
El crítico norteamericano Jim Hoberman la describió con gracia: "una alucinación bolchevique". La película cubano-soviética Soy Cuba, rodada en 1963, desafía todas las descripciones y su historia es digna de ser contada.
Fue una de las filmaciones más largas que se tenga memoria y su fracaso fue instantáneo: no gustó ni en Cuba ni en la Unión Soviética. Cayó en el olvido hasta que en 1995 Martin Scorsese y Francis Coppola la redescubrieron y la volvieron a colocar en el circuito de exhibiciones. Así atrajo la atención del mundo, no sólo como una rareza sino como la obra maestra formal que realmente es.
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En los albores de la Revolución Cubana se estableció una relación entre el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos y Mosfilm, su equivalente en la Unión Soviética. Como resultado de esa conexión, un equipo de técnicos soviéticos viajó a Cuba para hacer una película en colaboración con la idea de que resultara un poema épico exaltando la Revolución Cubana. Entre esos técnicos soviéticos se encontraba el laureado director Mikhail Kalatozov, autor de un recordado melodrama bélico de 1957, Pasaron las grullas.

El resultado de la colaboración entre cubanos y soviéticos fue Soy Cuba, una película de dos horas y veinte minutos, estructurada en cuatro episodios independientes, ambientados antes de la revolución, mostrando la lucha contra la dictadura de Batista. Articula los episodios una pesada voz en off. El tono general es solemne y moroso, elegíaco e ingenuo. ¿Por qué, entonces, se trata de una obra maestra, por qué fue rescatada del olvido por artistas como Scorsese y Coppola?
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La clave, seguramente, está en el director de fotografía habitual de Kalatazov. Se trataba de Sergey Urusevskiy, quien había aprendido a usar en el ejército cámaras en mano más livianas, lo cual le permitía filmar con planos largos y mucha movilidad. Y los planos secuencia de Soy Cuba pertenecen al panteón más alto de la historia del cine, en un logro en el que se unen arte e ingeniería para lograr resultados sencillamente pasmosos.

¿Qué es un plano secuencia? Es cuando una secuencia completa se resuelve en un solo plano, sin cortes de montaje. Un espectador no entrenado puede no llegar a advertir la falta de cortes pero cuanto más sofisticado y largo un plano secuencia, más probabilidades de que llame la atención sobre sí mismo. Los planos secuencia de Soy Cuba entran dentro de esa categoría: la fascinación que ejerce la película no refiere tanto a la temática de la misma sino a los movimientos que hace la cámara: el espectador no deja de pensar en ella, dónde la puso, cómo cruza la calle por el aire, viaja dentro de autos, se mete en el agua, vuela por los aires. La cámara de Sergey Urusevskiy es el gran personaje de Soy Cuba.
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Consideremos la primera secuencia. Luego de llegar por los aires a la Isla (una bellísima sucesión de planos aéreos sobre la geografía insular), nos instalamos en una terraza con pileta en la Cuba prerrevolucionaria en donde se desarrolla lo que parece ser un concurso de belleza. La cámara arranca con el primer plano de un grupo musical pero a partir de ahí, sin dejar de escucharlos, baja varios pisos, se mete entre las personas, va, viene y finalmente, cuando no damos crédito a su movilidad, ¡termina abajo del agua, mostrando a los bañistas sumergidos!
La escena se volvió tan icónica que hasta tiene una representación impecable realizada con muñequitos Lego.
Otro plano, igualmente memorable, muestra una procesión callejera llevando el ataúd de un estudiante muerto por la represión. La cámara arranca en la calle, juntos a los manifestantes. Se desplaza entre ellos, como uno más. De pronto, se eleva en el aire y sube varios pisos, mostrando la manifestación desde arriba y las muestras de adhesión de las personas en las distintas ventanas. Cuando uno piensa que la toma está por terminar, cumpliendo un trabajo notable, sin cortar el plano, la cámara cruza la calle, se mete por la ventana en una fábrica de habanos, atraviesa todo el ambiente, vuelve a salir por otra ventana y acompaña a la manifestación, ahora desde la altura.
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Desde ya que estas largas tomas requieren trabajos de ingeniería complicados y costosos. El Estado cubano apoyó sin ningún tipo de cuestionamientos. A los complicados movimientos de cámara se le sumaban enormes cantidades de extras, autos volcados e incendiados, uso de mangueras de bomberos, incendios de casas. El despliegue resulta visualmente extraordinario.
En el documental brasileño sobre Soy Cuba, llamado Soy Cuba, el mamut siberiano, de 2004, se cuenta que para una determinada escena, el director soviético pidió 5000 extras vestidos de militares. La producción le pidió permiso a Raúl Castro que mandó esa cantidad de soldados de la zona Oriente de la isla a la filmación. Hubo que alertar a las distintas unidades que el desplazamiento de tropas no correspondía a ninguna acción militar sino a la filmación de la película.
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Un rodaje habitualmente dura entre dos y tres meses (la posproducción en cambio puede llevar un año entero). El rodaje de Soy Cuba llevó la friolera de 14 meses: una extensión que solo pudo ser posible por el interés de ambos gobiernos de llevar adelante el proyecto. Uno imagina a los soviéticos disfrutando del Caribe de una manera tal que no querrían que la filmación terminara nunca.
Finalmente, cuando la película se estrenó en Cuba, generó una enorme desilusión. El "poema épico" les resultaba a los cubanos aburrido y pretencioso. A la semana fue levantada de cartel.
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En la Unión Soviética no le fue mucho mejor. Para los soviéticos había un problema adicional. La película representaba a un país tropical en la era del capitalismo. Luego de décadas de aislacionismo en la URSS, hasta la representación de la frivolidad y la decadencia resultaban más atractivas (¡o quizás especialmente más atractivas!) que la dura vida bajo el burocrático régimen soviético. Las autoridades consideraron que no era conveniente que la película tuviera difusión. Al poco tiempo, ya nadie recordaba esa extraña aventura fílmica.
En 1995, Martin Scorsese y Francis Coppola tuvieron la oportunidad de ver la película y la convirtieron automática en una de sus favoritas. Estimularon su circulación por festivales, la restauración de una copia en 35 mm y la edición en VHS y DVD y posteriormente en Blue Ray. Los profesionales del cine cubano que participaron en la película no se enteraron de su redescubrimiento hasta que los realizadores del documental brasileño Soy Cuba, el mamut siberiano, mientras los rodaban, les regalaron la versión en videocasete. A muchos de ellos, la película hoy sigue sin gustarles.
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