
Los especialistas forenses en identificación facial necesitan ver apenas uno o dos rasgos del rostro —como las orejas o la frente— para determinar con precisión la identidad de una persona, según un estudio publicado en la revista PLOS One.
La investigación, liderada por Carina Hahn del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) de Estados Unidos y financiada mediante un acuerdo con la Oficina Federal de Investigación (FBI), reveló que estos profesionales alcanzan una precisión superior al 90 % en tareas de identificación, incluso cuando disponen de información visual mínima.
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El hallazgo cuestiona la práctica habitual de analizar el rostro completo antes de emitir un dictamen. Si bien los protocolos forenses —como los del Grupo de Trabajo Científico de Identificación Facial (FISWG)— recomiendan una evaluación morfológica exhaustiva, los resultados sugieren que ciertos rasgos aislados contienen suficiente información para resolver la identidad de un individuo con alta fiabilidad.

Las orejas son el rasgo preferido y la frente, el más preciso pero infrautilizado
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores diseñaron un experimento con 27 especialistas reclutados en agencias federales estadounidenses. Se les presentaron fotografías de dos rostros distintos junto a una tercera imagen oculta que correspondía a uno de ellos. Los participantes debían identificar la coincidencia correcta, pero solo podían ir descubriendo rasgos faciales de la imagen oculta uno por uno: ojos, cejas, nariz, boca, mentón, mejillas, frente, orejas y cuello.
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Cuando los especialistas pudieron elegir libremente qué rasgo revelar, seleccionaron las orejas en la mayoría de los casos y tomaron su decisión tras observar un único rasgo en más del 75 % de las pruebas.
Las orejas resultaron también uno de los rasgos más asociados con respuestas correctas, con una probabilidad de acierto del 93 % y un intervalo de confianza estrecho. Sin embargo, fue la frente la que alcanzó la probabilidad más alta de identificación correcta (94 %), a pesar de que los expertos rara vez la eligieron de forma voluntaria.
En el extremo opuesto, el mentón y el cuello demostraron ser los rasgos menos útiles para la identificación. El mentón, de hecho, registró un 0 % de acierto en las tres pruebas en que fue el único rasgo revelado.
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Los expertos adaptan su estrategia según el grado de similitud entre los rostros
Uno de los aportes más relevantes del estudio es la demostración de que los especialistas no siguen una regla fija, sino que ajustan su estrategia en función de las diferencias visibles entre los rostros que comparan. Cuando las características faciales de las dos imágenes objetivo eran más parecidas entre sí, los expertos tendían a solicitar más rasgos antes de tomar una decisión. Cuando, en cambio, las diferencias eran evidentes, les bastaba con ver un solo rasgo.
“Lo que más me sorprendió fue que los especialistas pudieron determinar con precisión la identidad a partir de un solo rasgo facial la mayoría de las veces. Es notable cuánta información de identidad pueden extraer de tan poco”, declaró Hahn en declaraciones recogidas por Phys.org.
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La investigadora añadió: “Los especialistas tienen una capacidad llamativa para adaptar su estrategia según el rostro que tienen delante, en lugar de aplicar una regla fija. La combinación de confiar en rasgos que se sabe que son útiles, como las orejas, con la capacidad de ajustarse cuando es necesario, no se documentó antes”.

El estudio también exploró qué ocurre cuando el orden de revelación de los rasgos es predeterminado por los investigadores, en lugar de elegido por el especialista. En esos casos, cuando los rasgos más diferentes se mostraban primero, los expertos necesitaban menos información adicional para decidir. Cuando se les mostraban primero los rasgos más similares, solicitaban revelar más características. Esta flexibilidad, según los autores, refleja un mecanismo de autorregulación de la precisión.
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Los autores del estudio —Hahn, P. Jonathon Phillips, John D. Grantham y Amy N. Yates, todos vinculados al NIST y a la firma Systems Plus, Inc.— reconocen que los resultados no reflejan la precisión del mundo real, dado que las condiciones experimentales fueron artificiales. Además, la composición demográfica de las imágenes, en su mayoría de individuos caucásicos y del este de Asia, limita la generalización de los hallazgos a poblaciones diversas.
No obstante, los investigadores señalan que los resultados tienen implicaciones directas para la formación de especialistas forenses y para el entrenamiento de algoritmos de reconocimiento facial. La combinación de la toma de decisiones humana con modelos de inteligencia artificial produce resultados más precisos que cualquiera de los dos enfoques por separado, según la literatura existente citada en el estudio.
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En esa línea, los autores plantean que las preferencias de los expertos humanos —especialmente su atención a rasgos como las orejas y la frente— podrían incorporarse al entrenamiento de redes neuronales profundas para mejorar la identificación automatizada de rostros.
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