Joël Dicker (Adrián Escandar)
Joël Dicker (Adrián Escandar)

El autor suizo Joël Dicker (33)  fue llamado por The New York Times como un "irritante niño prodigio literario". Con cuatro libros en su espalda y varios premios, llegó a México para participar de la Feria del Libro de Guadalajara y finalizar así su primera gira por esta parte del mundo, tour que comenzó en Argentina y continuó en Colombia.

Durante su paso por Buenos Aires, el autor de La verdad sobre el asunto de Harry Quebert, que vendió millones de copias a nivel mundial, dialogó con Infobae Cultura sobre La desaparición de Stephanie Mailer, los medios de comunicación, la educación, la igualdad de género y el arte como medio para reparar.

El universo de La desaparición de Stephanie Mailer es extenso, con alrededor de 30 personajes, la mayoría con voz e historias propias, que a medida que se avanza en las más de sus 600 páginas obtienen el rótulo de sospechosos. Algunos, descartados con el transcurso de la historia, otras permanecen en la neblina hasta el final, en una historia que como un rizoma entrecruza dos casos de homicidios con 20 años de diferencia, que vuelven a conectarse.

En una novela con tantos personajes, que se van conectando de a poco, ¿cómo es el armado de esas relaciones?

-Cuando escribo lo hago a ciegas y según mis ganas. No tengo un plan de trabajo, descubro lo que quiero escribir a medida de que la historia avanza. A fuerza de buscar esa historia aparece un personaje, la idea de una trama, es como cuando cocinas y abres tu heladera y te preguntas qué elementos tienes para preparar algo. Sacas esto, aquello y terminas tomando una decisión. Las ganas son el motor, porque no te preguntas qué debo y qué no en ese momento que tienes hambre. Yo tenía ganas de crear muchos personajes y a medida que se instalaban me gustaba como iban respondiendo a ese lugar. No hay ninguna lógica, ningún trabajo previo de pensar qué es lo que le conviene al libro, al lector o un posible éxito. Solo pienso en qué es lo que me conviene a mí, que es lo que tengo ganas de hacer.

Muchos autores aseguran que por más que la historia cambie de una novela a otra, en el fondo les interesa escribir sobre los mismos temas, ¿es algo que te sucede?

-Sí, pero creo que no es consciente. No es que me digo "voy a hablar" de esto, pero sí una vez que termino digo "puta madre, escribí de lo mismo". Con estas última novelas, supongo que irá cambiando, pero me interesa mucho la cuestión de la reparación personal a través del arte.

¿Por qué crees que el arte es reparador?

-Creo que el arte es un medio de introspección, no lo veo como una manera de curarse expresando algo. La cuestión es: qué es lo que el arte refleja de ti mismo. Ves un cuadro o leés una novela, la resonancia que eso tiene en ti, tu reacción respecto de eso, si frenas un poco y te lo preguntas; eso es el principio de la introspección: ¿por qué reacciono así?, ¿por qué pienso esto?, ¿por qué siento esto? Es el inicio de algo muy profundo.

(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

En ese sentido, ¿creés que a través de crear arte estás reparando algo de tu vida?

-No creo que sea el objetivo final, por lo menos no de manera consciente. Pero creo que simplemente nos da la posibilidad de aceptar quiénes somos. Hicimos lo que hicimos, dijimos lo que dijimos y hay que vivir con uno mismo, no tenemos un botón de reset para empezar de cero y ser una persona distinta. Creo que la cultura y el arte son un modo de sintetizar todo eso, esa especie de magma de nuestra propia vida con la que podemos crear o disfrutar y sacar provecho de una creación ajena.

Varios de los personajes están relacionados con el arte, aunque sobre todo forman parte de estructuras que están en crisis por los cambios de hábitos sociales, como un pequeño diario, una revista literaria o incluso un festival de teatro que apenas sobrevive, ¿por qué elegiste estos escenarios para tus personajes?

-Me interesaba hablar de medios que están desapareciendo, como la prensa, que está en un periodo de crisis muy importante y que cumple una función muy importante dentro de la sociedad. Tendemos a decir que la prensa es el papel y que hoy es un modo de comunicación menos importante que internet. Y olvidamos que el papel es el soporte, lo importante es la información. Y creo que son esenciales porque si no hay diarios independiente no hay más estado de derecho. En Suiza, Francia, en Europa en general, tenemos gente que puede acceder a todos los diarios posibles del mundo, pero no hacemos nada con eso. Creemos en Facebook, como si fuera el Pulitzer de la información y es alarmante.

Si los adultos que crecieron con el papel y migraron a lo digital ya no consumen noticias en medios creíbles, ¿cómo afecta los nativos digitales?

-Muchísimo. Es un cambio que debe empezar en la escuela, debe haber un despertar. Los que crecieron con internet tienen que llegar a un tipo de educación distinta. Todo ha cambiado y el modelo de educación actual ya no corresponde a lo que sería necesario para las elecciones que vienen. Podemos tomar el ejemplo de la sexualidad, hoy en Suiza recibimos clases de educación sexual a los 10 ó 11, te empiezan a explicar, te ponen un preservativo en una banana, pero eso funcionaba hace 15 años cuando la relación con la pornografía era una mujer desnuda en Playboy. Hoy no es así, a los 11 años, y conozco casos, ya miran imágenes de porno muy duras, muy violentas en internet. Entonces hay que preguntarse qué estamos haciendo y dar herramientas a esa generación para que asuman sus responsabilidades, tanto a la hora de saber cómo seleccionar una noticia o a no tener falsas creencias. La sexualidad no es lo que vemos en las películas, todo esto necesita una reforma muy importante. Y también sucede algo similar respecto a la violencia de las imágenes. Hoy cuando hay un atentado, un ataque, un accidente, queremos las imágenes. Queremos ver todo, pero cuando vemos todo ya no sabemos qué es la realidad y qué es la ficción.

(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

Justamente, en La desaparición de Stephanie Mailer se caracteriza por una gran ausencia de la violencia gráfica, no hay secuencia de asesinatos, ni nada que se pueda asimilar a lo gore. ¿Es en esta línea de pensamiento que decidiste sacar del eje la cuestión violenta?

-Sí, eso es algo personal. La sangre no es muy interesante, el crimen es un hecho y, para mí, lo interesante es saber por qué sucedió, por qué una persona llega a eso. Creo que hay muchísimos elementos importantes antes que saber cuánta sangre se derramó, cómo. No me interesa ni leo literatura de ese tipo.

Es un poco ir contra la corriente en una época en que los asesinatos tienen incluso su propio canal en televisión y ocupan cada vez más tiempo de pantalla en los noticieros, por ejemplo.

-Sí, pero yo creo que tenemos que saber si queremos seguir lo que se hace, y a lo cual no adherimos, o si queremos intentar, modestamente, con los medios propios desviar la corriente para otro lado. Creo que es importante cultivarse para no creer en todo lo que se dice.

En la novela compones tu primer personaje femenino fuerte. Incluso en uno de los capítulos se revela que obtuvo el puesto de trabajo por una cuestión de corrección política, para completar un cupo por la diversidad, por la política de género. Es un tema muy actual con todo el movimiento del #MeToo.

-La novela la escribí antes de #MeToo y es levemente distinto. Aquí estamos hablando de la igualdad entre el hombre y la mujer. Me parece increíble que aún hoy no haya una igualdad salarial en el funcionamiento de la sociedad. Todavía hay gente que dice 'una mujer va a estar menos capacitada o calificada para tal puesto' o 'se va a quedar embarazada y eso es molesto'. Esa manera de pensar es de hace 250 años. Como me gusta decir, me sorprende que en 2018 hayamos enviado gente a la Luna, sondas a Marte o hagamos aviones extraordinarios, pero todavía no le podemos pagar lo mismo por el mismo cargo a un hombre y una mujer.

Esta semana se estrena en Europa de la serie de televisión de "Harry Quebert", dirigida por Jean-Jacques Annaud. La desaparición tiene también una estructura de serie, en el sentido de que todo el tiempo se abren ventanas que generan intrigas y, de alguna manera, obligan a continuar con la lectura. ¿Esta nueva forma de consumir contenido, como en las series, influyó en tu manera de estructurar tu escritura?

-No creo. Considero que ese vaivén es sobre todo porque no tengo idea de lo que va a pasar en el libro. Además, tampoco creo que las series hayan inventado nada, retoman lo que los folletines hacían en los diarios. Luego vino el cine y la serie pasó a ser de clase B. Pero las adaptaciones de novelas al cine en general no son buenas porque falta tiempo, pero hace una década las series comenzaron a convertirse en productos de calidad, con grandes actores y mucho presupuesto. Entonces, hoy las series buscan novelas porque son el único medio de entretenimiento que tienen ese lugar, las series necesitan a las novelas y no al contrario.

Uno de los personajes es un crítico literario que en un momento hablar de "categorías", colocando al policial, por ejemplo, por debajo de la romántica. Básicamente, habla de literatura y de lo que no lo es, ¿es una idea que compartís?

-Para nada, creo que toda la lectura es buena. Nadie pregunta si te gusta el tomate o las manzanas, ¿por qué habría que preguntarle a la gente qué lee? Eso es algo que existe lamentablemente, esa división entre lo que es bueno y lo que no. Hoy, al menos en Europa, el medio literario en vez de buscar lectores, de intentar que la gente lea más, los rechaza al decirle que algo que les interesa no está bien, no es lo que deberían leer.

Y eso produce menos lectores.

-Si y creo que es una lástima para la literatura en general, porque al excluir les impedimos acceder al placer. Mis novelas recibieron premios prestigiosos y tengo lectores que me dicen "nunca imaginé que pudiera leer un libro premiado" y cuando pregunto por qué me dicen: "porqué me da la impresión de que no es para mí". Creo que hay que ir a buscar a la gente que no lee, me pone muy feliz que los grandes lectores me lean, pero los que no leen pertenecen a este mundo y con las lecturas después van a formar su propio gusto. En todas las épocas hubo grandes escritores que al principio eran considerados malísimos. Por ejemplo, en Europa hoy todo el mundo hace reverencia Georges Simenon, pero cuando salió decían que era una porquería de supermercado.

Y, ¿qué es lo que buscas en tu forma de escribir para buscar lectores?

-Todos hemos idos a alguna conferencia de alguien que hace algo muy complicado, pero que te habla de cierta manera que te incluye en la conversación. Y te sentís parte, decís waw, hasta lo admiras y piensas que podrías hacerlo tú, todo porque lo explica sencillo. Pero si la misma charla la dan de manera excluyente, que la entiendan solo dos de la primera fila, no sirve. Depende si uno prefiere un mundo que incluya o excluya y yo ya sé lo que quiero.

*Jöel Dicker en la FIL Guadalajara
24 de noviembre, 6 P.M. Salón 6
Firma de libros: 7 a 9 P.M. en el Módulo de Firmas

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