“La educación nos hace libres”: Radio Sutatenza, cuando media Colombia se educaba oyendo la radio

En un municipio situado en la Cordillera de los Andes, específicamente en el Valle de Tenza, hace 73 años, el sacerdote Joaquín Salcedo quiso “hacerle la guerra a la ignorancia” a través de la radio.

Oyente campesino de Radio Sutatenza con radio transistorizado.
1960.
Cortesía de ACPO.

A través de los aparatos transistores, los campesinos podían acceder a la cadena de emisoras quue contaba con una programación de 19 horas diarias, de las cuales 6 eran dedicadas a las escuelas radiofónicas.
Oyente campesino de Radio Sutatenza con radio transistorizado. 1960. Cortesía de ACPO. A través de los aparatos transistores, los campesinos podían acceder a la cadena de emisoras quue contaba con una programación de 19 horas diarias, de las cuales 6 eran dedicadas a las escuelas radiofónicas.

El sacerdote José Joaquín Salcedo Guarín, el 16 de octubre de 1947 emitió el primer programa cultural de Radio Sutatenza en el que los campesinos del municipio interpretaban música. Semanas antes, el 28 de septiembre, el sacerdote Salcedo transmitió las primeras lecciones de matemáticas, catecismo y las primeas clases para aprender a leer y escribir. Para ello, usó un transmisor artesanal de 90 Wats que fabricó su hermano, Antonio José. Luego de probarlo, obtuvo una licencia provisional del Ministerio de Comunicación y dio comienzo a la revolución cultural de Radio Sutatenza en el campo colombiano.

"El Quijote de los medios". Monseñor José Joaquín Salcedo, fundador de Radio Sutatenza.
1960.
Cortesía ACPO.
"El Quijote de los medios". Monseñor José Joaquín Salcedo, fundador de Radio Sutatenza. 1960. Cortesía ACPO.

El sacerdote Salcedo tomó como punto de partida la realidad campesina. Se dio cuenta de las ventajas de la radiodifusión para la acción popular: la simultaneidad de la enseñanza y el número ilimitado de estudiantes. Quizá el logro más grande de la educación radiofónica fomentada por el padre Salcedo, fue acercar la enseñanza sin desvincular el ambiente campesino, pues la educación estaba focalizada en las problemáticas sociales, económicas, psicológicas, políticas y físicas.

Contexto: la fallida Reforma Agraria

Hernán Toro Agudelo, Ministro de Agricultura, advirtió en la Ley 135 de 1961 (la “ley de la reforma social agraria”), “cómo menos del 3% de los propietarios, estimados en 23.456 personas, controlaban el 55% de las tierras, mientras el 55% de los propietarios solamente contaba con el 3.5% de las tierras ocupadas”, asegura Darío Agudelo en el artículo “La Reforma Agraria: como alma en pena” para el medio digital Razón Pública.

Si bien, el 30 de agosto de 1960, el presidente Alberto Lleras promulgó el decreto 2061 en el que se estipulaba, como razón principal: “dar ocupación y tierras a muchos colombianos que se encuentran en capacidad de cultivarlas, poner en actividad económica aquellas tierras que no lo están, elevar la productividad agrícola y ganadera, organizar los núcleos de población campesina para introducir sistemas cooperativos de producción, distribución y consumo, difundir la enseñanza técnica y ganadera, mejorar los diversos servicios de la vida rural”, y, más tarde, su sucesor Carlos Lleras Restrepo, quién según la Contraloría General llevó a cabo “el 72 por ciento del programa de extinción de dominio (de tierras baldías de la Nación) y el 25 por ciento del programa de adquisición de tierras” de 6.620.000 hectáreas adjudicadas entre 1962 y 2004. El resultado, tras el Pacto del Chicoral en 1971 fue la entrega de tierras baratas y sin vías de acceso de comunicación a los campesinos ya empobrecidos. Fue así como la presencia de cultivos ilícitos de marihuana y cocaína se tomó al país.

Además, no se tomaron decisiones políticas efectivas para promover y facilitar el ascenso social y político de los campesinos. Esto ocasionó que no fueran incorporados a los procesos de modernización y no se garantizara su bienestar con la apertura de alternativas de empleo e ingreso.

Radio Sutatenza en acción

Según Hernando Vaca, periodista, filósofo e investigador colombiano, los campesinos aceptaron y escucharon la propuesta del sacerdote Salcedo “porque en la enunciación, en las ofertas e interpelaciones, estaban las marcas del discurso religioso, de sus instituciones, de sus sujetos, de sus funciones y papeles”. Además, la Santísima Virgen de Fátima fue proclamada la patrona de las escuelas radiofónicas y, como ella pidió que se rezara el rosario y aprendieran a leer, los campesinos atendieron el llamado del sacerdote para cumplir con sus prácticas religosas.

Escuela Radiofónica de la familia de Luis María Campos en la vereda El Jardín, Municipio de San Antonio, Tolima. Aparece la señora Josefa Campos.

Cortesia de ACPO.
Escuela Radiofónica de la familia de Luis María Campos en la vereda El Jardín, Municipio de San Antonio, Tolima. Aparece la señora Josefa Campos. Cortesia de ACPO.

La escuela radiofónica, en sus inicios, buscaba el aprendizaje básico a través de programas radiales. Luego, los voluntarios que sabían leer y escribir se convirtieron en los líderes de la revolución cultural en el campo colombiano fortaleciendo los procesos de enseñanza. Las nociones básicas que se enseñaron fueron el alfabeto, el número, la salud, la economía y el trabajo y la espiritualidad:

Cartillas básicas: Educación Fundamental Integral.
Cortesía ACPO.
Cartillas básicas: Educación Fundamental Integral. Cortesía ACPO.

Así, el radio se convirtió en el eje capaz de despertar la conciencia social y dio pie para nuevas experiencias de cooperación organizada, asegura Vaca. Además, se juntaron esfuerzos en pro de un sector poblacional no reconocido, sumido en la pobreza, con porcentajes elevados de analfabetismo, sin intereses de aprender y en un entorno rudimentario. Según Stefan Musto, sociólogo alemán, el principio de la educación integral, pilar de la ACPO, apuntaba a que el individuo reconociera sus necesidades y se esforzara para satisfacerlas. Así, la educación y la construcción de la personalidad eran las condiciones fundamentales del desarrollo.

Cortesía ACPO.
Niño con radio y cartilla.
Cortesía ACPO. Niño con radio y cartilla.

Otra estrategia que permitió la ampliación de las escuelas radiofónicas fue la capacitación, asesoría y acompañamiento “para transferir las enseñanzas y experiencias de Sutatenza”.

El programa se consolidó en tres etapas: persuadir a la población rural marginada para alcanzar la modernización, inducir a mejorar las condiciones de vida e integrar al campesino marginado a la sociedad y economía del país. Esto permitió que, entre 1954 y 1968 se educaron 700.000 personas. El “radio-estudiante” se delimitó, en palabras de Alfredo Carrioza, embajador de Colombia ante la OEA (1963-1967), como “un pequeño propietario de las regiones andinas, suficientemente pobre y conservador como para esperar una solución a su aislamiento socioeconómico y cultural, de las instituciones de la igleisa católica, pero también con suficientes medios y dinamismo como para desarollar iniciativas propias y considerar que el esfuerzo personal, en espera de mejoras concretas, vale la pena”.

1. Escuela Radiofónica nº 300.
Familia de José Joaquín Mejía. Municipio de Sonsón, Antioquia.
Publicada en la edición 510 de El Campesino de 1968.


2. Escuela Radiofónica nº 36.
Eje cafetero, La Unión, Antioquia.
Foto publciada en la ecicón 501 de El Campesino.

Cortesia ACPO.
1. Escuela Radiofónica nº 300. Familia de José Joaquín Mejía. Municipio de Sonsón, Antioquia. Publicada en la edición 510 de El Campesino de 1968. 2. Escuela Radiofónica nº 36. Eje cafetero, La Unión, Antioquia. Foto publciada en la ecicón 501 de El Campesino. Cortesia ACPO.
Escuelas Radiofónicas.
Cortesía ACPO.
Escuelas Radiofónicas. Cortesía ACPO.


El sacerdote Salcedo organizó una extensa cadena de servicio alrededor de la educación popular: la red de emisoras de Radio Sutatenza, La Editorial Andes para la impresión de cartillas, folletos, volantes y cuadernos, el periódico semanario El Campesino, la prensadora de discos La Esmeralda, la Bioblioteca Dosmil, el conjunto de comunicadores encargados de responder las cartas, tres instituos para formación de dirigentes y líderes y la creación de centros de estudio.

1. Publicidad de El Campesino.
2. Vendedor de El Campesino.
3. Lectores de El Campesino.

Cortesía ACPO.
1. Publicidad de El Campesino. 2. Vendedor de El Campesino. 3. Lectores de El Campesino. Cortesía ACPO.

Este uso combinado de medios permitió la eficacia del acceso a la educación. También fue crucial que se estableciera un diálogo constantente con los estudiantes porque hacían parte activa del proceso. Por eso, el éxito de Radio Sutatenza radicó en tres puntos: construir para un grupo específico de la población, en un ambiente específico y con una metodologia propia adaptada y acorde.

La música, los deportes e, incluso, el teatro fueron motivados por la escucha de programas dramatizados. En cuanto a la música, se crearon miles de grupos en los campos colombianos. Según Vaca, “la música recuperó el espacio de la fiesta en el mundo campesino, despertó la alegría y la diversion”.

Vaca concluye al recordar que para transformar la vida del campesino es necesaria la capacitación, como camino para superar “el subdesarrollo (que) está en la mente del hombre”, en palabras del sacerdote Salcedo.

En el mes de octubre de 2013, la colección documental de Radio Sutatenza y Acción Cultural Popular, custodiada por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, se incorporó al Registro Memoria del Mundo de América Latina y el Caribe en reconocimiento de su significación para la memoria colectiva de la sociedad. El archivo está disponible desde 2010 en la Biblioteca Luis Ángel Arango.

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