
Un estudio internacional ha revelado que más de 20 especies de aves, distribuidas en Australia, África y otros puntos del planeta, comparten una llamada de alarma casi idéntica cuando perciben la amenaza del parasitismo de cría.
Esta respuesta acústica, documentada por un equipo internacional de investigadores y recogida por Muy Interesante, destaca por su similitud, a pesar de que las especies implicadas están separadas tanto evolutivamente como geográficamente.
La investigación, publicada en la revista Nature Ecology & Evolution y difundida por Muy Interesante, analizó aves de cuatro continentes sin parentesco cercano. Al detectar la presencia de cucos, parásitos que depositan sus huevos en nidos ajenos, estas especies reaccionan mediante una llamada de alarma altamente uniforme. Los científicos observaron este fenómeno en hábitats diversos, lo que refuerza la excepcionalidad del hallazgo.
Según el informe, la llamada de alarma ha surgido de manera independiente en especies que jamás han tenido contacto entre sí. Este patrón, poco habitual, subraya la relevancia del parasitismo de cría como una presión evolutiva universal. Muy Interesante señala que esta convergencia rompe la visión tradicional de que la comunicación animal solo ocurre en grupos concretos y diferenciados.

A los expertos les sorprende la convergencia acústica: aves separadas por millones de años, enfrentadas al mismo peligro, emiten un sonido casi idéntico. Esta coincidencia plantea interrogantes acerca de los mecanismos que hacen posible que diferentes especies recurran a señales similares en contextos de riesgo.
Funcionamiento de la llamada compartida
El estudio expone que la llamada compartida no se reduce a una reacción automática. El mecanismo combina respuestas instintivas con aprendizaje social. Inicialmente, el componente es innato: el ave responde a la señal de alarma y se acerca para investigar.
Posteriormente, interviene el aprendizaje social. Tras identificar el peligro, el individuo asocia el sonido con ese contexto específico. Más adelante, empleará la señal de forma flexible si se repite la situación. Según los investigadores citados por Muy Interesante, “por primera vez hemos documentado una vocalización que tiene componentes tanto aprendidos como innatos, lo que podría mostrar cómo las señales aprendidas evolucionaron a partir de llamadas innatas, tal y como sugirió por primera vez Charles Darwin”.
Así, la llamada se sitúa en una posición intermedia: no es un reflejo puro ni una construcción cultural como ocurre con el lenguaje humano. Los científicos afirman que representa “un punto intermedio entre las vocalizaciones instintivas que a menudo vemos en los animales y las unidades vocales completamente aprendidas, como las palabras humanas”.
Cooperación y defensa ante el parasitismo de cría

El contexto ecológico muestra una intensa dinámica de cooperación entre las aves hospedadoras. En lugares donde el parasitismo de cría es frecuente, no solo defienden su propio nido, sino que actúan junto a otros miembros del grupo para expulsar al intruso. La llamada compartida cumple un propósito central en esta defensa colectiva.
Esta señal acústica coordina la participación de varios individuos para proteger el nido. El fenómeno refuerza la cooperación y mejora la eficacia frente a la amenaza del cuco. Muy Interesante enfatiza que el aprendizaje social potencia tanto la adaptación de la respuesta como la cohesión grupal.
La presión evolutiva derivada del parasitismo de cría ha favorecido la aparición de respuestas flexibles, donde la inmediatez instintiva se complementa con la capacidad de ajustar el comportamiento según la experiencia previa. Así, la llamada compartida transmite información fiable sobre la magnitud de la amenaza y facilita una actuación rápida y conjunta entre las aves.
Implicaciones evolutivas y proyección hacia el lenguaje humano
El estudio cuestiona la división rígida entre los sistemas de comunicación de los animales y el lenguaje humano. El caso de la llamada de alarma, reportado por Muy Interesante, demuestra que las señales instintivas pueden adoptar, mediante el aprendizaje social, un significado adaptativo y flexible.

Este modelo indica que la evolución del lenguaje pudo seguir una trayectoria gradual: de señales reflejas hacia unidades vocales determinadas por el aprendizaje y la transmisión cultural. Los autores del estudio sugieren que se trata de “un modelo plausible de transición evolutiva”, lo que plantea dudas sobre la existencia de un salto abrupto entre la comunicación animal y la humana.
La investigación respalda la hipótesis de que los cimientos del lenguaje humano podrían estar presentes en más especies de lo que antes se creía. La presencia de una llamada de alarma común, identificada en tantas zonas y linajes diferentes, constituye una prueba de que la frontera entre instinto y cultura es más difusa de lo que se pensaba.
Analizar estos procesos en aves permite identificar fases intermedias en la historia evolutiva, donde el instinto y el aprendizaje se entrelazan. Profundizar en estas dinámicas permite descubrir etapas que pueden haber sido decisivas en el camino hacia el surgimiento del lenguaje humano.
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