Un pequeño fósil de pez de 300 millones de años con un cerebro excepcionalmente conservado ofrece pistas sobre la evolución

El ejemplar hallado en Inglaterra permitió a un equipo científico observar, por primera vez, detalles anatómicos de tejidos blandos en una especie extinta

Trawdenia planti, fósil de pez
El hallazgo de Trawdenia planti, un fósil del Carbonífero, permite observar restos cerebrales conservados desde hace más de 300 millones de años, un caso inusual (Kristen Tietjen)
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Los peces de aletas radiadas constituyen la mayor parte de las especies de peces que existen en la actualidad. Descifrar cómo evolucionaron sus cerebros plantea un desafío porque casi nunca se preservan los tejidos blandos en los fósiles, lo que deja grandes vacíos en el conocimiento sobre el origen y la diversidad de estos animales que dominan los ambientes acuáticos.

Un equipo de la Universidad de Chicago publicó en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) el hallazgo de un fósil excepcional: un pequeño pez del Carbonífero, periodo que transcurrió hace entre 359 y 299 millones de años, llamado Trawdenia planti. El espécimen conserva no solo su esqueleto, sino también restos de su cerebro. Este descubrimiento permite observar detalles inéditos sobre la evolución cerebral en los peces y abre nuevas posibilidades para entender la historia de los vertebrados.

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Un nuevo panorama sobre la evolución de los peces

El fósil de Trawdenia planti proviene de un pez pequeño, parecido en tamaño a un bagre, que habitó los mares hace más de 300 millones de años. La particularidad de este hallazgo radica en la preservación de su cerebro, algo extremadamente inusual en fósiles tan antiguos. El análisis reveló que el cerebro llenaba por completo el interior del cráneo, a diferencia de otros fósiles donde los restos cerebrales ocupan solo una pequeña parte de ese espacio.

El estudio desafía la confiabilidad de los moldes internos del cráneo como indicadores del tamaño cerebral en fósiles (Universidad de Chicago)

Esta observación desafía la idea de que los moldes internos del cráneo, usados hasta ahora para estimar el tamaño del cerebro en fósiles, sean siempre confiables. En el caso de Trawdenia, los investigadores encontraron que la estructura cerebral era mucho más grande y estaba mejor adaptada al espacio disponible que lo que se suponía por otros ejemplares.

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Además, identificaron detalles anatómicos, como una parte del cerebelo que rodea la zona central del cerebro, que vinculan a este antiguo pez con especies actuales como los esturiones y los peces espátula, pertenecientes al grupo Chondrostei. Esta conexión sugiere que la historia evolutiva de los peces de aletas radiadas es mucho más antigua y diversa de lo que se creía, ya que estos rasgos aparecen mucho antes de lo esperado.

Michael Coates, uno de los autores del trabajo y profesor y director de Biología y Anatomía de Organismos en la Universidad de Chicago, resaltó que este fósil ofrece una oportunidad única para conocer cómo se diversificaron los peces que hoy conforman casi la mitad de todos los vertebrados del planeta. La disposición de los tejidos blandos dentro del cráneo, más que el tamaño, se convierte en una clave para entender la evolución de estos animales.

La tecnología que permitió ver lo que antes era invisible

Trawdenia planti, fósil de pez
La preservación de tejidos blandos en peces fósiles como Trawdenia permite estudiar detalles inéditos sobre la evolución cerebral de estos animales acuáticos (Michael Coates)

La investigación combinó técnicas de microtomografía computarizada con análisis computacionales avanzados para reconstruir en tres dimensiones el interior craneal del fósil. El fósil de Trawdenia planti, encontrado originalmente en una mina de carbón en Lancashire, Inglaterra, fue recolectado en 1888 y conservado en el Museo de Historia Natural de Londres.

El cráneo, dividido en dos partes, se reunió gracias a la investigación de Michael Coates, quien desde la década de 1990 analizó su esqueleto y luego realizó los primeros escaneos en 2018. Posteriormente, se utilizaron técnicas de imagen más sofisticadas que permitieron identificar las membranas externas e internas del tejido neural y estructuras ventriculares que habrían servido para la circulación de líquido cefalorraquídeo.

Este tipo de preservación es extremadamente infrecuente y depende de condiciones químicas y físicas muy particulares en el fondo marino, aunque la mejora en las tecnologías de imagen podría favorecer el hallazgo de más casos similares en el futuro.

Nuevas perspectivas para el estudio de la evolución

Trawdenia planti, fósil de pez
La disposición de los tejidos blandos dentro del cráneo resulta clave para comprender la evolución de los peces, más allá del tamaño del cerebro en sí (Michael Coates)

El hallazgo de Trawdenia planti no solo amplía el registro fósil de peces con tejidos blandos preservados, sino que habilita nuevas formas de estudiar la evolución del cerebro en peces antiguos. Existen numerosos fósiles con cavidades craneales bien conservadas, aunque carecen de tejido neural.

La comparación con Trawdenia permite inferir la morfología cerebral en esos ejemplares, lo que incrementa significativamente el conjunto de datos disponible para trazar la evolución cerebral en los peces de aletas radiadas.

La investigación indica que, para entender cómo evolucionaron los peces y otros vertebrados, es más importante analizar la forma y el modo en que se organizan los tejidos cerebrales que comparar solo el tamaño del cerebro. Este avance permitiría reconstruir con mayor precisión la historia evolutiva de muchos grupos de animales.

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