Paul Auster
Paul Auster

Es un día inusualmente cálido para este abril porteño que promete otoño en las calles tapadas de hojas pero que no llegan a compensar la falta de aire fresco. Un hotel en la zona de Retiro. Sentado en un sillón, un tanto ausente y siempre muy elegante, Paul Auster, una de las grandes figuras de la Feria del Libro de Argentina. Comienza, apresurada, la entrevista. A cada pregunta mira hacia arriba, piensa y luego mira a los ojos y responde. Su voz es gruesa y suena a lejanos cigarrillos que abandonó hace un par de años. No hay nada en la mesa excepto un vaso de agua que no toca en ningún momento. Siempre termina sus respuestas con "¿no le parece?". Mueve las manos por el aire, manos grandes y firmes.

Paul Auster nació en 1947 al igual que Ferguson, el personaje principal de su última y monumental novela. Excepto que Ferguson no es uno, ni son dos, ni tres, sino cuatro. Como un ejercicio literario de la teoría de los múltiples mundos que se actualizan en uno y dejan atrás los otros posibles, Auster se embarcó en el difícil pero certero ejercicio de imaginar cuatro posibles mundos paralelos para un niño nacido el mismo año que él, en el mismo lugar, todos al mismo tiempo. No solo eso, algunos de los Fergusons asistirán a la misma universidad que Auster, otro sufrirá el terrible accidente que un querido amigo del autor sufrió en uno de los campamentos de verano al que Auster asistía, al igual que sus Fergusons. Uno de sus Fergusons editará un diario a la corta edad de 11 y los otros intentarán, con mayor o menor éxito, ser periodistas o escritores. Todos, sin excepción, se enamorarán a muy temprana edad y tendrán el mismo pensamiento único: besar a Amy, esa chica que aman.

Así, un pequeño cambio, los deseos de sus padres, el clima, cada insignificante situación en la escuela o en una habitación decidirá los distintos caminos que se bifurcan dándole a Paul Auster una herramienta para hacer lo que mejor sabe: contar historias mínimas. Son cuatro novelas posibles y una historia que cuenta mucho más de lo que se propone narrar. Hay mucho de mágico y encantador en 4, 3, 2, 1La relación con la literatura y la escritura están presentes en casi todos los Archi Ferguson. Y de este modo, el libro también se vuelve un repaso de las lecturas de Auster, que tanto tienen que ver con su tía Mildred: una académica, hermana de su madre, que vive del otro lado del país y le envía libros. Aunque en alguno de los mundos paralelos no.

Auster cuenta lo que recuerda, duda, se desdice. Durante la entrevista es un escritor en plena tarea de narrar. Y todo fluye en esos breves minutos de danza regalados en el gran baile de su literatura.

-Algo muy interesante en su novela 4 3 2 1, son las menciones y referencias a otras obras suyas, algo que el lector va a leer como un lindo guiño.

-Me di cuenta de que algunos de los protagonistas de mis novelas anteriores de hecho fueron a (la universidad de) Columbia, así que los puse ahí en ese momento, y me parece… no sé, me divirtió y me hizo feliz reunirlos por un rato. A cualquiera que no haya leído mis obras anteriores no le hace ninguna diferencia, mientras que para aquellos que sí las leyeron es divertido. El hecho es que en la sección de Columbia hay cuatro personas cuyos nombres reales usé: Les Gottesman, Mark Rudd, el líder, Robert Friedman, el editor del diario, y Hilton Obenzinger, que es una persona real y que sí tiraba carne contra las paredes en 1969: sí, carne. Están todos vivos y los contacté una vez que había terminado el libro y les envié el manuscrito con el mensaje: "¿Les parece bien esto?". "¿Aceptan que sus nombres estén en el libro y aceptan la manera en que los presenté?" Y todos dijeron que sí.

-Todos aceptaron.

-Estaban todos contentos. Mark dijo —lo cual me alegró mucho— que mi presentación de la Revolución del 68 era la más acertada y que realmente la había captado bien. Y me hizo feliz saber eso. Les Gottesman es la persona que de hecho escribió ese poema tan divertido: "A steady fuck is good for you." ["Un polvo estable te hace bien."]

-"Un polvo estable te hace bien" es uno de los versos más hermosos del poema. 

-Y era genial, él lo escribió; estaba en el Columbia Review y yo lo leí cuando todavía estaba en la secundaria, cuando fui a una entrevista ahí. Me acuerdo que pensé: "Si esta facultad les permite a los alumnos publicar un poema como éste, es ahí donde quiero ir." Así que Les estaba feliz, feliz de dejarme citar el poema y de poner su nombre. Así que tengo los imaginarios y los reales.

-No vamos a contar el final de la novela, pero hay uno de los Fergusons que es el más poético. ¿Cuánto hay de usted en ese personaje?

-No mucho, no. Hay una cosa en todos estos Fergusons, y es que son extremadamente precoces. Y yo no lo era. Yo me desarrollé más lentamente. Quiero decir… recuerdo que cuando tenía nueve o diez años, tuve una vaga idea de hacer un periódico, pensaba que era algo genial que podía hacer, y empecé a intentarlo. Pero nunca me dediqué realmente, nunca lo hice. Pero en la novela el chico lo hace. Y creo que quizá una de las mejores escenas de todo el libro es cuando está pensando y trabajando tan duro para hacer su pequeño periódico de dos páginas…

-Cortando y pegando, y…

-En un momento dice que cada noche le da las gracias al hombre que inventó la goma de borrar.

-¡Sí, me acuerdo! Y eso debe ser cierto para usted también.

-¡Sí! Y escribo a mano y después lo tipeo. Pero de todas maneras… todo escritor le está agradecido al hombre que inventó la goma de borrar.

-Hay algo que me resulta muy atractivo y es que estos cuatro Fergusons, con vidas diferentes, esencialmente son iguales. Y existen estos puntos divergentes, ese momento que lo cambia todo. 

-Bueno, genéticamente son la misma persona. Físicamente hay cuatro. Pero creo que se puede leer el libro como parte de ese gran debate sobre lo que llamamos "nature-nurture" (lo innato y lo adquirido) en inglés, no sé cómo se le dice en español. Pero, ya sabe, el material genético y el ambiente y las circunstancias. Entonces, porque las circunstancias obviamente nos afectan muy profundamente, por lo tanto cada uno de los chicos está viviendo una historia diferente, que depende de en qué ciudad vive, la fortuna o falta de fortuna de su padre, el estado del matrimonio de sus padres y, en un caso, la muerte del padre, que transforma su vida a los siete años en una vida diferente. Por lo tanto, el mal matrimonio en el número Cuatro da pie a un chico muy enojado. Está enojado y un poco loco, como uno lo está en la adolescencia. En el número Uno, por supuesto, él tiene ese terrible accidente y lo desmoraliza. Destruye su confianza en sí mismo, de una manera tal que me parece que se inclina hacia el final. Está en Rochester y conoce a Hallie Doyle después de todos esos años con Amy, se le abre la posibilidad de una nueva vida. En el caso del número Tres, creo que también está creciendo… en una carta que le escribe a su padrastro se ve un indicio de su creciente madurez intelectual y su determinación. Entonces, los entendía, estaban ahí, ni tenía que pensarlo, nunca me confundía en cuanto a quién era quién.

-Yo nunca me confundí, pero había algo que los unía, que es la voz de esta tercera persona. Una cosa que sí me pasó es que al final de uno de los capítulos quería saltear…Saltear a uno de los chicos, quería ir y ver qué pasaba después.

-Sí, sí.

-Pero no funcionó.

-No, no. No, es necesario hilar y postergar, creo. De otra forma, si no sabe qué le está pasando a los otros es menos interesante cuando llega la etapa siguiente, el ciclo siguiente.

-Porque cada uno de ellos se alimenta de los otros. 

-Exactamente, exactamente.

-Hay algo que creo que los aúna a todos, que es su fragilidad.

-Sí, son chicos muy sensibles: todos aman la música, la escritura, a todos les gusta practicar deportes, sólo estoy hablando de las cosas que tienen en común. Y todos son bastante reservados, no son chicos a los que les guste hablar. No se imponen como centro de atención. Quizá el número Dos sea más fuerte, y es el que soportó un año de bullying, que es…

-Devastador.

-Es tremendo para un chico tener que atravesarlo. Pero él de alguna manera logra sobrevivir a eso.

-Y la amistad los une.

-La amistad es crucial para todos ellos. El número Cuatro no sería él mismo sin Noah, su primo y amigo. Por supuesto también está Amy, que está en toda la novela, diferentes encarnaciones de Amy, y ella es la contraparte femenina de Ferguson. Así que ella es tan central como lo es él.

-¿Cuán esenciales han sido las mujeres para usted? Como Amy para los Fergusons.

-Ah, bien. Son esenciales, empezando por mi madre. Todos tienen una madre, y ese es un vínculo inmensamente importante. Yo tuve una buena relación con mi madre en general. Y después… Sabe, es gracioso, he estado enamorado tres o cuatro veces en mi vida. Y cada vez me enamoré de una mujer que era escritora. Creo que siempre necesité una camarada, una persona que estuviese absolutamente a la misma altura y compartiera mis intereses y tuviese el mismo deseo intenso de hacer esto, de hacer arte, ya sea poesía o prosa, no importa. No me imagino cómo es no tener esa relación íntima que lo abarca todo, incluso el trabajo. Muchas parejas hacen cosas tan distintas que no pueden hablar el uno con el otro sobre lo que hacen durante el día. Pero a mí me gusta compartir estas cosas.

-Y entonces, ¿hay algún reconocimiento a esas mujeres, a esa tía de los Fergusons que les provee de libros?

-Sí, ella es un personaje problemático. Cada una de sus versiones es levemente diferente. Bien, como tanto del libro, el vínculo entre estas dos hermanas estuvo inspirado en la relación de mi madre con su hermana. Pero no es completamente así, por ejemplo mi tía era dos años mayor que mi madre, fue a la universidad y era muy inteligente. Y mi madre no fue a la universidad. Pero mi tía nunca fue profesora, nunca hizo nada. Entonces es todo una proyección. Y ella podía ser fría y dura con mi madre. Pero las reiteraciones específicas de esa dureza las inventé. No está basado en hechos para nada, pero está inspirado en algo que yo conocía muy bien.

-Y quizá en algo que hubiera deseado que pasara, quiero decir que era algo posible, distinto al camino recorrido.

-No lo sé. ¿Qué podría haber pasado? O sea, ¿podría haber sido profesor? No lo sé. Nunca lo pensé.

-¿Quién le proveía libros cuando era chico?

-La biblioteca, la biblioteca. Mis padres no leían mucho, casi nada. Y ninguno de los dos fue a la universidad. Pero en la pequeña ciudad de Nueva Jersey donde crecí había una buena biblioteca pública. Escribí sobre esto antes, quizá lo haya encontrado, quizá no, en entrevistas. Entonces esta tía mía se casó con una persona brillante, un poeta y traductor, era una especie de prodigio, obtuvo un doctorado a los veintiún años. Y después fue profesor, pero también era poeta y un traductor muy destacado. Tradujo a Dante, Virgilio, Homero y Ovidio, los clásicos, y poesía italiana contemporánea. Entonces, cuando tenía seis años, le dieron una beca Fulbright, las conoce, ¿no?

-Sí.

-Para ir a vivir a Italia y resultó que él y mi tía se quedaron a vivir ahí doce años. Entonces, durante mi infancia no los veía. Pero él nos dejó los libros… Teníamos una casa y al principio mi madre los tenía en el altillo. Y después, cuando tenía más o menos diez años, me dijo que los libros de mi tío estaban ahí arriba y por qué no los bajábamos y los poníamos en estantes. Y lo hicimos, y de repente había cientos de libros en mi casa. Y yo tenía una biblioteca con los mejores libros. Y así es como empecé a leer más y a encontrar cosas que de otra manera no hubiese encontrado. Y creo que extraño eso, esa idea, inconscientemente, ahora que lo pienso, cuando escribí El palacio de la luna… ¿Se acuerda cuando Fogg recibe libros de su tío? Bueno, creo que estaba recordando sin recordarlo conscientemente los libros de mi propio tío. Lo que quiero decir es que mi madre trabajó con un fotógrafo en Nueva York, pero solo por unos seis meses y sacó algunas fotos, y es muy extraño porque yo había olvidado el nombre del fotógrafo para el que trabajaba hasta que apareció Schneiderman en la novela. El nombre del fotógrafo para el que trabajó mi madre era Schneider. Me lo había olvidado hasta que me encontré con una de sus fotos luego de haber terminado el libro y decía Schneider. El inconsciente es algo poderoso. 

-No tiene un Ferguson preferido.

-No. No, pero creo que si tuviera que elegir sería el número Tres, es un chico tan conmovedor y todo le sale tan mal que me sentí muy mal por él y el número Dos también. En realidad los amé a todos. Solo por el simple hecho de hacer que el Ferguson número Cuatro sea comprendido al final, lo tuve que amar tanto como quise a los otros, para poder escribir sobre él. Esto es así para todos los novelistas. Debes amar a tus personajes, incluso a los más horribles, debes estar dentro suyo y quererlos.

-Todos los Fergusons en mayor o menor medida se involucran políticamente.

-Sí, principalmente Ferguson Uno, el que se convierte en periodista y presta más atención. Además está casado con una Amy que es la más radical de todas. Así que diría que 75 por ciento u 85 por ciento del compromiso político está en el primer Ferguson.

-Sí, claro, puede ser que dado que la novela está escrita en círculos puede ser que uno sienta que es más presente.

-Tengo este problema con el asesinato de Kennedy, como el número Dos no vive lo suficiente, debí contarlo tres veces, así que me aseguré de hacerlo bien diferente para que no se sintiera repetitivo. Y también la cuestión de la pubertad y el cambio del cuerpo de una persona de 12 o 14 años. Tuve que hacer que fueran exactas porque era el mismo cuerpo, así que debía sentirse igual.

-Una de las cosas que más me llama la atención, y que creo que se presenta bien claro en el primer Ferguson, es la lectura que hace Robert Frost de su poema en la ceremonia de asunción de Kennedy.

-Ahí cometí un error. ¿En el de Robert Frost? Sí. Yo vi la asunción por televisión y tenía el recuerdo de que a Frost se le volaba el poema por el aire y que entonces decidía recitar otro de memoria, pero lo que pasó en realidad es que estaba nevando mucho en Washington y todo estaba cubierto de nieve muy blanca y el sol estaba brillando muy fuerte y le generaba un reflejo, entonces Frost no podía leer las palabras, el sol era demasiado fuerte. Entonces decidió recitar un poema que sabía de memoria. Pero me gustó la idea del poema volando por el aire, así que esa es la manera en que Ferguson lo recordará, como yo. Así que es impreciso.

-Mi pregunta es, ¿qué poema necesita hoy los Estados Unidos?

-Ah, necesitamos más que un poema, te digo. Un poema no va a resolver nuestros problemas. Quiero decir, sabemos muchos poemas pero necesitamos gente que nos diga la verdad y que dejen de mentir. Estamos en un lugar muy, muy feo, nunca estuvimos así antes. Quiero decir, no puedo creer lo que nos ha pasado. Es como si, no sé, una vez que se traicionan los principios democráticos sobre los cuales se ha construido todo, aunque hayamos cometido tantos errores durante todos estos siglos, pero nunca tanto como esto. Algo así como si el presidente y los miembros de su gobierno hubieran abrazado el desorden, es tan escandaloso, soy un ciudadano estadounidense y no lo puedo creer; quiero decir, estos son cocineros, cocineros locos que roban dinero a los pobres para enriquecer sus bolsillos y están destruyendo cada una de las instituciones que sostienen el país. Cada agencia que es dirigida por un secretario del gabinete está siendo destruida por el mismo secretario. Es una locura. Tenemos un secretario de trabajo que no cree en los sindicatos, tenemos un secretario de medio ambiente que no cree en el calentamiento global, tenemos un secretario de educación que no cree en la educación pública. Es muy triste.

-¿Cómo puede colaborar la comunidad de escritores y pensadores?

-En Estados Unidos, a diferencia de cualquier otro país del mundo, nadie escucha a los pensadores o a los escritores. A nadie le importa. Los escritores son marginales y la escritura y la literatura no son parte de la conversación nacional. Lo que sí cuenta son los actores. Ellos, las estrellas de Hollywood, son la realeza. A la gente le encanta lo que tienen para decir de la política, aunque lo que dicen es bastante débil, pero eso es lo que hay. Los escritores están excluidos.

-La lectura que puedo hacer como lectora sudamericana es que la novela en un punto le rinde homenaje a una Norteamérica que ya no es.

-No lo sé, creo que más bien habla de una Norteamérica que está profundamente dividida y en guerra con ella misma allá por los sesenta y ahora estamos en un lugar exactamente igual, y cuanto más escribía acerca de lo que pasaba hace cincuenta años, más pensaba "nada cambió, estamos en el mismo lugar". Los temas son diferentes, pero los problemas esenciales son los mismos.

-Es muy difícil cambiar las cosas.

-Sí, sí. Y el racismo profundo. Hay algo interesante. Hay muchas relaciones entre blancos y negros en el libro. Muchas. Está ahí todo el tiempo tras bambalinas, y durante este tiempo desde que salió el libro hice muchas entrevistas, desde febrero de 2017, 15 meses, ni una sola persona, en ningún lado me ha preguntado por el tema de estas relaciones en el libro.

¿Y por qué cree que es eso?

-No lo sé, creo que en el caso de los estadounidenses se sienten avergonzados y un poco nerviosos. La mayoría de los periodistas que hacen las entrevistas están muy mal pagos, es un libro enorme y creo que muchos no lo han leído. O simplemente les da vergüenza y me sorprende porque sale una y otra vez en el libro.

-Para lectores fuera de Estados Unidos es un tema que aparece mucho en la literatura del norte, así que se da por sentado.  Para mí, como lectora, que lo leo desde hace tanto, fue como leer al Auster de siempre a la vez que a un Auster totalmente nuevo.

-Sí, sí. Ya hay varios libros en los que apunto a esa escritura. En Sunset Park, por ejemplo, también en Informe del Interior, comencé con estas oraciones largas y eso me hizo sentir que era la forma correcta de hacerlo. Lo siento como una danza, un movimiento, y sigue un baile, y yo quiero bailar. 

 

ACTIVIDADES DE PAUL AUSTER EN BUENOS AIRES:

*Hoy a las 19 en la Biblioteca Nacional, en diálogo con Raquel Garzón

Domingo 29 a las 18 en la Feria del Libro, diálogo con Carlos Guyot. Luego Auster firmará ejemplares en el stand de Planeta.

Lunes 30, a las 18, proyección del documental Aquí y ahora, dirigido por Teresa Constantini. Y a las 19, diálogo entre Auster, J. M. Coetzee, Teresa Constantini y Ana Kazumi Stahl. En el MALBA.

 

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