
Un agujero negro volvió a entrar en erupción y, por primera vez, los astrónomos siguieron el episodio en tiempo real. Se trata del tercer estallido detectado en 35 años en el centro de la galaxia IC 3599, situada a 280 millones de años luz.
El brillo del agujero negro llegó a ser 50 veces mayor que en su estado habitual de baja luminosidad. El seguimiento permitió medir el fenómeno con telescopios espaciales y terrestres y reunir indicios directos sobre el comportamiento del disco de acreción en condiciones extremas.
Las dos erupciones anteriores, registradas en 1990 y 2010, solo pudieron reconstruirse cuando ya se habían disipado. Esta vez, el seguimiento mensual que comenzó en 2013 permitió detectar en octubre de 2025 un nuevo aumento de brillo y activar observaciones más detalladas.
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El equipo, encabezado por D. Grupe, de la Universidad del Norte de Kentucky, publicó su análisis en múltiples longitudes de onda en arXiv.
Las señales detectadas durante la erupción
Los datos mostraron que IC 3599 alcanzó un brillo unas 50 veces superior al de su fase de baja luminosidad. Para examinar el episodio, los astrónomos usaron Swift y XMM-Newton, además de telescopios en el Observatorio Lick, el Observatorio Xinglong y el Observatorio de las Montañas del Cáucaso (CMO).

A partir de la relación de masas de la galaxia anfitriona, el equipo estimó que el agujero negro tiene unas 2 millones de masas solares.
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La hipótesis principal sobre el origen del estallido
La explicación que el equipo considera más probable sitúa el origen en una inestabilidad por presión de radiación en el disco de acreción. En esa región interna, la luz ejerce una presión tan intensa sobre el gas que el sistema se vuelve inestable y desencadena una caída repentina de materia hacia el interior.
Según esa interpretación, el gas se acumula, alcanza un límite, produce la erupción y después el disco se vacía, se enfría y vuelve a llenarse. Ese ciclo puede repetirse sin seguir un ritmo exacto, algo que encaja con los intervalos desiguales entre los tres estallidos conocidos.
Las separaciones entre los episodios fueron de unos 19,5 años y luego unos 15,7 años. Para los investigadores, ese desfase hace que un mecanismo estrictamente periódico sea mucho menos probable.
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El estudio no descarta por completo otras posibilidades, como el despojo repetido de una estrella por el agujero negro o la existencia de dos agujeros negros en órbita mutua. Aun así, el equipo señaló que esas hipótesis no explican algunas propiedades de los estallidos observados.

El episodio de IC 3599 dejó un registro inusual por su brillo cercano al máximo teórico y por la variedad de señales captadas durante la erupción. Ese conjunto convierte a esta galaxia en un caso útil para estudiar cómo fluye la materia hacia un agujero negro cuando el sistema roza sus límites físicos.
Los agujeros negros destacan como algunos de los fenómenos más enigmáticos del universo. A pesar de la extensa investigación dedicada a ellos, aún existen muchos aspectos que permanecen sin explicación. Lejos de ser simples vacíos, estos cuerpos consisten en una concentración extrema de materia en un volumen reducido.
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La densidad que alcanzan es tan elevada que la fuerza gravitacional en su proximidad, en una región conocida como horizonte de sucesos, impide que cualquier cosa, incluida la luz, logre salir. Este horizonte no representa una superficie física como la terrestre o la solar, sino que funciona como un límite que encierra toda la materia del agujero negro.
Ninguna forma de luz, ni siquiera los rayos X, logra salir desde el interior del horizonte de sucesos de un agujero negro, el límite a partir del cual no existe retorno. Los telescopios de la NASA que investigan estos objetos se enfocan en el entorno inmediato al horizonte de sucesos, donde la materia se encuentra a temperaturas de millones de grados debido a la fuerza gravitacional que la arrastra hacia el interior.
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Esta materia emite luz en el rango de los rayos X. Además, la fuerte gravedad de los agujeros negros deforma el espacio circundante, lo que permite detectar su presencia a través de los efectos que ejercen sobre estrellas y otros cuerpos cercanos, a pesar de que el propio agujero negro no puede observarse directamente.
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