Por Natalí Schejtman 

Chantal Mouffe (Lihue Althabe)
Chantal Mouffe (Lihue Althabe)

Con base en Londres, la teórica política belga Chantal Mouffe mira la coyuntura política del mundo -especialmente la de Europa- pero no se sorprende demasiado ante los movimientos políticos que vienen ganando terreno, desde Brexit hasta el crecimiento de Marine Le Pen, ni se escandaliza ante el éxito del "populismo de derecha".

De hecho, esta posibilidad de la política viene siendo abordada de distintos modos en sus libros. En Hegemonía y estrategia socialista, publicado en 1985 y escrito junto a su pareja, el teórico argentino Ernesto Laclau, fallecido en 2014, ambos plantearon, entre otras cosas, una propuesta de "democracia radical" en la cual distintos movimientos y colectivos sociales progresistas -ya no solamente "la clase obrera"- se unieran para conformar una alternativa de poder hegemónico.

También en sus otros libros, Mouffe indagó en distintos conceptos que hoy resuenan particularmente: una política democrática que no le escape al conflicto; la consecuente crítica a ese tipo de política "consensualista" que reinó en Europa y Estados Unidos en los años 90 y que, en los hechos, significó el giro al centro ideológico de fuerzas de izquierda. Y también, la constitución de un "nosotros" y un "ellos" como estrategia política, algo que fue retomado de distinto modo por movimientos que sienten cercanos a Mouffe y Laclau como Podemos en España o, incluso, el kirchnerismo en Argentina, pero también por Trump o Marine Le Pen.

“Por un populismo de izquierda” (Siglo XXI), de Chantal Mouffe
“Por un populismo de izquierda” (Siglo XXI), de Chantal Mouffe

Mientras el mundo discute sus nuevas sociedades polarizadas y los discursos políticos que verbalizan y se embanderan en esta polarización, Mouffe escribe un manifiesto pragmático: Por un populismo de izquierda (Siglo XXI) parece ser no solamente un análisis de coyuntura -con foco en Europa Occidental- sino una intervención directa para que las izquierdas no solo no se horroricen con la estrategia populista de derecha si no que se valgan de sus procedimientos, pero de un modo progresista.

De visita por Buenos Aires para presentarlo y también para participar en el Primer Foro de Pensamiento Crítico organizado por Clacso, dialogó con Infobae Cultura.

Este libro tiene un tono diferente que los anteriores: ¿por qué decidiste hacer un manifiesto?

-Porque yo creo que estamos en un momento crucial. Hoy día siento como una especie de urgencia de que la izquierda entienda en qué consiste el momento populista para saber cómo responder y tener tanto éxito como el populismo de derecha. Estamos en un momento de crisis de la hegemonía neoliberal -lo que no significa que no haya políticas económicas neoliberales. Antes se veía el modelo de globalización neoliberal bajo la forma anglosajona como la que aportaba la solución a todo. Eso ya no es el caso para nada. Gramsci habla de un período de interregno en el que lo viejo está muriendo, pero lo nuevo no ha realmente nacido. En ese período pueden manifestarse muchos monstruos. Es un momento de peligro pero también de oportunidades. Evidentemente, este momento populista puede llevar a gobiernos mucho más autoritarios, pero también a otros gobiernos que podrían permitir una radicalización de la democracia. Por eso hay una oportunidad.

De visita por Buenos Aires para presentar su último libro y también para participar en el Primer Foro de Pensamiento Crítico organizado por Clacso (Lihue Althabe)
De visita por Buenos Aires para presentar su último libro y también para participar en el Primer Foro de Pensamiento Crítico organizado por Clacso (Lihue Althabe)

La palabra populismo -no solamente en Europa- despierta un rechazo automático. Pero vos haces hincapié en que es una estrategia a seguir…

-En Europa, se ve al populismo cada vez más como algo malo porque los gobiernos neoliberales se sienten fragilizados, entonces justamente están tratando de persuadir y plantear, como dice Macron, a "la lepra populista" como algo que pone en peligro la democracia. Él presenta tanto el populismo de derecha como el de izquierda como las dos caras de la misma moneda, lo que le permite presentarse a él mismo como el que va a salvar la democracia. Es claro que lo que quieren es deslegitimar y estigmatizar a todas las demandas que ponen en cuestión el consenso neoliberal existente, presentándolo como peligroso para la democracia. Por eso la urgencia que yo veo es la de tratar de demostrar que, claro, ciertas formas de populismo, si llegan a ser victoriosas, sí van a llevar a gobiernos más autoritarios, pero que la manera de responder a eso no es defender el orden neoliberal, porque el orden neoliberal está en el origen de esos problemas. Lo que se necesita es una estrategia que entienda las raíces de ese movimiento populista, que entienda que, aunque estén muchas veces articuladas de manera xenófoba y nacionalista, son demandas democráticas. Porque son distintas formas de resistencia contra lo que llamo la "posdemocracia". La posdemocracia combina la pospolítica, es decir, el borramiento de fronteras como "izquierda" y "derecha" en favor de un consenso en el centro, y un elemento nuevo que se ha añadido sobre todo a partir del 2008: el proceso de oligarquización de nuestras sociedades europeas, que es una consecuencia del capitalismo financiero, de la crisis y de las políticas de austeridad que han sido instauradas después de la crisis. Hay una grieta cada vez más grande entre un pequeño grupo de gente superrica y las clases populares. Evidentemente la situación es mucho peor para las clases populares, pero también hay una gran parte de las clases medias que está sufriendo muchísimo. Estamos asistiendo a un fenómeno de latinoamericanización de los países europeos. Eso en Europa no existía, es una situación nueva.

En En torno a lo político (2005) analizabas el borramiento discursivo de la izquierda y la derecha en Europa Occidental y el giro de la izquierda a la centro-izquierda. Ya en ese momento mencionabas que los países que tenían un populismo de derecha eran aquellos en los que empezó a haber pocas diferencias entre los partidos, que se volvieron más parecidos entre sí. ¿Cuál es la responsabilidad de los partidos socialdemócratas en este momento político?

-Yo insisto en que los responsables del éxito de los populismos de derecha son los socialdemócratas o los partidos que normalmente tienen que defender los intereses de las clases populares, porque son los partidos que han abandonado a las clases populares. En el caso del Partido Demócrata de Estados Unidos, uno de los últimos libros de Thomas Frank, Listen Liberal, muestra cómo, desde el primer gobierno de Clinton, el partido se ha ido alejando cada vez más de las clases populares hasta cortar con ellas. Lo mismo en Francia, lo mismo con el New Labour de Tony Blair. Los populismos de derecha fueron partidos que se dirigieron a los excluidos para darles una voz. Por eso yo digo que hay un elemento de reivindicación democrática. Ellos estaban olvidados. Hay que darles una voz a los que han perdido esperanza pero también recuperar los que han sido atraídos por los partidos populistas de derechas porque se sentían abandonados.

(Lihue Althabe)
(Lihue Althabe)

En tus trabajos reivindicás una democracia "agonista", es decir, que no niegue los conflictos si no que los explicite, pero a la vez que reconozca al otro como un adversario político legítimo y no como un enemigo al que hay que eliminar. ¿Te parece que en el marco de sociedades más polarizadas ya se está abandonando el ideal de la democracia consensualista o todavía el "conflicto" tiene mala prensa?

-Yo no veo mucha puesta en cuestión del consenso en Europa. Justamente critican al populismo tanto de izquierda como de derecha por romper el consenso, por polarizar la sociedad. Esa es la estrategia de Macron y de Renzi en Italia. Mire la cantidad de veces que dijeron "nosotros estamos en contra de la política del 'nosotros' y el 'ellos'". El disenso tiene mala fama en ciertos círculos de gente liberal. Pero por otra parte el éxito del populismo de derecha es que polariza, entonces la gente se puede identificar. Esos partidos crean un núcleo de adhesión. Eso está ligado a otro aspecto de mi trabajo, que es el papel de los afectos en la política: ellos movilizan pasiones, crean formas de identificación. Eso no lo puedes hacer si no polarizas. Para movilizar hay que polarizar. Claro que los "poderes fácticos" insisten en el consenso, pero sobre la base del consenso que han establecido ellos, que evidentemente tienen excluídos que ellos no quieren reconocer. No hay política sin construcción de un "nosotros" y un "ellos", pero esa frontera puede ser construida de manera política, polarizando sobre la base de la configuración de intereses, o de manera moral. En el caso de Tony Blair y el "Nuevo Laboralismo" era absolutamente claro: él decía "no hay más política adversarial", "no hay frontera en la política", pero construían otro tipo de frontera: entre los "tradicionalistas" y los "modernistas": los que no están de acuerdo con nosotros son tradicionalistas. Macron hace exactamente lo mismo: los progresistas y los conservadores. Él niega la frontera política, dice que no hay diferencia entre izquierda y derecha, pero a la vez recrea otro tipo de frontera.

Tu libro anterior es un diálogo con Íñigo Errejón, uno de los fundadores del partido político "Podemos"; a la vez, es sabido que Cristina Kirchner es lectora de tus libros y presentaste el último en el Instituto Patria; también, este año diste una conferencia en el encuentro del Partido Laborista que dirige Jeremy Corbyn. ¿Te parece que los intelectuales y académicos deberían tener un involucramiento más concreto en la política?

-Yo no me considero una académica. Es decir, es como me gano la vida, pero si debo definir mi identidad, me considero una activista intelectual. Yo quiero actuar a través de las ideas.

¿Sentís que este momento del mundo y de Europa particularmente te da la razón en relación a lo que venís estudiando en tus distintos libros?

-En lo que sí me da la razón es en lo que estuve diciendo en el libro En torno a lo político: que ese modelo de pospolítica, de consenso al centro, no era como decían Urlich Beck o Anthony Giddens, un progreso para una democracia más madura, si no que, al contrario, era algo peligroso porque creaba el terreno para el desarrollo de un populismo de derecha. Ya en ese momento yo me interesé en el partido de Heider, en Austria. Ahora 15 años después, hay partidos populistas de derecha en casi todos los países europeos.

(Lihue Althabe)
(Lihue Althabe)

¿Y algo que te haya sorprendido? ¿Que no esperabas que fuera así?

-Cuando publiqué En torno a lo político, en 2005, yo quería hacer una intervención para llamar a que los partidos socialdemócratas recuperaran el carácter agonista de la democracia y su identidad de izquierda. Pero la crisis de 2008 me hizo pensar que no había posibilidad de que la mayor parte de los partidos socialdemócratas pudieran recuperar su identidad, porque habían sido demasiado cómplices del establecimiento del neoliberalismo. En el 2008 hubo una ventana de oportunidad que hubiera podido ser aprovechada por estos partidos para intervenir, hacer lo que hizo Roosevelt con el New Deal: intervenir para cambiar la relación de fuerzas. En cambio, los partidos socialdemócratas apoyaron todas las medidas de austeridad. En ese momento pensé bueno, ya está, realmente va a ser necesario crear otros partidos fuera de la socialdemocracia. Pero hay una excepción que es Jeremy Corbyn, que ha resignificado totalmente la fuerza Laborista. El partido de Corbyn no es ya el partido de Blair, hay una ruptura.

¿Jeremy Corbyn tiene una estrategia populista de izquierda?

-Es interesante porque su slogan "Para la mayoría, no para unos pocos" ya había sido utilizado pero de un modo muy distinto, muy inclusivista, y fue resignificado: For the many, not the few, planteando la frontera. Es distinto en cada país. En el Laborismo actual ellos dicen que defienden un socialismo democrático, mientras que Mélenchon en Francia defiende más un socialismo ecologista. Pero, de todas maneras, el punto común es una estrategia de radicalización de la democracia, lo cual se entiende y se concibe de manera distinta en cada país.

¿Qué sería radicalizar la democracia?

-Por ejemplo, es un aspecto muy interesante en el programa de Corbyn un proyecto muy serio sobre cómo uno puede democratizar las relaciones sociales en la economía. Pero no solamente eso: también implica radicalizar la democracia tomar las demandas feministas. La idea es ver cómo puede uno crear instituciones que van a permitir tomar las distintas luchas. Por eso depende mucho de los distintos países, porque esos movimientos sociales son distintos. No se trata de tener una experiencia igual para todos los países. Uno podría resumirlo así: radicalizar la democracia es poner en cuestión la hegemonía neoliberal en nombre de la democracia.

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