
Las ballenas picudas del norte podrían mantener vínculos sociales más estrechos cuando atraviesan problemas de salud o falta de alimento. Un estudio basado en casi cuatro décadas de observaciones en el Atlántico Norte detectó que los ejemplares enfermos o muy delgados se relacionan con más compañeros y forman grupos más numerosos que el promedio de la especie.
El resultado contradice una tendencia registrada en otros mamíferos, donde los individuos con mayor integración social suelen mostrar mejores indicadores de salud. En este caso, los investigadores consideran que las asociaciones podrían reflejar apoyo entre animales, aunque todavía no pueden determinar la causa exacta de ese comportamiento.
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La investigación siguió a una población de ballenas picudas del norte (Hyperoodon ampullatus) que habita sobre un cañón submarino situado a un día y medio de navegación de Halifax, en Canadá. La zona reúne a estos cetáceos, conocidos por sus inmersiones profundas y por la dificultad que representa observarlos en mar abierto.
Un registro fotográfico de 37 años permitió seguir a los mismos individuos
El equipo, encabezado por el investigador Hal Whitehead, de la Universidad Dalhousie, analiza a esta población desde la década de 1980. Para ello reunió una base de datos de fotografías tomadas cuando los animales suben a la superficie.

Las marcas presentes en las aletas permitieron identificar a distintos ejemplares y reconstruir parte de sus vínculos a lo largo del tiempo. Según explicó Sam Walmsley, integrante del equipo y científico de la Universidad de Princeton, ese archivo ofrece una oportunidad poco frecuente para estudiar la vida social de una especie durante décadas.
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Los investigadores clasificaron a los animales según su condición corporal, con categorías que distinguían a los ejemplares robustos de aquellos que se veían muy delgados. Alrededor del 11% de las ballenas fue considerado en mal estado físico en algún momento de las observaciones.
Al mismo tiempo, el grupo registró qué individuos aparecían juntos en cada imagen. Esa información permitió elaborar una red de relaciones y comparar el estado de salud aparente con el número de compañeros que tenía cada ballena.
Las ballenas con peor condición aparecieron en grupos más grandes
La expectativa inicial era encontrar el patrón habitual en otros mamíferos: mejores condiciones físicas entre quienes sostienen redes sociales más amplias. Estudios sobre especies que van desde ratones hasta babuinos habían mostrado asociaciones entre los vínculos sociales y una mejor salud.
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Sin embargo, las ballenas picudas del norte que parecían enfermas, desnutridas o debilitadas registraron más compañeros de lo esperado para esta especie y fueron vistas en agrupaciones mayores. El hallazgo fue difundido por la revista New Scientist.

Walmsley planteó varias explicaciones posibles. Una de ellas es que los animales en peores condiciones busquen activamente la cercanía de otros ejemplares. Otra es que vivir en grupos más grandes implique una mayor competencia por los calamares y peces de los que se alimentan, lo que podría afectar el estado corporal de algunos individuos.
También existe la posibilidad de que los animales sanos se acerquen a los que están debilitados. “Las ballenas se sienten atraídas por los ejemplares en malas condiciones y quizá les brindan apoyo adicional”, sugirió Walmsley en declaraciones recogidas por New Scientist.
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Los relatos de antiguos balleneros ya describían esa conducta
La hipótesis de cuidado social tiene antecedentes históricos. En 1882, David Gray, capitán del barco ballenero Eclipse, escribió que había observado miles de estos cetáceos y que los grupos no abandonaban a un compañero herido mientras seguía con vida.
“El rebaño nunca deja a un compañero herido mientras está vivo”, señaló Gray, según la reconstrucción publicada por New Scientist. El marino sostuvo que los animales se acercaban al ejemplar alcanzado desde distintas direcciones.

Las observaciones actuales no permiten confirmar que las ballenas brinden cuidados directos, como alimento o asistencia física. Aun así, el patrón de agrupamiento coincide con la posibilidad de que los vínculos sociales cobren más importancia en situaciones de estrés.
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El investigador Olaf Meynecke, de la Universidad Griffith de Brisbane, quien no participó en el estudio, indicó que otros cetáceos también pueden cooperar ante circunstancias adversas. En las ballenas jorobadas, por ejemplo, se han documentado intercambios de información sobre alimento y conductas de caza conjunta cuando escasean los recursos.
El estudio aporta datos sobre la relación entre salud y aislamiento
La especie resulta compleja de investigar porque pasa gran parte de su tiempo a profundidad y vive en áreas oceánicas alejadas. Por eso, el seguimiento sostenido de esta comunidad ofrece información poco habitual sobre el comportamiento de los cetáceos.
Para los autores, los resultados permiten ampliar el análisis de la relación entre la salud y los vínculos sociales en los mamíferos. Esa comparación también puede aportar contexto a las investigaciones que advierten sobre los efectos del aislamiento social en las personas.
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