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Mató a miles de niños en Siberia hace más de 5000 años y el nivel de virulencia sorprendió a los expertos: así fue la plaga de Eurasia

La bacteria apareció en el 39% de los restos analizados en cuatro cementerios siberianos, una tasa que superó incluso la registrada en algunas fosas comunes de la peste negra medieval

Una plaza medieval llena de gente con túnicas, un sacerdote levantando un crucifijo, otros de rodillas o tomados de las manos, con edificios y humo en el fondo.
El estudio desplazó la evidencia más antigua de peste desde comunidades agrícolas de Europa occidental hacia cazadores-recolectores del interior euroasiático (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Mucho antes de la Peste Negra y de las grandes epidemias asociadas al mundo medieval, la plaga ya afectaba a comunidades humanas en Siberia. Un estudio internacional halló rastros de Yersinia pestis en restos de cazadores-recolectores enterrados cerca del lago Baikal hace unos 5.500 años, un registro que modifica la cronología conocida de la enfermedad y pone en discusión la idea de que su expansión quedó ligada al surgimiento de sociedades agrícolas densamente pobladas.

El trabajo fue liderado por la doctora Ruairidh Macleod y reunió a especialistas de las universidades de Cambridge y Copenhague, entre ellos el profesor Eske Willerslev, referente en estudios de ADN antiguo. Estos estudiaron restos humanos procedentes de cuatro cementerios de cazadores-recolectores del sureste de Siberia, en la región del lago Baikal, fechados en el Holoceno medio.

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La investigación identificó la bacteria en 18 de los 46 individuos examinados, lo que equivale a cerca del 39% de la muestra. Ese nivel de detección supera incluso al observado en algunas fosas comunes vinculadas con brotes medievales de peste en Europa.

Un hallazgo que cuestiona una hipótesis extendida

Durante décadas, buena parte de la investigación sobre enfermedades infecciosas en la prehistoria sostuvo que los grandes saltos zoonóticos se volvieron frecuentes con la revolución neolítica. La domesticación de animales, la vida sedentaria y el aumento de la densidad poblacional habrían creado un escenario propicio para que bacterias y virus se adaptaran al cuerpo humano y encontraran vías más eficientes de propagación.

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Dentro de ese marco, la Yersinia pestis ocupó un lugar central. Las evidencias genómicas más antiguas disponibles hasta ahora vinculaban la bacteria con comunidades agrícolas tardías de Europa occidental, hace entre 5.300 y 4.900 años. El nuevo trabajo desplaza ese punto de referencia al encontrar brotes más antiguos en grupos de cazadores-recolectores del interior euroasiático.

Encontrar evidencia de un brote letal a gran escala entre estos cazadores-recolectores fue una sorpresa completa”, afirmó Macleod. La observación resume el alcance del descubrimiento: la peste ya causaba muertes masivas en poblaciones humanas antes de consolidarse las condiciones sociales que la literatura científica consideró claves para su aparición.

Los genomas bacterianos recuperados ubican además estas cepas cerca de la raíz evolutiva de la especie. El estudio plantea que se encontraban muy próximas a la separación entre Yersinia pestis y su ancestro evolutivo, Yersinia pseudotuberculosis, un dato que refuerza su carácter temprano dentro de la historia del patógeno.

Pintura con paisaje desolado y oscuro que muestra esqueletos, figuras humanas caídas, fuegos, un carro con calaveras, barcos, edificios y patíbulos
El hallazgo en Siberia cuestionó la idea de que la peste surgió recién con las primeras sociedades agrícolas densamente pobladas (Wikipedia)

Una etapa temprana en la evolución de la bacteria

Uno de los aspectos más relevantes del análisis no reside solo en la antigüedad de los restos, sino en las características de las cepas identificadas. Los investigadores concluyeron que esas variantes de la bacteria carecían de genes necesarios para la transmisión eficiente por pulgas, mecanismo que se volvió decisivo en epidemias posteriores. Tampoco presentaban adaptaciones asociadas a la formación de bubones, uno de los signos más conocidos de la peste bubónica.

Esa ausencia llevó al equipo a interpretar que se trataba de una fase transicional en la evolución de la peste. El agente infeccioso ya tenía capacidad para provocar enfermedad grave, pero todavía no había desarrollado el repertorio genético completo que caracterizó a las cepas pandémicas de siglos más tarde.

Willerslev explicó que el patógeno parecía corresponder a una etapa intermedia: una forma temprana de la peste, capaz de matar, aunque distinta de las variantes responsables de los brotes históricos más conocidos. Esa distinción también abre nuevas preguntas sobre la forma clínica que adoptaba la enfermedad en ese período y sobre los mecanismos precisos de contagio.

Qué dicen los restos sobre los primeros brotes

La falta de genes vinculados con la transmisión por pulgas respalda la hipótesis de que el contagio ocurría de persona a persona. Esa posibilidad se ve reforzada por otro tramo del estudio: la reconstrucción de parentescos entre varios de los individuos enterrados. Los investigadores detectaron patrones compatibles con brotes concentrados en pequeños grupos familiares y acotados a una sola generación.

Ese comportamiento epidemiológico sugiere circulación en ámbitos de convivencia estrecha, entre personas unidas por lazos directos. A la vez, la investigación observó un dato que todavía no tiene una explicación cerrada: la mortalidad pareció concentrarse en niños de entre 8 y 11 años, en lugar de distribuirse de manera uniforme entre edades.

Ese rasgo podría aportar pistas sobre la expresión clínica de la enfermedad o sobre las condiciones particulares del brote, aunque el estudio no ofrece por ahora una respuesta definitiva.

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