
El universo guarda sus revelaciones más desconcertantes en los lugares donde parecía no ocurrir nada.
En una galaxia situada a 665 millones de años luz de la Tierra, un agujero negro supermasivo rompió ese silencio con un estallido tardío de energía que desconcierta a la comunidad científica.
El objeto, bautizado oficialmente como AT2018hyz y apodado con ironía Jetty McJetface, destrozó una estrella en 2018 y recién años después comenzó a emitir un chorro de radio tan intenso que hoy figura entre los fenómenos más energéticos jamás detectados.

Lo que hace extraordinario a este caso no fue el acto inicial de destrucción estelar, un proceso conocido y observado en otras ocasiones, sino la persistencia y el crecimiento sostenido de la emisión energética. Cuatro años después del evento de disrupción de marea, el agujero negro no solo continuó activo, sino que multiplicó su brillo y su potencia, hasta alcanzar niveles comparables con los estallidos más violentos del cosmos.
Los científicos describen el fenómeno como una especie de indigestión cósmica. Tras devorar una estrella, el agujero negro comenzó a expulsar parte de ese material en forma de un chorro colosal de ondas de radio. A diferencia de otros eventos similares, donde la emisión surge de inmediato y luego se desvanece, en Jetty McJetface la energía apareció tarde y no dejó de crecer. Las observaciones actuales permiten anticipar que ese chorro alcanzará su punto máximo recién en 2027.
“Esto es realmente inusual. Me costaría mucho imaginar que algo así se elevara durante un período tan largo”, dijo Yvette Cendes, astrofísica de la Universidad de Oregon y líder del equipo que estudia el objeto. La frase resume el desconcierto de una comunidad acostumbrada a fenómenos extremos, pero no a esta secuencia temporal tan prolongada.

Un evento común que terminó rompiendo todos los modelos
Los eventos de disrupción de marea ocurren cuando una estrella se acerca demasiado a un agujero negro y queda atrapada por su intensa gravedad. Antes de cruzar el horizonte de eventos, el punto de no retorno, la estrella sufre un proceso violento conocido como espaguetificación, donde se estira y se comprime hasta quedar reducida a un filamento de materia caliente. Parte de ese material cae hacia el agujero negro y otra parte se dispersa en el espacio.
En 2018, cuando AT2018hyz fue detectado por primera vez con telescopios ópticos, el episodio no despertó mayor interés. Parecía un evento de disrupción de marea más, sin rasgos sobresalientes. En aquel momento, la emisión de radio resultó inexistente o demasiado débil para llamar la atención de los radiotelescopios. La historia cambió varios años después, cuando Cendes y su equipo detectaron un aumento inesperado de energía en longitudes de onda de radio.
Ese despertar tardío transformó un caso rutinario en un fenómeno excepcional. En 2022, los investigadores publicaron los primeros resultados que alertaron sobre el comportamiento anómalo del agujero negro. Desde entonces, el monitoreo constante no hizo más que sumar sorpresas. La energía emitida aumentó de forma drástica y hoy resulta unas 50 veces más brillante que en las primeras mediciones realizadas en 2019.

Los cálculos indican que la radiación se concentra en un solo chorro altamente colimado, disparado en una dirección específica. Esa característica podría explicar por qué el evento pasó inadvertido durante tanto tiempo. Si el chorro no apuntaba hacia la Tierra en sus primeras fases, los instrumentos no podían detectarlo con claridad. La geometría exacta del fenómeno solo quedará confirmada cuando la emisión alcance su pico máximo.
La potencia del chorro sitúa a Jetty McJetface en una liga extrema. La energía liberada equivale, como mínimo, a un billón de veces la que emitiría la ficticia Estrella de la Muerte del universo de Star Wars, y podría acercarse a los 100 billones. Esa comparación, utilizada por los científicos como referencia cultural, ilustra la magnitud del fenómeno sin exageraciones retóricas.
Desde el punto de vista físico, el chorro rivaliza con los estallidos de rayos gamma, considerados los eventos más energéticos conocidos. Sin embargo, a diferencia de esos estallidos breves, la emisión de Jetty McJetface se extiende durante años. Esa persistencia desafía los modelos actuales sobre cómo los agujeros negros procesan y expulsan la materia que devoran.

Un laboratorio natural para repensar los agujeros negros
El caso de AT2018hyz abre una ventana única para estudiar la relación entre los agujeros negros y su entorno. Los astrónomos suelen describir a estos objetos como devoradores desordenados, ya que no todo el material que capturan termina cruzando el horizonte de eventos. Parte de la materia regresa al espacio en forma de flujos de salida, pero esos procesos suelen ser rápidos y efímeros.
En Jetty McJetface ocurrió lo contrario. Tras un silencio inicial de casi tres años, el agujero negro comenzó a expulsar energía de manera sostenida. “Es como si este agujero negro hubiera comenzado de repente a eructar un montón de material de la estrella que se comió hace años. Esto nos tomó completamente por sorpresa: nadie había visto nada parecido antes”, sostuvo Cendes.
Las observaciones se apoyan en datos recolectados por grandes radiotelescopios ubicados en Nuevo México y Sudáfrica, capaces de medir señales extremadamente débiles con gran precisión. En el espectro visible, la región alrededor del agujero negro emite muy poca luz, por lo que la radioastronomía resultó clave para reconstruir la evolución del fenómeno.

El seguimiento a largo plazo permite no solo describir lo que sucede, sino también anticipar lo que vendrá. Los modelos desarrollados por el equipo sugieren que el flujo de ondas de radio seguirá aumentando de forma exponencial hasta alcanzar su máximo en 2027.
Si la predicción se cumple, Jetty McJetface se consolidará como uno de los eventos individuales más poderosos jamás registrados.
El hallazgo también plantea una pregunta incómoda para la astronomía observacional. ¿Cuántos fenómenos similares pasaron desapercibidos por falta de seguimiento prolongado?

El tiempo de observación en telescopios internacionales resulta limitado y competitivo, y los astrónomos suelen priorizar eventos que muestran actividad inmediata. En este caso, la lección fue clara: el universo no siempre actúa según los plazos humanos.
La búsqueda de objetos comparables ya comenzó. Aunque nadie observó algo igual hasta ahora, los científicos reconocen que la ausencia de ejemplos podría deberse más a una falta de atención que a la rareza absoluta del fenómeno. Saber dónde mirar cambia por completo el mapa de posibilidades.
Mientras Jetty McJetface continúa expulsando energía hacia el espacio, cada nueva medición ajusta los modelos teóricos y obliga a repensar el comportamiento de los agujeros negros tras un evento de disrupción de marea. Lejos de cerrar un capítulo, este objeto abrió una historia que todavía se escribe, con un final que recién se vislumbra en los próximos años.
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