Por primera vez, un equipo de astrónomos logró identificar un posible objeto parecido a una Luna fuera del sistema solar, a una distancia de 73 años luz de la Tierra. Tiene masa similar a la de un planeta, pero orbita una enana marrón en el sistema CD-35 2722.
Este hallazgo desafía las definiciones habituales de la astronomía, ya que el cuerpo detectado no gira alrededor de un planeta, sino alrededor de una enana marrón, un cuerpo que se sitúa entre planeta y estrella, que, a su vez, orbita un astro. La detección plantea nuevas preguntas sobre cómo clasificar a estos objetos en los catálogos del universo.
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El avance se detalla en un estudio publicado en la revista Nature, realizado por un equipo internacional de científicos liderado por Kevin Hoy, con participación del Observatorio Europeo Austral (ESO). Los investigadores aplicaron técnicas innovadoras para reunir evidencia sobre la presencia de este exosatélite, lo que abre posibilidades inéditas para la búsqueda y el estudio de cuerpos celestes más allá del sistema solar.
Un sistema planetario fuera de lo común

Una enana marrón es un objeto astronómico cuya masa se encuentra entre la de un planeta gigante y la de una estrella, pero no alcanza el tamaño necesario para iniciar las reacciones nucleares que caracterizan a los astros. Por esta razón, no genera luz propia de manera sostenida y ocupa una categoría intermedia en el universo, distinta tanto de los planetas como de las estrellas.
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El sistema CD-35 2722 se compone de una estrella con aproximadamente la mitad de la masa del Sol, una enana marrón que la orbita y, finalmente, el objeto recién detectado que gira en torno a la enana marrón. La masa mínima estimada para este exosatélite ronda los 0,9 veces la de Júpiter, con un período orbital de aproximadamente 170 días. La enana marrón supera 30 veces la masa de Júpiter.
Kevin Hoy explicó que este sistema “es algo difícil de definir” usando palabras basadas en nuestro sistema solar, como “planeta y luna”. El objeto identificado parece lo suficientemente masivo como para considerarse un planeta, pero no gira directamente alrededor de una estrella, sino de un cuerpo subestelar. Esta condición lo posiciona en un terreno intermedio, lo que motiva a los investigadores a llamarlo “exosatélite”. Alice Zurlo, directora del Núcleo del Milenio de YEMS y colaboradora del estudio, detalló que se trata de “un cuerpo gaseoso gigante que orbita a un compañero de alta masa, que a su vez tiene varias veces la masa de Júpiter”.
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El hallazgo resulta relevante porque, hasta la fecha, la comunidad astronómica había identificado más de 6000 exoplanetas, pero ninguna exoluna confirmada. Los pocos candidatos detectados presentaban evidencia insuficiente. Esto sitúa al sistema CD-35 2722 en una posición única dentro de la investigación astronómica actual.
El proceso detrás del descubrimiento
El equipo de investigación utilizó el instrumento CRIRES+ en el Very Large Telescope (VLT) de ESO en el desierto de Atacama, recurriendo al método de velocidad radial. Es una técnica utilizada en astronomía para detectar objetos que orbitan alrededor de una estrella u otro cuerpo, y permitió en su momento descubrir el primer exoplaneta alrededor de una estrella similar al Sol.
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Mide cómo la gravedad de estos cuerpos hace que el objeto principal (una estrella o, en este caso, una enana marrón) se mueva ligeramente hacia adelante y hacia atrás. Estos movimientos alteran la luz que llega hasta la Tierra, y al estudiarlos, los astrónomos pueden saber si hay algo orbitando alrededor del objeto principal, aunque no puedan verlo directamente.

Se trata de la primera vez que esta técnica produce evidencia de un satélite orbitando un compañero subestelar, según los propios autores del estudio. La aplicación de este método a la espectroscopía de alta resolución representa un avance en la capacidad para identificar objetos de masa planetaria en sistemas complejos y alejados. En palabras de Zurlo, este sistema “difumina las líneas entre estrellas, planetas y lunas”, lo que obliga a reconsiderar las definiciones empleadas en astronomía.
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El futuro de la búsqueda de exolunas
La detección de este exosatélite en el sistema CD-35 2722 abre nuevas perspectivas para la exploración de satélites fuera del sistema solar. El equipo resalta la importancia de estos hallazgos para la comprensión de la formación y evolución de sistemas planetarios. Analizar cómo se forman y evolucionan los satélites en entornos diferentes ayuda a dimensionar la diversidad de configuraciones posibles en el universo.
Los avances tecnológicos, como la próxima puesta en marcha del Telescopio Extremadamente Grande (ELT) de ESO, que comenzaría a funcionar en el 2028, permitirán detectar exosatélites de menor tamaño y analizar en detalle la composición y dinámica de estos sistemas. Según la información de ESO, el ELT, con su espejo de 39 metros y tecnologías avanzadas, facilitará la identificación de objetos que antes resultaban inalcanzables. Estos descubrimientos llevarán a la comunidad científica a replantear las categorías tradicionales y a mejorar la comprensión de la variedad de mundos que existen más allá del sistema solar.
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