Shusaku Endo, el cristiano que no perteneció a ningún lugar
Shusaku Endo, el cristiano que no perteneció a ningún lugar

Difícil es para cualquiera no pertenecer. Nunca. Difícil, ser siempre "el otro", el diferente. Y Shusaku Endo lo supo.

Endo nació en Tokio, en marzo de 1923. Varios meses antes que el gran terremoto de Kantō, un suceso de proporciones bíblicas, destruyera Yokohama, entre otras ciudades, y se llevara la vida de más de 100 mil personas.

Un año trágico para Japón. Quizá un preámbulo para una vida de debilidades e internaciones, de padecimientos e introspección, de soledad y rechazo. Y de gran, enorme, literatura, la de Shuzaku Endo.

Endo no llega a recorrer las calles de su ciudad natal, al poco tiempo de ver la luz su familia se muda a Manchuria, en China. Pasa allí 10 años, vive su primer destierro, el de no ser aceptado como uno más por pertenecer a otro país, a otra cultura.

Sus padres se separan y regresa, junto a su hermano y madre, a Japón, pero con destino a Kobe. En 1935, lo convierten al catolicismo en un país donde menos del 1 por ciento de la población profesa esa religión. Adopta el nombre de Paul. Todos se burlan, nadie lo comprende, se encuentra una vez más prisionero de sus soledades.

Soldados japones celebran la caída de Shanghai en la segunda guerra sino-japonesa
Soldados japones celebran la caída de Shanghai en la segunda guerra sino-japonesa

Antes de que la Segunda Guerra Mundial estalle, el Imperio del Japón vivía un clima de claustro, a través de una sociedad que se miraba a sí misma y que tenía, latente en la memoria, la traición de los países occidentales luego de la Gran Guerra, cuando fueron menospreciados en el Tratado de Versalles y no recibieron su porción del mundo, tal como les habían prometido.

Cuando se desató la II GM, la isla ya participaba de la Segunda Guerra Sino-Japonesa, que volvía a enfrentarlos con China. Endo por problemas de salud no puede redimirse ante la mirada del otro protegiendo el orgullo de la patria. Una vez más es mirado con desconfianza, su vida pasada en el actual enemigo tampoco lo ayudaba. Y todo empeoró cuando el Imperio le declara también la guerra a los Aliados: su cristianismo lo igualaba con aquellos traidores. Otra vez el rechazo, otra vez el Silencio, El mar y veneno.

La derrota, la disolución del Imperio, dejó a Japón inmerso en una crisis de identidad. Quizá similar a la que Endo había padecido desde siempre. Y se fue, hastiado de los destierros, hacia uno más. En Francia estudia literatura en la Universidad de Lyon entre 1950 y 1953. Otra vez los prejuicios, ahora por su raza, siquiera sus hermanos cristianos demostrarían empatía.

Endo
Endo

Los recuerdos lo acompañan y el dolor se hace carne cuando en Europa contrae pleuritis, una enfermedad dolorosa que se manifiesta con estacadas en el pecho al respirar. En Japón, la afección regresa. Pasa tres años atado a la cama de un hospital. Luego padece tuberculosis, escoliosis y al tiempo le deben extirpar un pulmón.

Su esposa, Okada Junko, quien se encargó de mantener vivo su legado literario, comenta en una entrevista: "Shusaku pasó toda su vida tejiendo la urdimbre de la fe y la trama de la enfermedad". Y es que de los 40 años que estuvieron juntos, Endo estuvo hospitalizado durante más de 10.

Sus obras imprescindibles

En 1955 publica su primeros títulos: Hombre blanco, que le vale el prestigioso premio Akutagawa, y Hombre amarillo. En Hombre blanco un sacerdote es torturado por un francés a las órdenes del nazismo, los une un pasado de amistad adolescente. El religioso soporta las peores vejaciones, a la espera de que ese Dios al que se encomendó encuentre la manera de salvarlo. Mientras que en Hombre Amarillo un misionero francés es expulsado de la iglesia por delitos sexuales y atraviesa una serie de dilemas internos. Incomprendido por sus colegas japoneses, decide renunciar a su fe para sumergirse en la oscuridad.

Ambas nouvelles funcionan como una doble hélice, donde se entrecruzan los temas que lo acompañarán durante su obra: la crueldad; el amor; la fe religiosa, sobre todo cristiana; el sadismo; la culpa, la soledad y la sexualidad.

Dos años después publica El mar y veneno, una de sus obras trascendentales, basada en hechos reales y que le significaron los premios Manichi y Shincho.

La historia –spoiler alert– retrata la vida del doctor Suguro, un médico huraño que vive a las afuera de Tokio tratando de huir de un pasado que lo acecha: en un hospital japonés durante la IIGM se llevan a cabo una serie de experimentos al estilo Mengele sobre prisioneros estadounidenses, como vivisecciones para determinar cuánto se puede cortar de un pulmón antes de que el paciente muera. Si bien todo está disfrazado como una búsqueda para un tratamiento de la tuberculosis, las verdaderas razones revelarán un mundo de atrocidades y rencores.

En 1966 sale Silencio, su obra más reconocida, por la que gana el Premio Tanizaki. Allí todos sus pensamientos y pesares confluyen en una novela histórica, basada en las experiencias de Giuseppe Chiara, un misionero jesuita italiano, quien a principios del siglo XVII llega a una Japón en la que se perseguía, expulsaba y torturaba a los cristianos.

En la novela, -sí, otro spoiler– dos sacerdotes parten desde Roma tras conocer la noticia de que el padre Ferreira, su mentor, renunció a su fe. También son capturados y luego de ser sometidos de manera cruenta son forzados a retractarse de su fe al pisar una imagen fumi-e de Cristo. Y mientras todo sucede, Dios, su Dios, está en silencio.

El libro tuvo tres adaptaciones cinematográficas: Silence (1971) de Masahiro Shinoda, Os Olhos da Ásia (1996) del portugués João Mário Grilo, y Silence (2016) de Martin Scorsese.

Scorsese, que intentó durante dos décadas llevar la historia a la pantalla grande, considera a Silencio como la "más grande novela de Endo, y que se ha vuelto cada vez más valiosa a medida que pasan los años".

Lamentablemente, la mayoría de la obra de Endo no ha sido traducida al español, siquiera al inglés, en especial sus textos cómicos, como aquellos donde desarrolla su amor por los animales y sus largos períodos de convalecencia en los hospitales. En ese sentido, otros títulos de fácil acceso son Cuando silbo, La muchacha que dejé atrás, Río profundoLa persona de Jesucristo y El samurái.

En Escándalo Endo regresa a utilizar su alter-ego, Suguro, para un relato sobre la sexualidad, en la que un profesor vive la tortura de tener un doppelgänger que realiza todo tipo de actos depravados.  Un libro que bucea en los rincones ocultos del deseo, de lo prohibido, en el que se exploran temas tabú como la pedofilia y el sadismo.

Por qué no recibió el Nobel

A lo largo de la historia de los Premios Nobel de Literatura existieron diferentes polémicas sobre si tal autor se merecía o no recibirlo. Quizá, por estas latitudes, la más conocida es la de Borges, aunque las razones por las que el gran autor argentino no lo obtuvo ya fueron reveladas. Sin embargo, las justificaciones que sacaron a Endo de la carrera en 1994, cuando más cerca estuvo, seguirán siendo un misterio, por lo menos hasta el año 2044, ya que la academia sueca tarda medio siglo en revelar los deliberaciones de cada votación.

Peter Owen y Endo
Peter Owen y Endo

Razones, por ahora ninguna; especulaciones, muchas. Y en su mayoría alimentadas porque aquel año, su compatriota, Kenzaburo Oe, sí obtuvo el tan deseado galardón.

Cuenta la leyenda, o más bien el erudito literario estadounidense Donald Keene, que aquel día de 1994 recibió una llamada de Peter Owen, editor de Endo, desde su oficina en Londres en la que demandaba conocer las razones que privaron a su representado del Nobel.

Keene no pudo darle razones, pero prestó su oído para las especulaciones del inglés: sencillamente, Endo no dejaba en un lugar sólido a la cultura ni a la humanidad japonesa. Sus novelas, controvertidas, polémicas, viscerales, mostraban al mundo, entre otras cosas, como los soldados nipones realizaron experimentos en sus colegas estadounidenses en la II Guerra Mundial o indagaba en aspectos sexuales que eran avergonzantes o, sencillamente, su cristianidad molestaba en una nación sincretista. Y eso, sin dudas, no era lo que la diplomacia japonesa quería como muestra universal de la isla hacia el mundo.

Endo, junto a Yukio Mishima y Natsume Soseki, pertenece a la selecta lista de genios de la literatura japonesa que nunca vería la preciada medalla. Y, como ellos, no tuvo revancha para comprobar si aquellas especulaciones eran reales: Dos años después de aquella frustración, el 29 de septiembre de 1996, su cuerpo, otra vez doliente por cuestiones respiratorias, decidía aceptar el último de los destierros.

SIGA LEYENDO