
Bajo el calor de Nuevo México, Estados Unidos, un hallazgo cambió la perspectiva sobre los mayores depredadores durante la era de los dinosaurios.
Una tibia gigante se convirtió en la prueba más grande y antigua de un tiranosaurio colosal en la región sur de América del Norte durante el Campaniense, la etapa del período Cretácico Tardío, que ocurrió entre aproximadamente 83 y 72 millones de años atrás.
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El fósil encontrado desafía las ideas previas sobre el origen y la expansión de los tiranosaurios de gran tamaño.
Esos animales fueron dinosaurios carnívoros. Vivieron principalmente en Laramidia, una antigua masa continental que abarcaba el oeste de América del Norte.

Ahora, científicos de EE.UU y el Reino Unido publicaron en la revista Scientific Reports el análisis del fósil de la tibia gigante. El animal vivió hace unos 74 millones de años y alcanzó dimensiones cercanas a las del legendario Tyrannosaurus rex.
El tamaño del hueso apunta a que los primeros gigantes de este grupo pueden haber surgido en el sur del continente mucho antes de lo que se creía.
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El estudio fue liderado por Nicholas Longrich, de la Universidad de Bath, en el Reino Unido, Sebastian Dalman, de la Universidad Estatal de Montana, Spencer Lucas y Anthony Fiorillo, del Museo de Historia Natural y Ciencia de Nuevo México.
El enigma del sur y los titanes olvidados

Los investigadores intentaron descubrir cómo aparecieron los tiranosaurios gigantes en América del Norte.
Hasta ahora, los fósiles más grandes se hallaban en el norte, pero la tibia del tiranosaurio Hunter Wash trasladó la atención hacia el sur de Laramidia.
Quisieron determinar si ese ejemplar perteneció a una línea evolutiva temprana de Tyrannosaurus rex o si representa otro linaje dentro del grupo de los tiranosaurios. Solo disponían de una tibia, pero su tamaño y forma ya mostraban que no era común.
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El estudio comparó el fósil con otros tiranosaurios conocidos, como Bistahieversor, para descartar que fuera solo una variante grande de una especie ya identificada en la zona.
El análisis anatómico permitió avanzar en la hipótesis de que se trata de un miembro temprano de los grandes tiranosaurios.
Un hueso que pesa millones de años

El fósil, registrado como NMMNH P-25085, corresponde a una tibia izquierda de 960 milímetros de largo y 128 milímetros de diámetro.
Los investigadores precisaron que “es aproximadamente el 84% de la longitud y el 78% del diámetro de la tibia más grande conocida de Tyrannosaurus”.
La datación radiométrica determinó que el hueso tiene unos 74 millones de años. El análisis mostró una estructura robusta, con un eje recto y una expansión distal triangular, características propias de los tiranosaurios más avanzados del grupo Tyrannosaurini.
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El equipo calculó que el tiranosaurio Hunter Wash pesaba entre 4.000 y 5.900 kilogramos. No existen registros de un tiranosaurio tan grande en esa época y región.

El análisis filogenético sugirió que el ejemplar podría estar relacionado con Tyrannosaurus rex y Tyrannosaurus mcraeensis, aunque los investigadores dejaron claro que esta hipótesis depende de la comparación con fósiles más completos.
“La mejor hipótesis es que el Hunter Wash tyrannosaur es un miembro temprano de Tyrannosaurini”, afirmaron. Reconocieron que esa identificación es provisional hasta que se encuentren restos más completos para una identificación definitiva.
El hallazgo plantea que los tiranosaurios gigantes tal vez evolucionaron primero en el sur. Los investigadores escribieron: “La aparición de un tiranosaurio gigante en el Campaniense tardío de Nuevo México, pero no en conjuntos más septentrionales, enfatiza la alta endemicidad que existía durante el Campaniense tardío en Laramidia”.
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Fragmentos, dudas y promesas del desierto

Tras hacer el análisis, los científicos admitieron que basar las conclusiones en una sola tibia reduce la certeza sobre la especie y su historia evolutiva.
Se deberían encontrar más fósiles, especialmente cráneos o esqueletos completos, para confirmar la identidad y el tamaño real de estos animales.
Destacaron la dificultad de saber si el ejemplar representa a un individuo fuera de lo común o a un típico miembro de su especie.

Remarcaron que “restos adicionales de la Formación Kirtland, dientes o huesos aislados, o idealmente restos asociados, son necesarios para precisar tanto el tamaño como las relaciones del Hunter Wash tyrannosaur”.
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El desierto de Nuevo México sigue siendo un escenario lleno de misterios para la ciencia. El hallazgo de la tibia demuestra que aún quedan muchas piezas clave por descubrir sobre los grandes depredadores del pasado.
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