El director alemán que dio una vuelta por el lado salvaje
El director alemán que dio una vuelta por el lado salvaje

Hace medio siglo, el director alemán Werner Herzog se presentaba de manera oficial al mundo con su primer largometraje,  Signos de vida, que ganó el Premio de Cine Alemán.

A diferencia de muchos de los grandes cineastas contemporáneos, Herzog no tiene ese tipo de anécdotas que recrean escapadas al cine del pueblo/ciudad, ni se enamoró de la actriz del momento bajo los sonidos del pochoclo crujiente, ya que recién conoció el séptimo arte cuando tenía 10 años, edad en la que vio, también por primera vez, un automóvil en vivo.

Werner Herzog
Werner Herzog

Y esa anécdota de la no-anécdota no es un detalle menor. Esa ausencia lo ayudó a no generar una idealización estética, ni tampoco produjo una contaminación con las estructuras del cine hollywoodense. Herzog creció en la naturaleza, en el lado salvaje de la vida, en Sachrang, un pueblo de montaña que en la actualidad no llega a los 600 habitantes, rodeado por los Alpes Chiemga.

Lejos de las comodidades, sin teléfono ni radio o agua caliente, el cine apareció en su vida cuando un proyeccionista itinerante llegó a su escuela y a partir de allí el vínculo fue inquebrantable, cuenta en Herzog por Herzog (El cuenco de plata).

“Herzog por Herzog. Entrevistas y edicipon de Paul Cronin” (El cuenco de plata)
“Herzog por Herzog. Entrevistas y edicipon de Paul Cronin” (El cuenco de plata)

Infobae Cultura propone un viaje por cinco títulos imprescindibles que reúnen algunas de las características que hacen de su filmografía una expresión única, donde se conjugan la pasión por la aventura, los sueños imposibles y la crueldad del hombre.

También los enanos empezaron pequeños (1970)

En su segundo largometraje, el también escritor y guionista presenta una visión de la sociedad y la humanidad a través de un grupo de enanos internados en una institución religiosa localizada en la isla española de Lanzarote, una formación volcánica perteneciente a Las Palmas que José Saramago, premio Nobel de Literatura portugués eligió como hogar.

El film tuvo como escenario la isla española de Lanzarote
El film tuvo como escenario la isla española de Lanzarote

Allí, los protagonistas comienzan una pequeña rebelión contra las autoridades, que termina convirtiéndose en un aquelarre, con signos de crueldad, envidia y resentimiento.

En una entrevista, Herzog aseguró que cuando realizó la producción "era una época de gran agitación, y grandes esfuerzos y tribulaciones y probablemente eso hizo de alguna manera que sea así de oscura".

Si bien las historias no tienen comparación, sí existen puntos de conexión con Freaks (1932), el clásico de Tod Browning, una de las películas favoritas de Herzog de la que alguna vez opinó: "Es sencillamente formidable, fenomenal".

También los enanos… se convirtió en fuente de inspiración para otros directores como David Lynch en su Eraserhead o Harmony Korine, quien aseguró que cuando la vio en su juventud notó que "había algo muy profundo, muy extraño, con una poesía y un ritmo como nunca antes había visto. No pude imaginar qué clase de persona podría hacer una película así".

Herzog escribió, produjo y dirigió la obra a en la productora que fundó cuando tenía 20 años, Herzogfilmproduktionen, aunque pasaron muchos años para que una distribuidora se animase a promocionarla.

Aguirre, la ira de dios (1972)

En 1560, el imperio inca está en ruinas, pero una expedición española se plantea quedarse con el mayor tesoro del nuevo mundo, la ciudad de El Dorado, de quien nadie sabe su exacta localización. Así, este grupo, envuelto en la codicia, se embarca en un viaje que une las montañas con la selva peruana, apenas preparados.

El cansancio, la fiebre del oro, el desmedido deseo por la conquista los va convirtiendo en sus propios enemigos, como si con las tribus que esperan para atacarlos o el río caudaloso no fuese suficiente. A través del diario del fraile Diego Gaspar de Carvajal, se revela cómo los intrépidos expedicionarios terminan siendo fagocitados por su propio deseo.

Herzog durante la filmación de “Aguirre, la ira de dios”
Herzog durante la filmación de “Aguirre, la ira de dios”

En Aguirre, Herzog ingresa por primera vez a la selva y comienza a ser visible en su obra, tanto en películas como en documentales, esa predilección por lo salvaje, por lo inesperado, por mostrar al hombre en la pequeñez de un paisaje que posee tanto de belleza como de hostilidad.

"Los paisajes en Aguirre no están allí como decoración o para que luzcan exóticos. Hay una vida profunda allí, una sensación de fuerza, una intensidad que uno no encuentra en las películas de la industria del entretenimiento donde la naturaleza es siempre algo artificial", escribió el director en Herzog por Herzog.

Una de las escenas muestra a los españoles agobiados tras caminar por horas a través de la selva con destino incierto, acalambrados, muertos de sed y hambre. Todo lo que se ve allí no es una actuación. Herzog hizo caminar ad infinitum a los intérpretes, con el fin de lograr una toma que denote el verdadero hastío por la situación, que el dolor fuese dolor y no una técnica sacada del sistema Stanislavski.

Stroszek o La balada de Bruno S. (1977)

Un alcohólico antisocial sale de la cárcel y comienza una relación romántica con una prostituta explotada por dos proxenetas. Junto a un amigo, un ladrón de poca monta, buscan cumplir "el sueño americano" y si bien parece que lo van a lograr, la economía, el desconocimiento de la lengua y la idiosincrasia, los obliga a regresar a sus peores hábitos.

Una de las particularidades es que los actores no son profesionales. De hecho, Bruno S. es en realidad Bruno Stroszek, músico callejero con una historia personal durísima, repleta de maltratos en un horfanato, y más. Y así sucede con varios de los protagonistas. Los diálogos, por ejemplo, son en su mayoría improvisados a partir de ciertos lineamientos genéricos del guión.

Escena de “Stroszeck”
Escena de “Stroszeck”

El film posee una atmósfera recreada por personajes extraños, a los que les cuesta convivir con ellos mismos, sea en las dificultades como en la bonanza que encuentran más allá del océano, y que captados a contraluz dan esa sensación de lo no-mostrado.

La obra ganó en popularidad un tiempo después por una anécdota no surgida en el producción de la misma, como el suicidio de Ian Curtis, cantante de Joy Division, en 1980, antes de realizar la primera gira por Estados Unidos con la banda de Manchester, quien -dice la leyenda- miraba el film y eligió el "método Stroszek" para quitarse la vida.

Nosferatu, vampiro de la noche (1979)

Las remakes casi nunca suelen superar a la original, ni siquiera suelen hacerle justicia. Y desde hace ya un tiempo largo Hollywood parece haberse quedado sin ideas y recurre al pasado para pensar en novedades; hay ejemplos en todos los géneros.

Sin embargo, el Nosferatu de Herzog no solo es un más que respetable homenaje a la obra original de F.W. Murnau de 1922, una de las joyas del expresionismo alemán, sino que además es una pieza cinematográfica con valor propio, ya que el director logró extender ese clima entre onírico y pesadillesco y, reflejar como pocos films sobre Drácula o vampiros, el peso de la soledad de un ser condenado a la inmortalidad.

En el set al aire libre de “Nosferatu”
En el set al aire libre de “Nosferatu”

Y es, antes que todo, un homenaje. Herzog no regresa a la historia de Bram Stoker para realizar la remake. Toma la versión de Murnau, que por cuestiones de derechos tenía variaciones de la clásica, por una razón muy sencilla: para Herzog, Nosferatu: una sinfonía del horror es "la más grande de las grandes películas" y se la "debería incluir en las cinco mejores películas de todos los tiempos".

Fitzcarraldo (1982)

En el siglo XIX, en medio de la fiebre del caucho que se produjo en la Amazonia, Fitzcarraldo -inspirado en el comerciante irlandés Carlos Fermín Fitzcarrald que habitó en Iquitos, Perú- es un melómano obsesionado con la ópera, que tiene el sueño febril de erigir un gran teatro en la selva. La idea con la que busca convertirse en millonario y así impulsar su proyecto es casi tan delirante y peligrosa como lo fue la realización de la película: transportar un barco de un río a otro a través de una pequeña montaña con la ayuda de los indígenas locales.

El film, un canto a la pasión por lo imposible, tiene una de las características más marcadas del cine del alemán: la renuncia a los efectos especiales y/o la edición engañosa para dejar lugar a la verdad. Por eso, el barco fue realmente transportado e izado por un numeroso grupo de peruanos de la región, con las herramientas disponibles de la época.

En la selva amazónica de Perú
En la selva amazónica de Perú

"Nació el proyecto de Fitzcarraldo, mitad desafío a las leyes de la gravitación, mitad desafío a los parámetros de la razón; un proyecto totalmente concebido contra las leyes de la naturaleza. Nadie creía en ello. Me consideraban más loco e irrazonable que el propio protagonista. Ya dijeron algo parecido cuando empecé Aguirre en los mismos escenarios naturales del Perú; y aquella empresa no tenía punto de comparación con la actual, uno de los trabajos más difíciles y desesperados de la historia del cine. Me gasté en ello todo mi dinero: un millón de dólares. Me he quedado sin camisa… Pude terminar Fitzcarraldo gracias a las aportaciones de la televisión alemana y otras sociedades de producción…Pero creo que si los espectadores se sienten impresionados por el transporte del barco montaña arriba es porque saben que se trata de algo real y no trucado. Quiero que los espectadores recobren la confianza en lo que ven sus ojos", explicó Herzog en una entrevista. Otra muestra más de estilo verité, aunque el mismo director se niegue a aceptarlo.

Además de un gran director, Herzog posee cualidades literarias -y muchas- tal como se puede apreciar en el extraordinario diario personal que escribió durante la filmación y que puede encontrarse bajo el título Fitzcarraldo, la conquista de la inútil.

“Conquista de lo inútil (Diario de filmación de Fitzcarraldo)” (Entropía), de Werner Herzog
“Conquista de lo inútil (Diario de filmación de Fitzcarraldo)” (Entropía), de Werner Herzog

Cuando la realidad es más apasionante

Por otra parte, no se puede soslayar una de las facetas de quien alguna vez François Truffaut llamó "el más importante director vivo": los documentales.

A lo largo de su carrera, casi en simultáneo con sus films, realizó una serie de documentales, para TV y cine. Sin embargo, a partir de la década del '90 la producción fue en aumento. A fin de cuentas, los desafíos en la naturaleza y la crudeza de la existencia se encuentran en mayores dosis en la realidad.

Imagen de “En el infierno”
Imagen de “En el infierno”

Desde su debut con Los doctores voladores del este de África (1970) realizó 38 más. Presenció volcanes en explosión, como en La Soufrière (1977) y En el infierno (2016),  presenció como es la vida en un pueblo de Siberia, uno de los rincones más inhóspitos del planeta en Happy People: A Year in the Taiga (2010); fue el primer cineasta en descender a las cavernas con pinturas rupestres de Chauvet en La cueva de los sueños olvidados (2010), sobrevoló en corazón de la selva de Guyana en una aventura que ya había causado muertes en El diamante blanco (2004) y en Grizzly Man (2005) narró la triste historia de los activistas Timothy Treadwell y Amie Huguenard, quienes fueron asesinados en octubre de 2003 por aquellos animales que deseaban proteger, los osos grizzlies en Alaska, entre otras experiencias.

Mi enemigo íntimo (1999)

Mi enemigo íntimo es un film autorreferencial, que trata la relación de amor-odio con el actor Klaus Kinski, protagonista de cinco películas en conjunto: Aguirre, la ira de Dios; Woyzeck (1979); Nosferatu, vampiro de la noche, Fitzcarraldo y Cobra verde (1988).

Se conocieron o, más bien lo conoció, a los 13 años, cuando los Herzog se mudaron a Múnich y debieron compartir pensión por un par de días. Pero la relación se forjó en y gracias al cine. Años que oscilaron entre la amistad y la furia (por parte de Kinski), de la admiración al desprecio. Durante la filmación de Cobra verde, por ejemplo, Kinski golpeó violentamente a Herzog para luego abandonar el plató.

“Cobra verde” fue la última colaboración entre Herzog y Kinski y no extuvo exentas de peleas
“Cobra verde” fue la última colaboración entre Herzog y Kinski y no extuvo exentas de peleas

El documental tiene una escena que revela el carácter iracundo de Kinski. En un descanso durante el rodaje de Fitzcarraldo, el actor polaco tiene un ataque de furia terrible con el productor ejecutivo debido a la calidad del catering. Herzog se mantiene al margen y hasta bromea con que una vez no le toca ser el foco de la rabia del protagonista. Luego, en un comentario en off, narra como los indígenas, aquellos que llevaron el barco de un lado a otro, estaban contrariados por la actitud de Kinski y le ofrecen, ya cerca del final de la grabación, eliminarlo. "Yo les expliqué que eso no convenía porque lo necesitábamos para concluir el film -narra Herzog-, pero hablaban en serio, y lo habrían matado si yo hubiese aceptado".

Encuentros en el fin del mundo (2007)

El hombre y la naturaleza, una vez más, cómo uno influye sobre el otro y viceversa. Una crónica de la vida dentro y alrededor de la Estación McMurdo de la Antártida, sede de la National Science Foundation y hogar de mil cien personas durante el verano austral.

El documental está repleto de tomas increíbles del desierto blanco, donde como en un sueño sobresalen una abundante flora y fauna debajo de la superficie. ¿Por qué alguien, de un biólogo a un conductor de camiones, eligiría formar parte de una comunidad imposible?

Fordlandia, el documental número 40 de Herzorg, ya se encuentra en pre-producción. Regresará así a la selva amazónica 36 años después de Fitzcarraldo, con el objetivo de grabar una serie basada en el proyecto inconcluso de Henry Ford, quien mandó a construir una ciudad que nunca visitó para alimentar su industria automovilística del entonces muy necesario caucho natural.

Una vez más, ideas imposibles, lo salvaje devorando el lado civilizado del hombre, la humanidad desnuda ante aquello que quiere, pero no puede controlar, tal como lo hubiese pensado un niño que, desde sus primeros años, comprendió que detrás de tanta magnificencia natural había historias para narrar.

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