
Un equipo de científicos del Reino Unido envió gusanos microscópicos a la Estación Espacial Internacional para investigar cómo los organismos vivos responden a la hostilidad del espacio.
El experimento, desarrollado por la Universidad Exeter, busca identificar mecanismos biológicos que permitan proteger la salud humana en misiones de larga duración a la Luna y más allá.
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La misión partió desde el Centro Espacial Kennedy como parte del lanzamiento de la Northrop Grumman CRS-24 de la NASA.

El experimento viaja encapsulado en el laboratorio miniaturizado Petri Pod, con un tamaño de apenas 10 x 10 x 30 centímetros y un peso de 3 kilogramos.
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Según los responsables del proyecto, este sistema mantiene temperatura, presión y una atmósfera respirable para sus habitantes, incluso durante la exposición al vacío y a la radiación espacial en el exterior de la Estación Espacial Internacional (EEI, por sus siglas en inglés ISS) por hasta 15 semanas.
Los investigadores en tierra controlan de forma remota el dispositivo, que alberga docenas de nematodos C. elegans de un milímetro.
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Ampliaron la escala de los experimentos biológicos complejos viables en el espacio con costos significativamente más bajos.

La misión es coordinada por la Universidad Leicester en colaboración con la empresa aeroespacial británica Voyager Space Technologies.
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Liz Lloyd, ministra del Espacio del Reino Unido, sostuvo en diálogo con la agencia AP: “Estos diminutos gusanos podrían desempeñar un papel muy relevante en el futuro de los vuelos espaciales humanos”.
Esta misión -agregó- “demuestra la creatividad y el empuje de la ciencia espacial británica, que apuesta por un pequeño experimento para abordar uno de los desafíos más complejos: proteger la salud humana en vuelos de larga duración”.
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Durante la fase operativa, los científicos monitorizarán el bienestar de los organismos empleando señales fluorescentes y ópticas captadas en video y fotografías de alta resolución.

Los sensores del sistema documentarán temperatura, presión y radiación, transmitiendo los datos a los laboratorios en el Reino Unido.
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El ensayo representa el primer gran proyecto de ciencias biológicas de microgravedad liderado por Leicester, según explicó el profesor Mark Sims.
“El proyecto ha sido interesante y difícil de desarrollar y construir. Esperamos que los primeros resultados ayuden a comprender mejor el entorno de microgravedad y permitan continuar con la evolución del instrumento”, opinó.
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Por qué estudiar nematodos en el espacio

El doctor Tim Etheridge, experto en fisiología en Exeter, contextualizó la importancia del estudio en los planes de la NASA para instalar una base en la Luna.
“El programa Artemis abre una nueva etapa de exploración. Los astronautas vivirán y trabajarán en la Luna durante periodos prolongados”, señaló.
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Para lograrlo con seguridad, es imprescindible conocer cómo responde el cuerpo humano a las condiciones extremas del espacio profundo.
“Estudiar cómo estos gusanos sobreviven y se adaptan en órbita permitirá identificar mecanismos que acaben protegiendo a los humanos en viajes largos y nos acerca un paso más a la vida lunar”, resaltó.
El experimento Petri Pod alberga 12 cámaras separadas, cuatro de ellas preparadas para registrar imágenes luminosas y fluorescentes en tiempo real.

Cada cámara ofrece un microsistema de soporte vital con alimento, agua y aire suficiente, facilitando la supervivencia incluso ante el vacío exterior.
Construido sobre el diseño previo de un laboratorio espacial miniaturizado, el dispositivo permite realizar estudios biológicos avanzados en módulos pequeños y accesibles financieramente.
La salud de los astronautas enfrenta múltiples desafíos durante las misiones espaciales. La exposición prolongada a la microgravedad causa pérdida de masa ósea y muscular, ya que la ausencia de gravedad disminuye la carga sobre huesos y músculos.
Además, la microgravedad altera la distribución de los fluidos corporales y puede provocar problemas en la visión. La radiación espacial incrementa el riesgo de daños en el ADN y el desarrollo de cáncer.
El envío de C. elegans busca acelerar la obtención de datos precisos sobre estos fenómenos, anticipando posibles soluciones para la vida humana fuera de la Tierra.
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