El “Canto IV”, realizado en 2017
El “Canto IV”, realizado en 2017

Entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, a dos meses del fin de la Segunda Guerra Mundial, un millar de bombarderos británicos y estadounidenses lanzaron 4.000 toneladas de artefactos explosivos e incendiarios sobre la ciudad de Dresden, joya arquitectónica barroca en el este de Alemania y sobre el río Elba.

De acuerdo a las últimas investigaciones publicadas en 2010 por el municipio de Dresden, se calcula que entre 22.000 y 25.000 personas murieron durante el ataque aéreo, uno de los más terribles sufridos por la población civil durante el conflicto y sólo superado en Europa por la "Operación Gomorra" sobre Hamburgo y por los ataques con armas atómicas de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

El bombardeo sobre esta ciudad, que para algunos tuvo la única intención de provocar el terror y constituyó un crimen de guerra, y para otros fue un justificable ataque militar contra un centro comunicaciones estratégico, se convirtió en la inmediata posguerra en símbolo de la destrucción y muerte sin sentido de la guerra, e inspiró una larga lista de obras de arte en diferentes medios.

Spreng nació en Esperanza, Argentina, y vive desde hace 30 años en Estados Unidos
Spreng nació en Esperanza, Argentina, y vive desde hace 30 años en Estados Unidos

El artista plástico argentino Sebastián Spreng, de 62 años, es autor de la más reciente de estas interpretaciones con su exposición Dresden, que abrió el 17 de mayo en el Museo de Arte Lowe de la ciudad de Miami, Estados Unidos.

"Desde siempre he tenido esas imágenes y ese pavor a la guerra, y siento que los artistas somos como esas especias de Casandra troyana, que dice lo que va a pasar y nadie le cree", explicó Spreng, nacido en 1956 en Esperanza, en diálogo con Infobae Cultura.

"Para mí, Dresden es una metáfora. Pudo haber sido Berlín, Hiroshima, Londres, Varsovia. Los personajes cambian pero los hechos quedan. Los que sufren, sufren, y no importa de qué bando sean", agregó.

El Dresden de Spreng, una exposición compuesta por 61 obras realizadas a través de un iPad, organizadas según los cantos de la Divina Comedia de Dante Alighieri e impresas luego en aluminio para evocar la destrucción, se gestó, aunque en ese entonces inadvertidamente, en 1973, cuando el artista de 16 años pintó una ciudad destruida y cubierta por la nieve.

“Ruinas”, de 1973, abre la exposición. Spreng lo pintó a los 16 años
“Ruinas”, de 1973, abre la exposición. Spreng lo pintó a los 16 años

Esta imagen al óleo "que puede ser Dresden", simplemente titulada "ruinas", fue luego un regalo para la actriz uruguaya China Zorrilla, con quien Spreng mantuvo una larga amistad.

Tras la muerte de la artista en 2014, el cuadro retornó a su creador y se convirtió, por recomendación de la directora del Lowe, Jill Deupi, en el primero de una serie que sería terminada 46 años después, un "círculo completo", y como "una especie de metáfora de lo que nos puede pasar y de lo que no tiene que pasar, sobre cómo la humanidad es un ave fénix".

"Cómo una ciudad pudo salir de las cenizas, la capacidad que tenemos los humanos de destruir en una noche o en un minuto lo que hemos construido a lo largo de cientos de años", explicó.

Por no contar con blancos militares dentro de sus límites, Dresden se había salvado mayormente de la intensa campaña de bombardeos estratégicos de los aliados sobre ciudades alemanas en la Segunda Guerra Mundial, que arrasó casi hasta el último edificio con Hamburgo, Frankfurt, Kassel o Colonia, por citar algunas.

“Canto XX”, de 2017
“Canto XX”, de 2017

Esta inmensa destrucción desde el aire había sido ya adelantada por los propios alemanes con el bombardeo de Guernica, durante la Guerra Civil Española, y luego en Rotterdam, Londres y Stalingrado, entre otras, y opacada en parte por el indescriptible Holocausto.

"El nombre Dresden siempre me fascinó, pero yo hago hincapié en que esto es una metáfora, pudo haberse llamado también Hiroshima", subrayó Spreng, nacido en una pujante colonia de suizos y alemanes en la provincia de Santa Fe y en el centro de la extensa llanura argentina, y con un abuelo que llegó al país como parte de la compañía de circo Sarrasani, surgida en Dresden.

"La guerra me toca a mí porque sin haberla vivido, en muchos sentidos, es lo que somos los artistas. Por más éxito que tengamos siempre vamos a ser parias y siempre vamos a ser sobrevivientes", explicó.

Spreng vive en la ciudad de Miami desde fines de la década de 1980, donde se desempeña como artista plástico y crítico de música clásica en diferentes periódicos, incluyendo El Nuevo Herald. El año pasado fue designado Knights Arts Champion por la John S. and James L. Knight Foundation, un prestigioso galardón para artistas otorgado en los Estados Unidos.

“Canto VI”, de 2017
“Canto VI”, de 2017

Hacia una nueva técnica

Desde niño Spreng ha sufrido las limitaciones de la distrofia muscular que padece y que en 2015 lo forzó dejar de pintar por falta de fuerzas.

En ese momento, empeñado en seguir creando, encontró en la obra del artista David Hockney, realizada en un iPad, una inspiración para adoptar la técnica y seguir con su trabajo creativo.

"Para una persona con problemas físicos es increíble. El secreto con la tecnología digital es que menos es más. Todo es tan fácil, todo parece tan fácil, que uno tiende a hacer demasiado. La austeridad y la parquedad rinden mucho más", desarrolló.

Dresden es la tercer exposición realizada de esta manera por Spreng. En la primera se esforzó por unir su amor por la música clásica y se basó entonces en la Canción de la Tierra, del compositor Gustav Mahler.

“Canto XXX, verso II”, de 2017
“Canto XXX, verso II”, de 2017

"La diferencia en Dresden es que el trabajo en iPad se imprime en aluminio, que hace que la imagen sea muchísimo más fuerte. Además el aluminio da una transparencia que es la misma que da la pantalla del iPad y que no da el papel, más opaco", explicó.

Esta es la técnica base para la construcción de Dresden. Pero hay más. La primera parte de la exposición está compuesta por fotos de la destrucción de la ciudad, pero también de Guernica y Hamburgo, que han sido intervenidas y reconfiguradas en su estilo personal.

"Están intervenidas porque todo arte es derivativo, máxime en esta época de cruces, entrecruces y comunicaciones. El arte es patrimonio de la humanidad, todos los artistas somos parte de él, los del pasado y los de hoy", explicó Spreng.

Dresden como referencia

La ciudad de Dresden es, quizás, metáfora y símbolo también de ese entrecruce del arte. La a veces llamada "Florencia del Elba" por su inmenso valor arquitectónico y sus colecciones de arte, antes de ser destruida sin una clara razón, generó luego de la tragedia una serie de manifestaciones artísticas que la mantuvieron viva.

Una icónica imagen de Dresden arrasada, apenas terminada la Segunda Guerra Mundial
Una icónica imagen de Dresden arrasada, apenas terminada la Segunda Guerra Mundial

En 1960 el compositor soviético Dmitri Shostakovich compuso su cuarteto de cuerdas N°8 durante una visita a la ciudad, que en ese entonces estaba siendo reconstruida dentro de las fronteras de la Alemania comunista. Se lo dedicó "a las víctimas del fascismo".

Nueve años después el escritor estadounidense Kurt Vonnegut Jr., quien estuvo en Dresden como prisionero de guerra y sobrevivió al ataque, publicó la inmensamente influyente novela Slaughterhouse Five (Matadero cinco), mezcla de ciencia ficción con autobiografía que volvió a poner al bombardeo en la agenda global.

Dresden también es parte del disco The Final Cut, de los míticos Pink Floyd, y aparece en la canción The Tailgunner, de la banda de rock pesado inglesa  Iron Maiden, por citar sólo dos referencias en la cultura popular.

“Canto XXVI”, de 2017
“Canto XXVI”, de 2017

"Desde la Cueva de Altamira hasta la obra más moderna de Kiefer, se toma prestado, se evoluciona, van aportando ideas. Todo sirve para crear sobre otra idea, para recrear e interpretar. Son miles de años en ese proceso. Estamos inmersos. Las ideas están ahí en el aire, algunos las agarran y otros las dejan pasar, es como una red invisible", ilustró Spreng.

Una segunda parte de la muestra se libera de las fotos y el documento para desallorarse en un campo de colores y paisajes que recuerdan al extenso catálogo de Spreng, esta vez puesto a cantar un "himno a lo que se perdió y una humilde súplica a la humanidad".

*La exposición "Sebastian Spreng: DRESDEN" puede visitarse hasta el 23 de septiembre en el Museo de Arte Lowe de la Universidad de Miami, en Coral Gables, de martes a domingo de 10:00 a 16:00

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