
La peste prehistórica pudo influir en el desplome demográfico de la Europa neolítica, pero los datos disponibles aún no permiten confirmarla como causa. Un análisis firmado por Ruairidh Macleod y Esteban Shennan, investigadores de la Universidad de Oxford y el University College de Londres (UCL), publicado en The Conversation a partir de estudios recientes, sostiene que hallazgos recientes indican que las cepas tempranas de la bacteria eran letales, aunque persisten vacíos cronológicos y arqueológicos.
La respuesta breve es sí, como hipótesis plausible, pero no como conclusión firme. Los especialistas citan hallazgos recientes sobre brotes mortales en el lago Baikal que refuerzan la idea de que el ADN de la peste detectado en restos prehistóricos europeos pudo corresponder a infecciones capaces de matar, aunque las pruebas en Europa siguen siendo insuficientes.
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La pregunta es si una gran epidemia desencadenó un descenso prolongado de población en Europa entre hace unos 5.600 años y 4.000 años. Ya se sabía que la bacteria de la peste infectó a agricultores neolíticos europeos, pero no estaba claro si aquellas cepas prehistóricas eran realmente mortales.

Ese debate surgía porque las cepas antiguas diferían de las que provocaron la peste negra. Carecían de un gen que permite a la bacteria usar a las pulgas como vector eficaz de la peste bubónica y además presentaban formas ancestrales de otros genes asociados con la virulencia.
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Los casos detectados en Europa también aparecían dispersos en distintos contextos arqueológicos. Hasta hace poco no había pruebas claras de mortalidad multitudinaria asociada a esos contagios.
Qué muestran los brotes hallados en Siberia
Los nuevos resultados publicados en la revista Nature y analizados por el equipo de Oxford y del UCL describen brotes extensos de peste entre cazadores-recolectores prehistóricos del sur de Siberia, a unos 5.000 kilómetros de Europa. Esos episodios ocurrieron hace unos 5.500 y 5.000 años en torno al lago Baikal.
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El mayor de los cementerios analizados, Ust’Ida I, había desconcertado a los arqueólogos. Las dataciones por radiocarbono mostraban muertes ocurridas al mismo tiempo y una proporción inusual de niños y adolescentes fallecidos.
Los científicos recuperaron ADN de la peste en los esqueletos y analizaron el parentesco de las personas enterradas. Ese estudio identificó pequeños grupos familiares afectados, un patrón que sugiere transmisión de persona a persona.
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Los resultados también subrayan el impacto humano de aquellos brotes. Hermanos jóvenes murieron por la infección y fueron enterrados en fosas compartidas y sus padres quedaron sepultados cerca.
Por qué el caso europeo sigue sin probarse
Ese hallazgo no demuestra por sí solo que Europa atravesara una epidemia equivalente. Los cazadores-recolectores del lago Baikal estaban aislados de las culturas neolíticas asiáticas de su tiempo y no tenían contacto con los agricultores del neolítico tardío.
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Una de las interpretaciones planteadas en el estudio es que la bacteria pasó de forma independiente desde reservorios animales silvestres tanto en Europa como en el lago Baikal. Los autores consideran que el hecho de que los primeros brotes mortales conocidos aparezcan en comunidades aisladas indica que la peste, por sí sola, no explica automáticamente la crisis demográfica europea.
Para que una epidemia de gran escala se sostuviera habrían hecho falta otros factores. Más desplazamientos humanos habrían favorecido la propagación y densidades de población más altas habrían ayudado a mantener la enfermedad.
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Aun así, los investigadores señalan que, en términos individuales, la movilidad general cayó entre los agricultores neolíticos frente a los cazadores-recolectores anteriores, según datos genómicos antiguos. También es relevante que en Europa, donde se ha extraído mucho más ADN antiguo que en Asia, aún no se observan señales comparables de mortalidad multitudinaria por peste.
El problema de las fechas
La objeción afecta a las fechas. A partir de miles de dataciones por radiocarbono, los modelos de densidad de población del noroeste de Europa describen una trayectoria de auge y caída, con un máximo hace unos 5.600 años y descensos bruscos después.
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Si la peste hubiera provocado ese derrumbe, lo esperable sería hallar la mayoría de los casos poco después de ese pico. En cambio, las pruebas disponibles hasta ahora sitúan los casos conocidos unos 400 años más tarde.
La falta de indicios de peste en Gran Bretaña e Irlanda durante ese momento también debilitaba la hipótesis. Ese panorama, no obstante, podría matizarse con un caso hallado hace poco en Orkney, en Escocia, fechado entre 4.961 y 4.833 años atrás.
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Otras explicaciones para la caída demográfica
Antes de que la peste ganara peso como explicación, la principal interpretación atribuía la caída demográfica a una menor producción agrícola ligada al deterioro climático. Investigaciones sobre la distribución de cereales y malezas en el noroeste de Europa detectaron una correlación entre el descenso de población y la reducción de la producción cerealista.

En distintas partes de las islas británicas apareció el mismo patrón con más detalle. Su inicio coincidió con un cambio hacia condiciones más frías y húmedas.
Los arqueólogos también han identificado descensos anteriores en Europa central y sudoriental. Eso sugiere que el neolítico pudo registrar ciclos repetidos de expansión y contracción demográfica.
La arqueóloga Amy Bogaard, citada por el equipo de Oxford y UCL, plantea otra posibilidad. Los datos podrían reflejar una dispersión prolongada de la población hacia zonas menos densas por presión sobre los recursos, y no una reducción absoluta del número de habitantes.
Los autores añaden que las grandes series de dataciones por radiocarbono exigen cautela cuando se usan para reconstruir procesos demográficos. La hipótesis de una epidemia de peste detrás del declive del neolítico tardío sigue sin confirmarse y requiere muchas más pruebas para sostenerse.
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