Así es la “medusa inmortal” que podría dar pistas sobre cómo frenar el envejecimiento humano

Un diminuto animal marino logra revertir su organismo adulto a una fase juvenil. Científicos de varios países analizan si ese mismo mecanismo lograría aplicarse algún día a tejidos dañados e inducir en sus células la recuperación de rasgos juveniles

Medusa translúcida con un centro de color rojo brillante y tentáculos delgados que cuelgan sobre un fondo marino oscuro con partículas flotantes.
Los equipos científicos de Estados Unidos, Italia y España investigan las claves genéticas del fenómeno para evaluar aplicaciones en terapias contra patologías asociadas al envejecimiento humano (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La Turritopsis dohrnii, una medusa translúcida de apenas unos milímetros, es el único animal conocido capaz de revertir su organismo adulto a un estado juvenil y reiniciar su ciclo vital. Equipos científicos de Estados Unidos, Italia y España estudian los mecanismos genéticos detrás de ese fenómeno, con el objetivo de trasladar los hallazgos a la medicina humana para tratar patologías vinculadas al envejecimiento.

La bióloga marina Maria Miglietta, de la Universidad Texas A&M en Galveston, sometió a estos animales a condiciones letales: los cortó, hirvió, privó de comida y expuso a agua dulce. En todos los casos sobrevivieron, por lo que la investigadora describió ante la BBC que “a partir de una sola medusa que no muere, se obtiene una colonia capaz de generar cientos más”.

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Ante el estrés extremo, la medusa pierde su forma adulta y genera cientos de nuevos ejemplares

Infografía con textos e ilustraciones de una medusa luminiscente, células, esquemas circulares, una hélice de ADN y un matraz de laboratorio.
Una infografía detalla las etapas del ciclo vital de la medusa Turritopsis dohrnii y las investigaciones genéticas orientadas a la reparación de tejidos en humanos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando enfrenta condiciones adversas —falta de alimento, exceso de salinidad o temperaturas extremas—, el animal se hunde, pierde su característica silueta de paraguas con tentáculos y se transforma en una masa celular. En un plazo de uno a tres días, de esa estructura brota un pólipo, propio de las primeras etapas de su desarrollo.

Ese pólipo da lugar a una colonia de la que surgen nuevas medusas, cada una con la capacidad teórica de repetir el mismo ciclo. El biólogo Stefano Piraino, de la Universidad del Salento, Italia, identificó el proceso central del fenómeno: durante el rejuvenecimiento, ciertos tejidos experimentan transdiferenciación, un mecanismo por el cual las células adultas pierden su función especializada, regresan a un estado similar al de las células madre y luego se convierten en tipos celulares distintos para formar el nuevo pólipo.

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Aunque algunos lagartos, gusanos y anfibios regeneran partes de su cuerpo, ningún otro animal revierte un organismo completo a una fase previa. Esa singularidad convierte a esta especie en un caso de estudio único en biología.

Los científicos buscan un “interruptor” molecular aplicable a tejidos humanos

Manos con guantes azules sostienen una micropipeta y un tubo sobre una placa de Petri junto a un microscopio y gradillas con tubos.
La comparación realizada por investigadores españoles detectó copias adicionales vinculadas al mantenimiento de telómeros y a la corrección de mutaciones (Imagen Ilustrativa Infobae)

El oncólogo pediátrico Michael Koldobskiy, de la Universidad Johns Hopkins, aclaró que la meta no es regresar a las personas a un estado embrionario, sino inducir a células y tejidos a recuperar características juveniles. En ese sentido, reconoció que “estamos muy lejos de aprovechar eso para el beneficio humano”, aunque subrayó que comprender organismos que desarrollaron estos procesos hace millones de años “podría realmente dar sus frutos”.

De concretarse, ese mecanismo permitiría acelerar la curación de heridas, reparar tejidos dañados tras un accidente cerebrovascular o un infarto, e incluso contrarrestar la pérdida de visión asociada a la edad o la neurodegeneración propia del Alzheimer. El propio Koldobskiy se mostró optimista al señalar que “a nivel de órganos y tejidos, es algo perfectamente posible”.

En la actualidad, Miglietta colabora con el equipo de Johns Hopkins para profundizar en estos procesos y evaluar si resulta viable inducirlos en células humanas. La ciencia ya encontró formas de provocar dinámicas similares al rejuvenecimiento en mamíferos, pero su aplicación clínica resultó compleja.

El ADN de esta medusa contiene más genes de reparación que especies emparentadas

Mesa de laboratorio con dos monitores que exhiben gráficos celulares, un microscopio, pipetas y un tanque cilíndrico con organismos marinos.
La investigadora de Texas A&M cortó, hirvió, dejó sin alimento y expuso al agua dulce a los ejemplares, que generaron colonias capaces de producir cientos de individuos en las observaciones realizadas en laboratorio (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una investigación encabezada por María Pascual-Torner, del Instituto de Ciencias del Mar de España, y el biólogo molecular Víctor Quesada, de la Universidad de Oviedo, comparó la información genética de la medusa inmortal con la de una especie cercana que carece de esa capacidad regenerativa.

Los resultados mostraron que el ADN de la medusa inmortal contiene más copias de genes vinculados a la reparación de mutaciones y al mantenimiento de los telómeros, las estructuras protectoras en los extremos de las cadenas de ADN que se acortan con el tiempo. Para Quesada, esa mayor dotación genética podría ser una de las claves de su longevidad y señaló que “quizás exista una forma de volver atrás, si aprendemos lo suficiente sobre cómo funcionan esos mecanismos”.

Miglietta detectó una mayor actividad de esos mismos genes durante la fase de quiste, el momento en que las células revierten su función. Un hallazgo preliminar adicional encontró coincidencias entre esos marcadores y otros asociados a la longevidad en seres humanos, lo que refuerza la hipótesis de mecanismos compartidos entre ambas especies.

Esta criatura, sin embargo, presenta limitaciones. En el laboratorio, la bióloga observó ejemplares incapaces de rejuvenecer y considera probable que exista un número finito de ciclos antes de la muerte natural. En su hábitat, la escasez de plancton, los depredadores y las algas que asfixian las colonias reducen sus posibilidades de supervivencia. Pascual-Torner lo resumió con claridad: “Aunque posee la capacidad de rejuvenecer, es un organismo extremadamente vulnerable”.

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