
Una colilla de cigarrillo de tabaco tirada cerca de una alcantarilla, una plaza o un río se convierte en una “bomba química” en miniatura. Miles de millones de esos residuos terminan cada año en el agua de todo el mundo, y lo que liberan es mucho más peligroso de lo que parece.
Científicos de la provincia de San Luis en Argentina lo confirmaron con un estudio con peces de laboratorio que fue publicado en la revista Open Access Library Journal.
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El agua contaminada con colillas los mata, los paraliza y los enferma, incluso cuando la nicotina presente está muy por debajo de la dosis letal conocida para esa sustancia. Hay otros culpables en esa mezcla tóxica, y hoy nadie los monitorea.
El trabajo fue realizado por María Carolina Talio, del Instituto de Química de San Luis (INQUISAL), y Fernando Giannini, del Instituto Multidisciplinario de Investigaciones Biológicas de San Luis (IMIBIO) del Conicet.
También forman parte de la Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia de la Universidad Nacional de San Luis.
Lo que una colilla mojada le hace al agua

Los filtros de los cigarrillos están hechos de fibras de acetato de celulosa, básicamente un plástico que puede tardar años en descomponerse en el ambiente.
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Cada vez que una colilla se moja, suelta al agua nicotina, hidrocarburos aromáticos policíclicos (que son las moléculas cancerígenas del humo del tabaco), aminas aromáticas, compuestos fenólicos, metales pesados y microfibras de plástico.
Antes del trabajo realizado por los investigadores de San Luis ya sabía que todo eso era tóxico en términos generales, pero nadie había medido con precisión cuánta nicotina hay en el agua de una colilla ni si esa cantidad alcanza para matar peces por sí sola. Esa pregunta sin respuesta fue el punto de partida de esta investigación.

Los investigadores se pusieron a evaluar la toxicidad aguda, es decir, el daño que ocurre en un período corto, tanto de soluciones puras de nicotina como de agua contaminada con colillas reales, con peces lebistes, guppy o millón (Poecilia reticulata) como modelo biológico.
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Es una especie de agua dulce de Sudamérica que habita en ríos, lagos y charcas. También algunas personas poseen acuarios con ese pez. Es muy sensible a los contaminantes y por eso se usa mucho en este tipo de experimentos.

Los investigadores también midieron la nicotina en esas aguas con un sensor de fluorescencia molecular que brilla de manera diferente según la cantidad de nicotina. Lo hicieron para comparar esa concentración con la mortalidad real observada en los peces.
El tercer objetivo fue analizar si la nicotina sola podía explicar todo el daño, o si otros compuestos de las colillas también contribuían. La investigación buscaba establecer qué tan peligrosas son las colillas como contaminantes del agua.
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“Es importante aclarar que nuestro estudio contó con un protocolo aprobado por el comité de ética para el cuidado animal”, contó a Infobae el doctor Giannini, investigador del Conicet.
Cuatro días en agua de colilla

Los cigarrillos de tabaco rubio fueron fumados hasta el filtro en condiciones estandarizadas de laboratorio. “Desarrollamos como un fumador artificial que nos permite obtener las colillas de la misma manera”, detalló el científico.
Luego se descartó el tabaco residual y el papel quemado, y cuatro filtros se sumergieron en 500 mililitros de agua bidestilada durante 48 horas para obtener el lixiviado, que es el líquido que resulta de remojar las colillas.
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Con ese líquido, los investigadores prepararon diluciones al 20%, 10%, 5% y 2,5%, y ahí empezó la parte más dura del experimento.
Expusieron a peces juveniles de no más de 1 centímetro y 10 días de vida a esas concentraciones durante 96 horas, con controles cada 24 horas para registrar muertes y cambios de comportamiento.

Los números no dejaron lugar a dudas. La dilución al 20% mató al 100% de los peces en las primeras 24 horas; la del 10% produjo un 60% de mortalidad a las 96 horas.
Lo que vino después fue el hallazgo central de la investigación. El sensor de fluorescencia detectó que la nicotina en el agua de las colillas oscilaba entre 0,013 y 0,15 miligramos por litro, muy lejos de los 2 miligramos por litro que se necesitan para matar a la mitad de los peces con nicotina pura.
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Esa diferencia lo cambió todo. Los científicos escribieron que “la nicotina sola no puede explicar la mortalidad observada y que compuestos tóxicos adicionales contribuyen a los efectos ecotoxicológicos”.
Los peces expuestos al 10% de lixiviado perdieron la movilidad, pero al trasladarlos a agua limpia la recuperaron en unas 12 horas, lo que sugirió que parte del daño era reversible.

Los investigadores concluyeron que “la toxicidad asociada a los lixiviados de colillas no puede atribuirse exclusivamente a la nicotina, sino más bien a la acción combinada de múltiples compuestos tóxicos liberados por los residuos del cigarrillo”.
Aún los científicos no identificaron cuál de esos otros compuestos es el principal responsable del daño. Por eso señalaron que los próximos pasos deberían incluir ensayos con otros animales, exposiciones de larga duración y el análisis individual de cada sustancia tóxica que liberan las colillas.
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