
Venus es el segundo planeta del sistema solar en distancia al Sol y el más cercano a la Tierra. Durante siglos fue llamado “el gemelo de la Tierra” por su tamaño similar y se creyó que era un mundo geológicamente dormido, sin grandes movimientos en su interior.
Sin embargo, Venus no está muerto. Científicos de instituciones de Suiza encontraron que algunas de las enormes grietas superficiales de Venus siguen activas hoy, o lo estuvieron hace muy poco tiempo en términos geológicos.
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La investigación, que fue publicada en la revista Nature Geoscience, fue liderada por Xi Yang, quien realizó el trabajo como parte de su maestría bajo la supervisión de Taras Gerya, profesor de Geodinámica del Instituto Federal de Tecnología de Zurich (ETH Zurich). También participó Anna Gülcher, de la Universidad de Friburgo y la Universidad de Berna.
Las grietas de Venus

Venus tiene en su superficie grandes valles de ruptura llamados rifts, que son zonas donde la corteza se estira y se separa.
Se extienden unos 40.000 kilómetros y cubren cerca del 8% del planeta. Se consideraban restos del pasado, formados hace más de 100 millones de años.
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Los modelos anteriores usaban simulaciones en dos dimensiones con supuestos poco realistas sobre las rocas, lo que impedía distinguir un rift activo de uno extinto.
Ningún estudio previo había analizado qué le ocurre a la topografía de esos valles después de que el movimiento se detiene, algo fundamental para leer la historia geológica del planeta.
Esa brecha científica tiene consecuencias directas: sin ese dato, es imposible saber si Venus sigue teniendo actividad tectónica en la actualidad.

La misión Magallanes de la agencia espacial estadounidense NASA, que orbitó el planeta en la década de 1990, no encontró evidencias de tectónica de placas, pero sí registró datos topográficos de la superficie que los investigadores de Suiza usaron para comparar sus modelos con observaciones reales.
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Por eso, buscaron un indicador confiable. Identificaron que los flancos elevados a los costados de los valles permanecen altos y anchos si la actividad continúa, y se aplanan con el tiempo si el movimiento cesa.
Tres zonas de Venus que aún se mueven

El equipo construyó un modelo tridimensional que simula al mismo tiempo el calor y las fuerzas físicas sobre las rocas, con mayor precisión que cualquier modelo anterior aplicado a Venus.
Las simulaciones probaron distintos tipos de roca —diabasa seca, granulita máfica y plagioclasa, tres variedades ígneas con diferente dureza— y velocidades de extensión lenta, moderada y rápida.
Los resultados mostraron que flancos de más de 100 kilómetros de anchura son la señal de un rift activo o muy recientemente activo.
Al contrastar esos modelos con datos reales de la superficies de Venus, tres zonas del planeta mostraron esa firma: los Chasmata Ganis, Dali y Devana, con tasas de extensión de entre 3 y 10 centímetros por año, más rápido de lo que la ciencia suponía.
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Los modelos también indicaron que la corteza de Venus en esas zonas es de roca máfica, un tipo de roca volcánica dura, rica en magnesio y hierro, y que la litosfera tiene al menos 150 kilómetros de espesor.
Los investigadores reconocieron que los modelos no contemplan la heterogeneidad real de la litosfera venusiana, que es la capa exterior rígida del planeta, ni los efectos de los deslizamientos de tierra sobre la topografía.

“Estas consideraciones abren una amplia avenida para futuras investigaciones numéricas sobre los rifts de Venus”, señalaron.
Los resultados apuntan a las próximas misiones al planeta, entre ellas EnVision, de la Agencia Espacial Europea (ESA), prevista para inicios de la década de 2030, en la que Gerya participa con instrumentos para analizar la superficie venusiana.
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