Descubren que el Homo erectus usó el fuego de manera recurrente antes de lo que se creía: las evidencias

Un estudio internacional analizó restos óseos quemados y ubicó la práctica entre 1,07 y 1,79 millones de años

Ilustración estilo lápiz a mano alzada de manos humanas manipulando ramas en una fogata rodeada de piedras. Colores suaves y sombras sobre fondo neutro.
El Homo erectus utiliza el fuego de forma oportunista y recurrente en la cueva de Wonderwerk (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un estudio internacional encabezado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y la Universidad de Toronto, publicado en PLOS One, identificó la evidencia más antigua de uso recurrente del fuego por Homo erectus en la cueva de Wonderwerk, Sudáfrica, en un periodo comprendido entre 1,07 y 1,79 millones de años.

Este hallazgo, presentado mediante métodos analíticos novedosos, adelanta considerablemente la cronología del uso del fuego en la evolución de los ancestros humanos, según destacaron los equipos responsables.

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El uso temprano del fuego por parte de Homo erectus en Wonderwerk fue demostrado tras analizar restos óseos quemados hallados a unos 30 metros del acceso de la cueva.

Las pruebas permiten descartar la influencia de incendios naturales y validan este yacimiento como el registro más antiguo de fuego asociado al género Homo.

El estudio internacional liderado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales y la Universidad de Toronto documenta la evidencia más antigua de fuego asociado al género Homo (Europa Press)
El estudio internacional liderado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales y la Universidad de Toronto documenta la evidencia más antigua de fuego asociado al género Homo (Europa Press)

Cómo se identificó el uso antiguo del fuego en Wonderwerk

Según PLOS One, los investigadores analizaron huesos de micromamíferos encontrados en el estrato 11 de la cueva, correspondiente al Pleistoceno temprano.

Las técnicas posibilitaron diferenciar de manera precisa huesos quemados de aquellos que sufrieron alteraciones químicas durante la fosilización. Marin-Monfort, autora principal del estudio, subrayó que este protocolo, rápido y no destructivo, también distingue posibles efectos visuales engañosos.

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Los métodos confirmaron que todos los fósiles blancos y grises examinados en el estrato 11 presentaban marcas inequívocas de exposición a altas temperaturas. Estas muestras provinieron de áreas separadas por más de 80 centímetros y distanciadas temporalmente por decenas de miles de años, lo que, según el equipo, refuerza la solidez del descubrimiento.

Fogata intensa ardiendo en el centro de una cueva rocosa. Llamas brillantes y chispas se elevan, con humo subiendo hacia una abertura iluminada en el techo.
La evidencia se ubica entre 1,07 y 1,79 millones de años en el Pleistoceno temprano (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo de investigación concluyó que los antiguos grupos de Homo erectus utilizaron el fuego de forma repetida, aunque no existía evidencia de que supieran producirlo. Fernández-Jalvo, investigadora del MNCN-CSIC, afirmó: “El fuego no fue un fenómeno puntual porque aparece en distintos niveles estratigráficos, separados por decenas de miles de años, lo que refuerza la idea de que ya sabían transportar y mantener el fuego en espacios protegidos”.

Los análisis indicaron que muchas de las evidencias quemadas correspondían a micromamíferos originalmente depositados por rapaces, lo que propició una acumulación de material orgánico inflamable en el suelo de la cueva.

Así, según Fernández-Jalvo, este contexto habría facilitado el mantenimiento de pequeños focos de fuego: “Se trata de un fuego muy sutil que hemos identificado en los huesos de micromamíferos”.

Michael Chazan, de la Universidad de Toronto, agregó en declaraciones que “el contexto, que elimina la ambigüedad que a veces presentan los restos de huesos que han servido como alimento, apunta a un uso oportunista del fuego, probablemente traído desde el exterior y mantenido dentro de la cueva hasta que se extingue”.

Dos investigadores examinan huesos antiguos: una mujer analiza una muestra bajo un microscopio con luz UV y un hombre utiliza un espectrómetro FTIR en un entorno de cueva.
Los restos óseos quemados aparecen a unos 30 metros del acceso, lo que descarta un origen superficial accidental (Imagen Ilustrativa Infobae)

No se ha detectado en Wonderwerk señal alguna de desarrollo de tecnología propia para producir fuego ni evidencias de cocinado de alimentos. Estos avances son considerados innovaciones posteriores en la evolución humana.

Por qué este descubrimiento cambia la historia del fuego

El nuevo estudio no acredita un control sistemático del fuego para cocinar, pero sí documenta una gestión intencionada y recurrente del fuego por Homo erectus en entornos protegidos.

Así, se desplaza hacia atrás el umbral temporal asignado al uso del fuego en África, una innovación determinante que, en palabras del equipo, influyó en la biología y cultura del género Homo al ofrecer protección, calor y fomentar la sociabilidad.

Imagen de un Homo erectus semidesnudo sentado junto a una fogata al atardecer, sosteniendo un hacha de mano y moliendo un material con piedras.
La combinación de luminescencia y espectroscopía infrarroja por transformada de Fourier diferencia combustión real de alteraciones por fosilización (Imagen Ilustrativa Infobae)

La introducción de técnicas de luminescencia y FTIR representa un avance relevante en la identificación de fósiles quemados y su diferenciación respecto a alteraciones químicas.

En opinión del equipo investigador, el protocolo es portátil, de bajo costo y fácilmente aplicable en excavaciones, lo que abre la posibilidad de revisar colecciones fósiles antiguas y examinar yacimientos donde la evidencia de fuego podría ser más sutil.

El análisis de Wonderwerk confirma que existieron episodios múltiples de uso del fuego, siempre asociados a la presencia de herramientas achelenses y a periodos de ocupación reiterada durante el Pleistoceno.

Este hallazgo redefine el calendario de la vinculación entre los humanos y el fuego, y establece un nuevo estándar técnico para investigaciones futuras sobre evolución humana y arqueología paleolítica.

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