción, y sus hijas, futuras alumnas del colegio privado Northlands, donde estudió Máxima Zorreguieta, luego reina de Holanda, y más tarde, del Nacional de San Isidro: prestigio puro. Establishment sin fisuras…

Ya en los años 50 y principios del 60, las historietas de Oesterheld, publicadas con éxito en las revistas Misterix, Hora Cero, Frontera, deslizaban sutiles críticas al capitalismo, el colonialismo, el imperialismo. Un cliché de esos años: para algunos, simple pose. Para otros, compromiso auténtico…

El cuarto día de septiembre nace su máximo personaje. Su estrella absoluta. El Eternauta. Con dibujos de Solano López, y en la revista Hora Cero, que dirigía Oesterheld. Mucho más que un cómic…

Según su creador, que a veces firmaba como HGO, ese viajero del Tiempo y de todos los tiempos está inspirado en Robinson Crusoe: "solo, rodeado, preso no ya por el mar sino por la muerte", según HGO.

La historia de El Eternauta empieza en Buenos Aires. Un hombre aparece en la casa de Germán, guionista de cómics, y se presenta como Juan Salvo, el eternauta: un hombre atrapado en el espacio, buscando el modo de salvar a su familia de una tragedia (la contracara de lo que sucedió: Oesterheld y sus hijas se plegaron a los Montoneros, principio de su atroz final).

 
 

El desastre empieza con una extraña nevada que cae sobre la ciudad y mata a cuantos son alcanzados por sus copos radioactivos. ¿Qué hacer? ¿Refugiarse en casa (el individualismo), o combatir?

Ideológicamente, Oesterheld detestaba al héroe solitario: "Sólo la lucha colectiva tiene sentido". Pero Eva Perón fue una de sus heroínas, y de sus héroes, el Che Guevara. De quien, junto con Alberto y Enrique Breccia, publica en 1968 una biografía, casi inmediatamente secuestrada y destruida por la dictadura de Onganía.

Solano López, su primer dibujante –y gran amigo– se preocupa. Sobre todo después de El Eternauta II, cuyo guión, de HGO, no disimulaba: exaltaba su compromiso político. Y recuerda: "Todo el trabajo de la segunda parte lo hizo en forma clandestina. Y protesté, porque él se excedía en el contenido militante y subversivo. Yo no les tenía simpatía a los militares ni a su sistema, pero el mensaje de Montoneros tampoco era de mi agrado. Y el personaje se desvirtuó. Yo no lo sentía. Me molestaba hacerlo, porque el personaje, según el guión, se movía, hacía y decía cosas que no encajaban".

Es extraña la identificación de Oesterheld con Robinson Crusoe, el personaje de la gran novela de Daniel Defoe (Londres, 1660-1731). Porque el famoso náufrago es un símbolo, una exégesis del liberalismo inglés a ultranza: el hombre que se salva por su inteligencia, su esfuerzo, y construye un mundo sin esperar ayuda alguna, metáfora de su desprecio al Estado…

Es más: Oesterheld dijo que "el héroe verdadero de El Eternauta es un héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir íntimo: el único héroe válido es el héroe en grupo, nunca el héroe individual, solo".

Lentamente, El Eternauta devora a otros grandes personajes de HGO. Lista para nostálgicos: Sargento Kirk, Bull Rocket, Ernie Pike (de quien Planeta acaba de publicar una nueva edición), Alan Crazy, Ray Kitt, Indio Suárez (boxeador), y Martín Fierro en historietas, ¡en la revista Billiken!

La vuelta de campana ideológica, cada vez más profunda, angustia a Elsa Sánchez, su mujer: "En los primeros años de matrimonio sentí que alcanzábamos la felicidad y la plenitud, pero tuve la premonición de que algo espantoso iba a sucedernos. Primero se fracturó el grupo. Después, mis cuatro hijas… militantes de Montoneros. Y más tarde, las desapariciones. No acepto la lucha armada. Fuimos tan felices. Parecía imposible que el escritor pacifista y democrático hubiera tomado partido por algo tan violento, poniendo en riesgo a sus hijas".

El 27 de abril de 1977 fue secuestrado por un grupo de tareas en La Plata. Por entonces ya habían desaparecido y asesinadas sus hijas: Diana (24), Beatriz (19), Estela (25) y Marina (18). Los "años felices en la casa de Béccar" –cita de Elsa Sánchez– se habían teñido de sangre.

A Oesterheld lo recuerdan un mural en la estación Uruguay –línea B del subte– y una baldosa con su nombre en la esquina de su casa.

Pero –honor al talento– el 4 de septiembre es el Día de la Historieta Argentina: la fecha en que ese día de 1957, en la revista Hora Cero, nació El Eternauta. Creado y escrito por Oesterheld. El hombre que se encarnó en él hasta el supremo sacrificio, la muerte. Muerte no en un cuadrito de historieta.

Real, brutal, monstruosa, en una mazmorra de la pavorosa y última dictadura militar.

 

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